El primer impulso, al planear esta disertación, ha sido titularla: “He escrito una novela”. Pero al instante me he dado cuenta de que ello carecía de sentido. Centenares de hombres y mujeres de todas las edades tienen una novela escrita y acaso sepultada en el cajón de cualquier mesa. Escribir no parece difícil; lo peliagudo es publicar. Por estimaciones ajenas más que por méritos propios, yo he logrado encontrar a un editor, Rafael Egido, que se ha decidido a publicar la obra de un desconocido.
Y ahora lo comento para expresar públicamente mi gratitud y, sobre todo, dejar constancia de que los mayores todavía somos, capaces de hacer “cosas”.
La novela se titula CONCIERTO CON LAS MANOS ROTAS y no me parece oportuno eludir la pregunta que algunos me han formulado: “¿Qué tema tratas en ella?”. La respuesta es aún más breve que la pregunta: “No lo sé”. No lo sabía cuando empecé a escribirla, ni lo supe mientras la desarrollaba, ni he sabido deducirlo al llegar al final.
Sin embargo, es evidente que toda acción creadora tiene unos orígenes y requiere algunos planteamientos. Esto me ha llevado a bucear en el pasado hasta toparme con la figura de Alexis Carrel, el eminente sabio francés que obtuvo el Premio Nóbel de Fisiología y Medicina en 1912, cuando contaba 39 años de edad, siendo el más joven de todos los laureados hasta entonces en la historia del Premio. Mi “encuentro” con Carrel se produjo a través de su libro LA INCOGNITA DEL HOMBRE, subtitulado: “El hombre, ese desconocido”. Este libro se publicó por primera vez en España en 1970, aunque había sido escrito treinta años antes y estaba ya traducido a dieciocho idiomas.
Leí el libro con deleite y en seguida descubrí que el autor no era un filósofo frío y lejano, sino un sencillo hombre de ciencia que dedicaba gran parte de su tiempo a la contemplación de los seres humanos tratando de comprenderlos. Observando por igual a pobres y ricos, sanos y enfermos, cultos e ignorantes, cuerdos y locos, simples y astutos, santos y criminales.
Mientras leía el libro, fui memorizando frases que estaban en sintonía con mi propia idiosincrasia. “Considero al hombre como la suma de las observaciones y de las experiencias de todos los tiempos y de todos los países”. “He visto funcionar los mecanismos ocultos que, en la inmensidad vertiginosa del cerebro, son el substrato de todos los fenómenos orgánicos y mentales”. “Los hombres se han dejado fascinar por la belleza de las ciencias y de la materia inerte. No han comprendido que su cuerpo y su consciencia están sujetos a leyes naturales, más obscuras, pero tan inexorables como las leyes del mundo sideral”.”Conviene dividir las actividades mentales en intelectuales, morales, estéticas y religiosas, aunque esta clasificación no es más que un artificio. En realidad, el cuerpo y el alma son vistas tornadas del mismo objeto por métodos diferentes.
Con estos sedimentos en el espíritu, llegado el momento irrefrenable de escribir un libro, sólo tuve que mirar por la ventana de mi propia vida y escoger al azar a algunas personas que pasaban ante ella para tejer el cañamazo de lo que con un poco de constancia, poniendo una palabra detrás de otra, tal como dijo un humorista, llegaría a ser una novela.
PERSONAJES Y ARGUMENTOS
Un hombre todavía joven, Gabriel Seoane, se ve convertido por las circunstancias en un modesto funcionario de cartón piedra, según su propia definición. Es viudo de Irina, una prometedora artista de circo que murió en un accidente y se convertirá, desde la evocación, en la heroína del relato. Gabriel es un apasionado de la guitarra clásica y, como un homenaje a Irina, que le animaba a ello, aspira a convertirse en un virtuoso de ese instrumento.
Desde este planteamiento, aprovecha unas vacaciones de verano para marchar por los pueblos en una improvisada gira de conciertos, preparatorios de otros más importantes que tiene programados en la ciudad para el otoño. Este viaje a ninguna parte le permitirá conocer los entresijos de la vida rural y contrastarlos con las realidades tan distintas de la gran urbe, donde se crió, vive y trabaja. Pero, sobre todo, le dará la oportunidad de contactar con otras personas que ejercerán sobre él una notable influencia.
Dos de estas personas, Manuel Medianeta y Antonio Pérez Navasal, alias Diógenes y Prometeo, son hombres que arrastran por la vida sus dramas particulares. Diógenes, antiguo seminarista, soldado en la última guerra civil española y escritor frustrado, es un anciano de gran cultura que trata de ahogar en la bebida el permanente fracaso de su vida. Su, amigo Prometeo, de edad similar a la de Gabriel, es un artesano de la madera con dotes de escultor. Se le supone víctima de un fracaso sentimental que le condiciona irremisiblemente.
A partir de ese encuentro, la acción de la novela se simultanea entre la ciudad y el pueblo donde viven Diógenes y Prometeo. Esta alternativa permite recorrer ambientes muy diversos, desde el barrio antiguo de la ciudad, cargado de nostalgia, hasta la intimidad de un monasterio de Cartujos, y brinda la oportunidad de tratar a gentes muy diversas, desde el Obispo de la diócesis, amigo de Diógenes desde la infancia hasta una vulgar prostituta de taberna: Se pone en todo momento de manifiesto la hegemonía del espíritu sobre el materialismo imperante y se hace una crítica social clara y determinante, aunque siempre ponderada.
Sobre todo lo plasmado en este variado cañamazo destaca la relación de Gabriel Seoane con Diógenes y Prometeo, que se va estrechando mediante acciones compartidas y confidencias mutuas que ponen de manifiesto que los tres padecen el mismo problema: los tres han perdido la esperanza. A través de sus diálogos y actitudes van penetrando en ese misterio, muchas veces insondable, que constituye cada ser humano para sí mismo.
PRESENTACION
La presentación de la novela tuvo lugar el día 4 de abril del presente año en Zaragoza, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés. En ese momento para mí tan importante estuve arropado por Rafael Egido, editor, Alejandro Villaverde, presidente de la Asociación de Mayores de la Universidad de la Experiencia de Zaragoza, Chaime Marcuello, profesor de Sociología de la Universidad de Zaragoza, Antonio Mostalac, profesor de Arqueología de la misma Universidad, y una verdadera multitud de familiares y amigos de la propia ciudad de Zaragoza y llegados de otros muchos lugares, que abarrotaron el salón hasta hacerlo insuficiente.
De este acto escribió mi amigo José Luis Aramendía, conocido investigador de arte y publicista: “Te felicito por el éxito que alcanzaste en la presentación de tu novela en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés. He asistido a muchos actos de presentaciones, conferencias, exposiciones, etc. en ese sitio y es la primera vez que he visto semejante gentío.”
CONCLUSION
No sé si dormido o despierto, le he pedido su opinión a Alexis Carrel y me ha parecido que tan ilustre pensador me sonreía complacido desde el más allá.
Fantasías aparte, es sabido de todos que, en los libros, la última palabra la tienen siempre los lectores. Ellos constituyen el gran jurado que puede determinar que una obra adquiera alguna fama o caiga irremisiblemente en el olvido. Sólo he pretendido al escribir esto, tal como decía al principio, dejar constancia de que los mayores todavía somos capaces de hacer “cosas”.
Y como el movimiento se demuestra andando, estoy ya inmerso en la redacción de mi segunda novela. Lleva por título “La sombra de una duda” y espero podamos reunirnos en torno a ella dentro de un par de años.
Aurelio Viñas Escuer
Socio de Amigos de Serrablo