El pasado día 4 de agosto comenzó la asociación O Zoque de Yebra un ciclo de conferencias y actividades tendentes a plantear a la sociedad la necesidad de la creación de una figura de protección medioambiental y cultural para el macizo de Santa Orosia.
Inició la actividad el que suscribe con una charla, acompañada de diapositivas, con el título: “Santa Orosia, una montaña y una leyenda para siempre”. Le sucedió Francho Beltrán, técnico de la Consejería de Medio Ambiente, que analizó las posibles figuras protectoras que se ajustan al objetivo planteado. Finalmente, se remató el ciclo con una mesa redonda, recorrido de senderos y una exposición fotográfica, tendentes a poner en valor todo lo que encierra el macizo.
La iniciativa honra a la dinámica asociación O Zoque y también a todas aquellas asociaciones y ayuntamientos que con su presencia han mostrado inquietud por la iniciativa. En realidad, lo que se procura es hacer bien las cosas, iniciar un proceso consensuado, de abajo hacia arriba, para elevar una propuesta a la Consejería de Medio Ambiente.
La reciente creación del Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel (Decreto 13/ 2007), y su incorporación a la Red Natural de Aragón, han servido de revulsivo para acelerar un sentir ya acariciado hace tiempos por la propia Administración, vecinos, grupos ecologistas, asociaciones culturales y expertos para poner en valor y preservar un patrimonio vivo y reconocido.
Recuérdese como en los años 70, el entonces ICONA, catalogó como espacio protegido la senda que de Yebra lleva, a través de las cuevas santuario, al puerto; cómo el proyecto de la Ley de Pirineo contemplaba Sobrepuerto como espacio de interés por la fusión de la huella antrópica con los valores paisajísticos y cómo, en años posteriores, la normativa europea llevó a declarar, dentro de la Red Natura, al macizo de Sobrepuerto, LIC (Lugar de Interés Comunitario), y al corredor conglomerático Santa Orosia-Canciás, ZEPA, por su riqueza en aves rupícolas.
Por otra parte, bien estaría rememorar cómo el macizo Oturia-Santa Orosia ha sido expuesto sucesivamente a controversias ecológicas: talas desmedidas en el hayedo de Ipe, pretendida instalación de generadores eólicos en su cima, ubicación de antenas y puestos de observación, pistas incontroladas que generan abarrancamientos, recolección ilegal de huevos de rapaces, tendidos eléctricos peligrosos para éstas, basuras incontroladas, expolios arqueológicos, etc.
Dicho esto, la situación actual respecto al macizo es la siguiente: Posee figuras de protección menores, pero que se muestran insuficientes. Los usos tradicionales (ganadería) se encuentran en franca decadencia, con la consiguiente rotura del equilibrio tradicional del paisaje. La despoblación de la cara norte ha dejado en herencia una profusa red de elementos arquitectónicos significativos que no se pueden atender. Los legítimos y bienintencionados proyectos de la carretera Yebra-Fiscal y la elevada expansión urbanística por el piedemonte oriental de Santa Orosia, generan crecimiento económico, pero, a su vez, presionan y hacen peligrar la riqueza del macizo. Y finalmente, la potente carga cultural y medioambiental de éste produce consenso respecto a la necesidad de preservarlo y utilizarlo como foco de desarrollo sostenible.
A estos puntos cabe añadir el que se produzca una situación favorable para crear una figura de protección alrededor del macizo, la de que Aragón esté por debajo del promedio nacional en cuanto a la superficie dedicada a espacios naturales o parques protegidos (sin tener en cuenta la Red Natura) y el que exista una voluntad para compensar dicha situación, creando nuevos espacios que merezcan la categoría.
Naturalmente, no todo territorio es merecedor de una figura de protección, ni todo territorio merece la misma fórmula.
A pesar de que el catálogo de la Red Natural de Aragón es muy amplia, las principales figuras, citadas por su relevancia conservacionista, son la de Parque Nacional, la de Reserva, la de Paisaje Protegido, y la de Monumento Natural. Las dos primeras son muy exigentes en lo legal, se inician a través de la creación de un PORN (Plan de Ordenación de los Recursos Naturales) y se constituyen por medio de la aprobación en Cortes. En cambio, las dos últimas, con un alto componente cultural para ser tenidas en cuenta, no necesitan PORN, son aprobadas por un decreto del Gobierno autonómico y se rigen por un Plan de Protección.
Los estudios comparativos con otros casos y la objetividad aconsejan solicitar para el que nos ocupa la figura de Paisaje Protegido, no en vano, “las cuatro naves conglomeráticas” (San Juan de la Peña, Oroel, Santa Orosia y Canciás) forman parte de una “escuadra geológica sacudida por los mismos vientos y la misma historia” –sobre todo en los tres casos primeros, donde lo físico, lo hierofánico, lo simbólico y lo artístico tienen un enorme potencial.
Las razones que goza el macizo de Santa Orosia y aledaños para constituirse en figura protegida, fueron explicadas en la charla audiovisual del pasado 4 de agosto y, básicamente, son las de aunar la singularidad y riqueza medioambiental con un potente sustrato histórico, artístico y folklórico. Características que se dan de forma entrelazada hasta el punto de que sin cuevas, sin una gran montaña y sin mundo pastoril activo no hubiese cabido el mundo legendario y folklórico de la santa.
Dicho esto, la primera circunstancia que ha de darse para la creación del espacio protegido es la de que la Sociedad y la Administración sean conscientes de los valores que encierra el espacio geográfico. Si esto no queda claro, no tiene sentido proseguir. Por lo tanto, las personas y entidades promotoras no habrán se escatimar esfuerzos en este estadio previo, por mucho que al macizo se hayan dedicado abundantes y señeras publicaciones (G.Lacasta, J. Mª. y E. Satué, R. Mur, A. Belmonte, miembros del CSIC de Jaca, etc.). Naturalmente, la segunda sería el que se produjera un consenso social previo, sobre todo, en el ámbito de la futura zona de influencia socioeconómica del paisaje protegido (previsiblemente: Biescas, Sabiñánigo, Yebra, Fiscal, Broto y Yésero), buscando un equilibrio entre las políticas abrasivas y conservacionistas que durante las últimas décadas se han producido en el territorio.
Con detalle, la charla audiovisual del día 4 explicó la riqueza geológica del macizo, la convergencia de margas, conglomerado, flysch y fenómenos kársticos para dar cabida a una gran riqueza rupícola y para que la leyenda religiosa anidase alrededor de las cuevas y del mundo de los pastores.
A continuación se comentó cómo el gran macizo, instalado en medio de la Canal longitudinal del Pirineo, eleva las masas nubosas llegadas del Atlántico para ocasionar lluvias. Fenómeno que, dada la diversa variación de exposiciones solares, crea fuertes contrastes vegetales que lleva, por ejemplo, a ver en escasos metros sufridos alizones (Genista hórrida) junto a servales amantes de la humedad.
También se desarrolló el tema de la fauna y de la riqueza rupícola de los cantiles molásicos que han llevado a la constitución de una zona LIC y ZEPA.
Y, en general, se mostraron imágenes del gran balcón que es la montaña y que, dado su poder hierofánico, evocador de lo sagrado, propició cultos a la naturaleza en la Prehistoria hasta que el cristianismo, en la Alta Edad Media, los fagocitó con el culto a Santa Orosia.
Tampoco se olvidó el papel de la montaña en la economía agropecuaria tradicional, visible en mallatas y viejos bancales de centeno, así como la huella que dejaron los dos bandos durante la pasada guerra civil.
Y por supuesto, se mostró de modo pormenorizado toda la riqueza social y artística que ha girado alrededor del culto a la santa en dicha montaña: cofradías, papel socioeconómico de la romería, ermitas, jocalías, retablos, cruces procesionales y, finalmente, dance de Yebra con su componente musical.
Por otra parte, también se abordó el tema del espacio a proteger. Si, en principio, se consideraba al macizo Oturia-Santa Orosia como el núcleo matriz, delimitado por el interfluvio barrancos de Oliván y de Otal, ríos Ara, Basa y Gallego, otras consideraciones llevan a ampliar la posible superficie a proteger, bien como zona de reserva, de uso, periférica o de influencia socioeconómica. En este caso, si se considera la intersección del macizo “Oturia-Santa Orosia” con la zona LIC que desde Tendeñera baja por Sobrepuerto hasta esta última montaña, y la que se produce entre aquél con la zona ZEPA, de protección de aves, que une a Santa Orosia con Peña Canciás, entonces encontraremos dibujado un Espacio Natural Protegido, triangulado por Tendeñera, Santa Orosia y Canciás, donde la pieza de la montaña de la santa, por razones culturales, ha de tener un protagonismo especial. Espacio donde, a la riqueza física y humana descrita para el macizo, habrá que añadir la huella humana dejada, tras el abandono de los núcleos en Sobrepuerto.
Por ello, si la creación de un Espacio Natural Protegido (Paisaje protegido, en este caso) comporta medidas conservacionistas, educativas y de desarrollo sostenido del espacio afectado, nos encontraríamos en el horizonte ante un revulsivo para una zona privilegiada, pero abandonada por la Historia.
Situación que vista de modo anecdótico, comportaría, entre otras cosas: La zonificación de usos dentro del paisaje Protegido. La intensificación de la vigilancia para preservar los valores biológicos y culturales. La creación de un centro de interpretación sobre el paisaje y el legado humano, en Yebra de Basa –el hecho se deja caer por su propio peso. La señalización homogénea de los senderos y valores del espacio. El asfaltado de alguna pista como la que accede a Santa Orosia, el uso restringido o anulación de otras, y la creación de zonas de aparcamiento. La recuperación de la actividad ganadera, la mejora de los actuales refugios, abrevaderos y la rehabilitación de las mallatas antiguas. La posible creación de una marca de origen para los productos cárnicos y lácteos asociados a la actividad en el Paisaje Protegido. La adecuación del albergue de Santa Orosia, con custodia permanente o temporal, y complementado con uno a construir en la zona de Sobrepuerto. Retirada o limitación de las antenas y señales luminosas ubicadas en los cantiles molásicos. Enterramiento de aquellas líneas de corriente eléctrica que atentan contra las aves. Control de las talas incompatibles con la riqueza botánica del espacio. Mantenimiento de las ermitas vinculadas al fenómeno cultural de Santa Orosia. Recuperación de un catálogo significativo de edificios, bancales y caminos representativos de la huella que dejó el hombre tradicional en Sobrepuerto. Y, finalmente, utilizar el espacio con fines educativos y de investigación, empleando de modo correcto las subvenciones destinadas al desarrollo socioeconómico de los municipios que forman parte de él. Ojalá este dibujo soñado pueda algún día hacerse realidad, porque es muy difícil encontrar un espacio donde lo físico y lo humano se estrechen con tanta fuerza. Si algún día se constituye una comisión de expertos, que tomen su última decisión en el Puerto de Santa Orosia, un 25 de junio…
Comentarios
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Me gustaria contactar con D. Enrique Satué Oliván, agradeceré si se pone en contacto conmigo.
Un saludo.
Ana Zamora
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