En septiembre se cumplieron los 20 años del Museo de Dibujo, y coincidiendo con la celebración del Día de los museos en mayo, Julio Gavín decidió inaugurar la temporada estival de exposiciones con dos muestras representativas del Dibujo español contemporáneo: “Dibujos” de Isabel Guerra y “Dibujos de una vida” de Fernando Alvira. La inauguración de las mismas se hizo coincidir con la celebración en las dependencias del Museo de la clausura del curso académico de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza, institución de la que ambos artistas son académicos. Cabe destacar que los dos mantienen una estrecha relación con el Museo desde su creación en 1986.y sus obras figuran entre las primeras donaciones recibidas.
ISABEL GUERRA, nace en Madrid en 1947 en el Barrio de los Austrias y su afición por los lápices y los papeles es muy temprana. En sus frecuentes visitas al Museo del Prado descubre la pintura de los grandes maestros, especialmente Velázquez, del cual le deslumbra la luz de Las Meninas. En 1970 ingresa en el Monasterio Cisterciense de Santa Lucía de Zaragoza, y desde ese momento combina la vida religiosa y la pintura de manera armoniosa.
Isabel Guerra es junto a Antonio López, Naranjo o Ana Muñoz, una de las figuras españolas más representativas de la tendencia hiperrealista española. Aporta a la traducción literal de la realidad un toque personal: la luminosidad. Como dice Luis Mª Ansón en la introducción al catálogo Isabel Guerra: El asombro por la vida; La Lonja (2000): “Isabel Guerra persigue la luz que da forma a la belleza de lo cotidiano, a la vida sencilla, al equilibrio de la armonía. La artista se esfuerza cada día por encontrar, en una pincelada de luz, el silencio de la vida y de la muerte”.
En esta ocasión nos muestra una selección de 12 retratos, la mayoría de gran formato, ejecutados entre 1991 y 2006; en ellos podemos observar la trayectoria de la artista hacia nuevas técnicas, la introducción del color en sus últimos dibujos, y sobre todo su espectacular dominio de la luz, desde un oficio sólidamente aprendido.
En otra línea diferente, pudimos disfrutar también hasta finales del mes de julio de los “Dibujos de una vida” de FERNÁNDO ALVIRA. Este artista oscense nace en 1947 y cursa estudios de Magisterio y Bellas Artes en la Universidad de Barcelona. Es doctor en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y miembro de las asociaciones, nacional e internacional, de Críticos de Arte. En la actualidad es profesor titular de la Universidad de Zaragoza y Director del Instituto de Estudios Altoaragoneses desde el año 2000. Ha colaborado como dibujante en diversas publicaciones, diseñando entre otras las primeras portadas de la revista CEOS; cabe destacar la serie “Rincones del Alto Aragón” con más de cuatrocientos dibujos a plumilla, publicada en el Heraldo de Aragón. Ha escrito algunos cientos de comentarios en prensa a los que se deben sumar los aparecidos en publicaciones periódicas, como las revistas científicas Turia, Argensola, Artigrama, Trébede o Flumen y lo hace habitualmente en la revista de divulgación 4Esquinas. Pese a todo él se considera fundamentalmente dibujante y en esta ocasión nos muestra un recorrido por su dilatada carrera: retratos a lápiz, carbones y tintas de temas goyescos trazados en sus primeros años de profesión, paisajes urbanos de sus viajes a Italia resueltos con técnica mixta, apuntes a la acuarela de una visita al Museo de Cerámica de la Alambra de Granada, los denominados por él mismo “dibujos en reunión”, y sobre todo dibujos a pluma, y rotulador.
En los meses de agosto, septiembre y octubre los Dibujos y grabados de Mercedes Gómez Pablos y de Esperanza Altuzarra ornaron las salas temporales del Museo.
La mallorquina MERCEDES GÓMEZ PABLOS, nacida en Palma en 1940, se instala con su familia en Madrid en 1956, donde comienza sus estudios de pintura en la Academia Eduardo Peña y donde realiza en 1959 su primera exposición individual en la Galería “Club Urbis”. A partir de ese momento comienza su trayectoria como artista, avalada con varios Premios desde 1961: Medalla de Plata de la Villa de París en el Musée d'Art Moderne, Diploma de Honor del salón Boudy de París y Medalla de Plata de “Ars Sciences et Lettres” y más recientemente desde París en 1992 la Medalla de plata de la Villa de París por la obra “Façade 14”, en 1995 el Premio especial del alcalde por el cuadro “Mallorca” y, en 1997, el Premio especial del jurado del “Palais Salón”. En referencia a esta exposición, tuvimos el placer de contemplar una muestra casi antológica de sus obras de dibujos y obra gráfica de temática amplia: desde bodegones, paisajes, flores, objetos y animales, así como retratos y desnudos; sobre papel, cartón ó lienzo, algunos de ellos de gran formato. Como apunta Wifredo Rincón en el catálogo de esta exposición: “Desde sus primeras exposiciones (...), Gómez Pablos ha gustado de introducir el dibujo en la mayor parte de las ocasiones. (...). Ella ha incluido siempre los dibujos como obra acabada, concebida así, en dos colores, blanco y negro, que en su obra juegan un destacado papel”
ESPERANZA ALTUZARRA, pintora licenciada en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, cursó el doctorado en la Facultad de Bellas Artes de Madrid y es catedrática numeraria de Dibujo de Institutos de Educación Secundaria. Comienza su trayectoria profesional como artista en su comunidad natal con varias exposiciones colectivas y reconocimientos como la Selección en el Tercer Certamen Vasco Navarro de Pintura en Bilbao en 1977. De su estancia en Aragón surge su faceta de cartelista y decoradora, realizando entre otros el Cartel de las Fiestas de San Lorenzo en 1984.
Con el título “el otro y el existir del yo” encabeza Joan Sureda la muestra de Dibujos y grabados que pudimos contemplar en el Museo: sus obras, como comenta él mismo en el catálogo de esta exposición “ funcionan como un campo expandido en el que lo que “es” sólo continúa siendo si se contamina y encadena en encuentros inesperados, pero a la vez anhelados, encuentros en los que no cuenta tanto el vocabulario de las formas, sino los procesos de significación y cómo éstos pueden alterar no ya la percepción del sujeto, su mirada que desde el “yo” interroga al “otro”, sino su propia corporeidad y existencia.”
En los retratos de Esperanza podemos comprobar cómo las sombras son las que dibujan, dejando que la luz atraviese para hacer el necesario contrapunto; creando una atmósfera tenebrosa a veces, y cálida en otras ocasiones.