Entristecer un poco cada día,
y nunca entristecer más de la cuenta,
que la tristeza es pobre y se sustenta
de vuestra caridad y de la mía.
Entristecer por tanta lejanía
y tanto corazón en compraventa
como va entristeciendo aquel que intenta
y no logra alcanzar, por atonía.
La tristeza es un don que no han gozado
los que ríen de todo y para todo
como si no vivieran de prestado.
Entristecer despacio, y de tal modo,
que hasta el último instante la tristeza
puede acabar donde el amor empieza.