Nadie de los que nos juntamos aquella tarde en una de las dependencias del Centro Instructivo de Sabiñánigo convocados por Julio Gavín y con el deseo de constituir una asociación que velara por la conservación de un grupo de iglesias mozárabes y prerrománicas, que en su mayoría jalonaban el curso del río Gállego, pensó que iba a tener con el transcurso del tiempo tal renombre que ha merecido el reconocimiento por parte no sólo de las diversas administraciones, sino también por aquellos organismos que velan por la conservación del patrimonio cultural de las naciones.
Su mentor, Antonio Durán Gudiol, canónigo archivero de la Catedral de Huesca, catalán de origen, aragonés de adopción y estudioso del arte altoaragonés y sobre todo de una comarca que vuelve a retomar su nombre medieval “Serrablo”. De su pluma surgen libros que dan a conocer lo que muchos desconocíamos y poco a poco, no sólo fuimos conociéndola sino también amándola, restaurándola y recuperando su patrimonio artístico.
Lejos quedan los fines de semana en que provistos de piquetas, macetas y escoplos emprendíamos el trabajo de quitar de las paredes el revoque que las habían cubierto y dejar la piedra vista que las conformaba. Cubiertos de polvo, pero satisfechos de nuestro trabajo, al final de la jornada y en las brasas de una hoguera asábamos algún chorizo y longaniza, al que acompañaba el pan de una hogaza y el vino de la tierra. Así se comenzó en Ordovés y se siguió en Lasieso, donde se dejaron bien al descubierto los ábsides de su exterior. Luego vino el sacar un préstamo en la entonces llamada Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, para arreglar el tejado de San Bartolomé de Gavín, que si no se arreglaba aquel otoño, era posible que se hundiera en el invierno. Firmamos el entonces presidente Carlos Laguarta, el vicepresidente Julio Gavín y el tesorero Jesús Montuenga. Este último es mi nombre. Fui tesorero durante los años de la presidencia de Carlos Laguarta, un total de casi siete años, en los que fuimos ganando socios, recibiendo ayudas y consolidando el patrimonio de las iglesias de Serrablo. También hice mis pinitos como escritor en los primeros números de nuestra revista teniendo a cargo la sección que yo mismo titulé “En marcha...” y que recogía los trabajos que se iban realizando. Al citado Carlos Laguarta, le sustituye como presidente Julio Gavín, que lo ha sido hasta su muerte el pasado junio de 2006. Por motivos de trabajo cedí la tesorería a Antonio Aliende, que la ha desempeñado hasta el pasado 3 de Abril, fecha en la que ha asumido el trabajo de llevar la Secretaría de la Asociación. Seguí trabajando dentro de la Junta Directiva en calidad de vocal, hasta que lo dejé, pero manteniendo siempre mi nexo de unión con la asociación que había ayudado a constituir y consolidar.
En 1972 asumí la presidencia del Centro Instructivo a propuesta de la Junta Directiva de aquella institución, pues Amigos de Serrablo, al amparo de los estatutos de dicho Centro se había constituido como una agrupación de socios que llevaban a cabo una determinada labor cultural. Así también estaban dentro del ámbito del Centro Instructivo la Sección Filatélica, la Agrupación Teatral de Sabiñánigo y el Orfeón Serrablés. Posteriormente Amigos de Serrablo, Orfeón Serrablés y la Agrupación Teatral, se constituyeron como asociaciones independientes con sus propios estatutos.
He sido parte activa de la Agrupación Teatral desde el año 1965, fecha en la que llegué a Sabiñánigo, tras terminar mis estudios de Licenciatura en Ciencias Químicas en la Universidad de Zaragoza, ciudad donde ví la luz la víspera de la festividad de Reyes del año 1943. Mis primeros trabajos fueron en el Laboratorio de “Energías” para pasar en enero del año siguiente a Dequisa, filial entonces de EIASA y DuPont de Nemours. En 1969 contraje matrimonio con Montse Ferrer, cuyo padre regentaban un taller de venta y reparación de bicicletas y motos, y hemos tenido dos hijos Javier y Alberto. Siempre y desde el primer momento he sentido Sabiñánigo como mi hogar y he tratado de darle lo mejor de mí mismo, no sólo en mi trabajo como técnico sino también en el ámbito de la cultura.
En Julio de 2001, debido a una reestructuración del grupo industrial para el que trabajaba, se me ofrece la posibilidad de pasar a una situación de jubilación y así, al disponer de más tiempo libre, me ofrezco en 2003 a Julio Gavín para, si era posible, volver a formar parte de la Junta Directiva de Amigos de Serrablo. Julio me acepta y tras su muerte paso a colaborar activamente con el vicepresidente José Garcés, con Antonio Aliende, cabeza visible de la Asociación en Sabiñánigo, así como con Alfredo Gavín y Noemí López, estos dos últimos trabajadores en el Museo de Dibujo. En Enero de 2007 se me ofrece la secretaría de la asociación y acepto gustoso, siendo en un primer momento el trabajo a desarrollar llevar a cabo los trámites necesarios para que sean aprobados los nuevos estatutos al amparo de una ley emanada del Gobierno de Aragón.
Quizás no sea la persona más adecuada para asumir la presidencia, pues yo siempre opiné y seguiré opinando que había otros más preparados que yo, pero que por unos u otros motivos, sobre todo de familia, trabajo y residencia no estaban dispuestos a la aceptación del cargo. En su descargo quiero decir que cuento con ellos en la nueva junta directiva que he constituido y espero que con su apoyo y trabajo, así como con el del resto de componentes de la misma sacar adelante los proyectos que actualmente tenemos y también en un futuro.
La figura de Julio Gavín es irrepetible. Él fue el “alma mater” y el “factotum” de nuestra Asociación y será muy difícil superar lo que hizo en los treinta y seis años que llevamos funcionando. Yo, por mi parte, espero seguir manteniendo el legado que él nos dejó y seguir las pautas que marcó en su diario quehacer en pro de Amigos de Serrablo. En las comparaciones con él, sé que saldré perdiendo y que algunos me pueden tachar de oportunista, pero alguien tenía que “coger el toro por los cuernos” y ese alguien he sido yo, que recibí emocionado el aplauso unánime de la asamblea cuando presenté mi candidatura, la única que se presentó, y que consideré como de confianza en mi persona y de apoyo en todo aquello que la asociación iba a llevar a cabo bajo mi presidencia. Gracias por esa confianza y ese apoyo y desde mi puesto me comprometo a trabajar para que nuestra Asociación siga teniendo el prestigio que tiene, aumentarlo si es posible, y también decirles a todos los socios que estoy dispuesto a escuchar todas las sugerencias que me sean propuestas, pues supongo que todas ellas tendrán como fin que nuestra Asociación sea cada día más y más.
Para todos los que hayáis leído estas líneas y para todos en general un cordial y afectuoso saludo.
Vuestro Presidente