Cajal, perenne actualidad

A Julio Gavin, hombre ejemplar ( junio 2006)

Se cumple este año el centenario de la obtención por el neuroanatómico del premio Nobel de medicina. En muchos puntos de España se ha recordado hecho tan singular.

Santiago Felipe Ramón Cajal nació el primero de mayo de 1852. Murió el 17 de octubre de 1934. Gran parte de los más de 82 años que vivió los dedicó a la ciencia y al cultivo de las humanidades. Desde que tuvo uso de razón empleó su poderosa inteligencia, de manera insaciable, en la búsqueda de verdades científicas. Adolescente inventa y pone en marcha el famoso cañón de Ayerbe con el que derriba la pared del huerto de un vecino de su casa. En la última noche de su existencia, hasta entrar en agonía, está pendiente de su ritmo respiratorio y del número de sus pulsaciones. Pocos días antes de morir responde por carta a uno de sus discípulos predilectos, el zaragozano Lorente de No, residente en Norteamérica, dándole instrucciones sobre métodos histológicos con los que trabajar en embriones de aves y mamíferos. A todas luces vida ejemplar.

Hijo de Justo Ramón Casasús y de Antonia Cajal Puente, larresanos, vivió en los diferentes lugares en donde su progenitor ejerció, al principio como médico de segunda y luego como licenciado en Medicina y Cirugía: Petilla de Aragón, Larrés, Luna, Valpalmas y Ayerbe. Inició el bachillerato en los escolapios de Jaca y lo terminó en el Instituto de Huesca. Hizo la licenciatura médica en Zaragoza y el doctorado en Madrid. En la capital aragonesa fue profesor de anatomía (Anfiteatro del hospital de Nuestra Señora de Gracia) y en Valencia, Barcelona y Madrid, catedrático. En estas dos últimas universidades enseñó Histología. En Valencia residió cuatro años, poco más en la Ciudad Condal. Tras nueva y reñidísima oposición gana Madrid en donde vivió cuarenta y dos años, treinta como docente. Investigador dentro y fuera de la universidad, lo fue siempre, hasta su último suspiro.

Dieciocho meses estuvo destinado en Cuba como capitán médico. Pasó por los hospitales de La Habana, Nuevitas y Puerto Príncipe (hoy Camagüey) y por las trochas de Vísta Hermosa y San Isidro en donde contrajo el paludismo y salió enfermo de gravedad. Vuelto a la metrópoli, los cuidados maternos, los consejos paternos y la convalecencia en Panticosa y San Juan de la Peña obraron el milagro de la ansiada curación. El decir y el obrar de don Justo fueron decisivos, siempre, en los éxitos de Cajal.

En Benasque, en marzo pasado se celebró el II Congreso Cajal de Invierno de la Sociedad Española de Neurociencia. El bellísimo valle oscense fue testigo de charlas y conferencias acerca de los últimos hallazgos en el estudio de la corteza cerebral en donde tanto trabajara Cajal. A lo largo de las comunicaciones no sólo se abordó el desarrollo cortical en el hombre y algunos vertebrados sino también los mecanismos de la cognición, función ésta llena de misterios inaccesibles a la razón.

Con anterioridad, el doctor Antonio Torres Montaner, montisonense residente en Londres publicó una documentada separata acerca de la descripción que hiciera Don Santiago en 1903 sobre el cuerpo accesorio en neuronas. Se trata de una organela celular localizada en la vecindad del nucléolo que se teñía con soluciones débiles de nitrato de plata. Recientemente ha prosperado la idea de llamar a dicha organela Cuerpo de Cajal (Cajal Body). Como recalca el gran anatomopatólogo Torres Montaner demasiado tiempo se ha tardado en reconocer lo que el sabio vio hace más de un siglo.

La teoría de la neurona es la obra magna con la que Cajal ocupa lugar cimero en la Neurología universal así como sus sagaces contribuciones en la ley de polaridad dinámica y la vastísima Textura del Sistema nervioso del Hombre y de los vertebrados sigue siendo fuente inagotable para científicos y estudiosos de la Neuroanatomía.

La Fotografía de los colores es también libro consultado por todos los profesionales del mundo de Daguerre como escritor y humanista Cajal es difícil de igualar. Ahí están: De mi infancia y juventud, Charlas de café, Cuentos de vacaciones, La Psicología de los Artistas, El mundo visto a los 80 años y el excepcional Los tónicos de la voluntad.

De sus buenas maneras para escribir da noticia el hecho de que Cajal sustituye a Juan Varela en la Academia de la lengua.

Durante los meses de febrero y marzo, en la Residencia de Estudiantes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, se llevó a cabo el ciclo “Desde la memoria: historia, medicina y ciencia en tiempos de Cajal” con participación de científicos, investigadores y humanistas de gran renombre.

En la pasada primavera, en Zaragoza, tuvieron lugar una serie de conferencias en el antiguo colegio mayor Pignatelli, honorando al sabio. Entre los conferenciantes estaban, junto a otros, Santiago Ramon y Cajal Junquera, nieto del neuroanatómico y catedrático de la Universidad cesaraugustana y el también catedrático Vicente Calatayud.

El Ateneo de Zaragoza, que preside el Profesor F. Solsona, también prepara una jornada cajaliana, probablemente la realizara la Tertulia de Médicos Humanistas Royo Villanova.

El biólogo Javier de Felipe, autor de una magnífica monografía titulada Arte y Neurología, ha organizado una exposición en Barcelona patrocinada por una entidad bancaria. La iconografía de esta exposición era llamativa y estaba adornada por comentarios, a veces, originales. La realidad es que el madrileño de Felipe, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, pasea la obra cajaliana por medio mundo.

Y en la Universidad Complutense, en septiembre, quizá antes de que salgan estas líneas, se ha convocado un simposio bajo el título: “Un siglo de neuroanatomía desde la obtención por Cajal del Premio Nóbel”. Ponentes nacionales y extranjeros debatirán sobre anatomía del sistema nervioso, neurodesarrollo y corteza cerebral.

También en Madrid, en el Colegio de Médicos, ha finalizado brillantemente el Torneo de Relatos Cortos Ramón y Cajal 2006. Este concurso va por su sexta edición, es anual y está dotado con espléndidas cantidades de dinero para los premiados.

Y es que la gigantesca figura del Cajal da para mucho. Anatómico, prosector, docente, investigador, cultor del deporte aragonés, médico militar, fotógrafo, patriota, dibujante, histólogo, ajedrecista, ateneísta, escritor, humanista, en suma un arquetipo, un español inabarcable.