Juan Antonio Cremades Sanz-Pastor
de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza
Sesión Extraordinaria de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis
Castillo de Larrés, 19 de mayo de 2006
Excelentísimo Señor Presidente,
Señor Alcalde-presidente del Excelentísimo Ayuntamiento de Sabiñánigo,
Señor Director del Museo de Dibujo Castillo de Larrés,
Ilustrísimos Señores Académicos,
Señoras y Señores:
Por una vez, la sabiduría popular deja de decir verdades. Miente el viejo tango al afirmar “que veinte años no es nada”. Veinte años puede ser mucho: en este caso, la esplendida madurez del Museo de Dibujo Castillo de Larrés.
Cuatro lustros han hecho una formidable realidad del único museo español dedicado al dibujo, sito en este bello castillo medieval, restaurado de la ruina por la Asociación Amigos de Serrablo. Las 3.143 obras que posee en archivo representan a la casi totalidad de los artistas españoles del siglo XX. Rotando unas 50 obras cada año, las 350 obras expuestas constituyen un museo vivo, con frecuentes cambios. Vida que le dan también las prestigiosas exposiciones temporales durante el verano, como nos permiten constatarlo las que hoy se inauguran de dos artistas vinculados con esta Real Academia, la de nuestra Académica de Honor Isabel Guerra y la del Académico de Número Fernando Alvira. Enhorabuena a ambos por estas brillantísimas muestras.
Proclaman de manera fehaciente el éxito de la iniciativa los 12.000 visitantes que, pagando -lo subrayo-, visitaron el Museo en el año 2005.
Y todo ello sin enormes campañas publicitarias. “La publicidad nuestra -dice el Director del Museo- es el boca a boca.”
Aunque nuestra tierra nos tiene acostumbrados a sorpresas de este género, causa admiración encontrar tal realización en una aldea de cincuenta habitantes del Pirineo de Huesca. Y uno no puede menos que preguntarse a qué se debe esta maravilla.
El Museo cuyo vigésimo aniversario conmemora hoy esta Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza, celebrando una Sesión extraordinaria en su recinto, es el fruto de un soplo vital, de una realidad asociativa y de un personaje de leyenda. El soplo vital viene dado por Don Antonio Durán Gudiol, sacerdote catalán (nacido en Vich el 21 de diciembre de 1918 y fallecido en Huesca el 6 de noviembre de 1995), que ganó por oposición en 1947 la plaza de canónigo archivero de la Catedral de Huesca y llegó a ser un gran especialista de la historia del Aragón medieval. Sus numerosos libros y artículos marcan un hito al reivindicar el carácter mozárabe de muchas iglesias de la zona de Serrablo.
Durán Gudiol recordaba modestamente que él no era el descubridor de las particularidades de estos templos y mencionaba a diferentes autores que lo habían precedido en esa víaAntonio DURÁN GUDIOL, Arte Altoaragonés de los siglos X y XI (Sabiñánigo, 1973). Cita en primer lugar a Rafael Sánchez Ventura, que publicó en 1933 un artículo sobre la iglesia de San Pedro de Lárrede, escrito en colaboración con el arquitecto Iñiguez Almech, quien efectuó en 1935 la restauración del mencionado templo. Vid. también sobre este punto DURÁN GUDIOL, in Memoriam Rafael Sánchez Ventura, Revista Serrablo, n° 53, septiembre 1984..
Pero no se puede negar que suya es la popularización de la noción y la explicación histórica de la existencia en Serrablo de un grupo de iglesias mozárabes. Él puso de relieve que esta zona estuvo sometida al poder musulmán hasta bien entrado el siglo XI, lo que permite comprender el gran peso de la tradición mozárabe en su liturgia. Aduce como prueba que, cuando el rey Sancho Ramírez implanta obligatoriamente la liturgia romana en 1071, destituye al abad serrablés Banzo, de San Andrés de Fanlo, por resistirse al cambio. Añade que en el inventario de los bienes de Fanlo “había muchos libros toledanos”, es decir, de liturgia mozárabe. La tesis de Durán Gudiol es, pues, que “las iglesias del Gállego fueron construidas para servir la liturgia hispano-mozárabe entre la segunda mitad del siglo X y primeras decenas del XII” Antonio DURÁN GUDIOL, La arquitectura lombarda y las iglesias de Serrablo, Andalán, abril 1983.
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Frente a algunos que han negado que estas iglesias sean mozárabes Por ejemplo ESTEBAN LORENTE, GALTIER MARTÍ Y GARCÍA GUATAS en su libro El nacimiento del arte románico en Aragón (Zaragoza, 1982) afirman que tales iglesias son edificios de estilo lombardo, construidas por maestros lombardos procedentes del condado de Ribagorza, entre los años 1050 y 1070., ratifica la posición de Durán Gudiol nuestro Vicepresidente Domingo Buesa, gran especialista en la materia. Nos indica que, entre el Condado de Aragón y el de Sobrarbe, se extendían las tierras de Serrablo, que dependían del valiato de Huesca y “fueron cristianizadas a mediados del siglo X, con la fundación de varios monasterios como el de Cercito o el importantísimo de San Andrés de Fanlo. La zona serrablesa, comarca mozárabe sin lugar a dudas, fue anexionada por Sancho el Mayor (año 1018) y será adscrita al primitivo territorio que pasará a formar el reino de Aragón en 1035”. Y concluye: “La comarca serrablesa conservará su mozarabismo en el medievo” Domingo BUESA, Serrablo (Sarrrablo), Gran Enciclopedia Aragonesa..
No poseo la competencia necesaria para pronunciarme sobre si las maravillosas iglesias de Serrablo son o no mozárabes, aunque comparto personalmente la opinión de nuestro compañero de Real Academia D. Javier Sauras de que los elementos lombardos no excluyen el primitivo origen mozárabe, sino que son adiciones que la afirmación política cristiana fue trayendo con el avance aragonés desde el arco provenzal-ligur.
Sólo quiero afirmar que -tenga o no tenga razón D. Antonio Durán Gudiol- fue magistral su invento, con el que ha dado a Serrablo un alcance universal.
Sin la promoción por Durán Gudiol del mozarabismo de sus iglesias, ¿quién se acordaría hoy de Serrablo?
Serrablo es ciertamente un bello valle. Javier Callizo dice que este término estaba “tradicionalmente asimilado al valle del río Guarga”, que vierte sus aguas en el Gállego, situado entre las sierras de Portiello y Galardón, al norte, y Aineto y Belarre, al sur Javier CALLIZO, El Serrablo y el valle de Tena, in Geografía de Aragón, t. III, p. 61 y s. Y del mismo autor Serrablo (Sarrablo), Gran Enciclopedia Aragonesa.. Pero los valles pirenaicos son numerosos y el de Serrablo sería uno más entre muchos otros también muy atractivos.
Siguiendo igualmente a Callizo, Serrablo es una “Voz que, en la actualidad, designa la comarca funcionalmente organizada por Sabiñánigo”. “Pueblos de soledades serenas a la sombra de un riquísimo patrimonio artístico, en cuya amorosa conservación se ha proyectado el espíritu comarcal, el ser serrablés” CALLIZO, op. cit.. Pero, como comarca, el vocablo tampoco tenía especial porvenir, porque en la comarcalización de Aragón ha prevalecido la noción de Alto Gállego.
La palabra Serrablo tampoco tiene especiales resonancias históricas. En los Anales de la Corona de Aragón, Jerónimo Zurita sólo menciona dos veces la voz Serrablo.
La primera en 1260, hablando del gran estrago que había en el reino. Para evitar los grandes robos e insultos, “prohibióse con grandes penas que ningún pueblo ni particular fuese osado de dar de comer a la gente de pie que andaba desmandada por la montaña con armas; y si lo tomasen por la fuerza, se procediese contra ellos con pena capital”. “Ordenaron su unión y hermandad desde (...) Foradada hasta la sierra de Troncedo y con la junta de Serrablo” Jerónimo ZURITA, Anales de la Corona de Aragón, III, LXII..
La segunda en 1413, cuando el Conde de Urgel se levantó contra Fernando I, no aceptando lo pactado en el Compromiso de Caspe. Don Antonio de Luna tomó partido por el conde rebelde y dio orden a los capitanes que con él estaban que “hiciesen la guerra sobre Larrés contra sus enemigos (...). Si Larrés se rindiese al conde de Urgel, deliberaba dejar el castillo a Pedro de La Nuza (...); y mandó requerir a los de Basa y Serrablo que entrasen en la guerra, y si lo rehusaren se pasase a hacer daño a aquellos lugares” ZURITA, Anales, XII, XVI..
Las iglesias de Serrablo suplen con su encanto la falta de referencias históricas de la zona. Pero, como simples iglesias románicas, hubieran sido algunas más de las que hay en casi todos los valles pirenaicos.
La promoción por Don Antonio Durán del concepto Iglesias Mozárabes de Serrablo ha sido, antes que nada, un éxito de marketing comercial. Nadie ignora hoy la existencia de Serrablo y de sus bellísimos y maravillosos templos.
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De un fructífero contacto con este soplo vital surge una apasionante realidad asociativa. En mayo de 1969, Durán Gudiol recibió en Huesca la visita del Vicepresidente de la Comisión de Fiestas del Ayuntamiento de Sabiñánigo, Julio Gavín Moya. Había ido a solicitarle un artículo sobre dichas iglesias para el programa de fiestas. En la conversación que mantuvieron, Durán da a Julio Gavín la idea de crear una Asociación denominada Amigos de Serrablo. “Allí está el germen del nacimiento” de esta Asociación, dice José Garcés José GARCÉS ROMEO, Guía de Serrablo (Huesca, 2004), p. 11..
Gavín va madurando la idea, la va comentando con unos y otros. Al final, media docena de personas deciden el 21 de Mayo de 1971 crear Amigos de Serrablo como una Sección del Centro Instructivo de Sabiñánigo, el Casino donde se reunían. Su primer Presidente es Carlos Laguarta y Julio Gavín es elegido Vicepresidente. Ambos eran Concejales del Ayuntamiento de Sabiñánigo.
En 1975, Laguarta deja la presidencia y la asume Gavín. Decide sacar la Asociación del Casino. Amigos de Serrablo inicia su andadura como Asociación independiente, bajo la presidencia de Don Julio Gavín Moya, que continúa todavía al frente de la misma.
El primer objetivo de la Asociación es muy concreto: rescatar de la ruina una serie de viejas iglesias en trance de desaparecer. El nuevo Presidente decide darle un pulso fuerte. Y así Amigos de Serrablo salva para la posteridad más de treinta lugares de culto, algunos de ellos en total estado de ruina.
Don Julio Gavín cuenta que “íbamos a ver el lugar, a constatar lo que había, puesto que, sobre todo, no hemos querido inventar nunca nada. Dejar los edificios como están. Si en algún sitio encontrábamos que no había bóveda, pues no la hacíamos. Sólo si había algo de bóveda la completábamos. Pero si no había, no.”
En los primeros tiempos, cuando vivía Don Antonio, una vez que el proyecto estaba hecho, bajaba a Huesca Don Julio Gavín a comentarlo con él. Después, con los albañiles de aquí, que son los que de verdad conocen la técnica de la piedra y cómo se trabajaba en tiempos de nuestros abuelos, se ponían a la obra.
Quizá oigamos a algún purista criticar tal o cual criterio aplicado para la restauración de una iglesia determinada. Sucede siempre que se trata de remediar las consecuencias del paso del tiempo en un viejo edificio. Pero nadie -absolutamente nadie- puede negar la magnífica realidad de estas bellísimas iglesias salvadas de la incuria de los hombres y del transcurrir de los siglos. Eso justifica ampliamente que haya sido concedido a Amigos de Serrablo el premio Europa Nostra por la labor de conservación y defensa del Patrimonio durante treinta años.
La restauración no basta. La Asociación mantiene una vigilancia constante sobre los templos restaurados. Y logra que, a sus instancias, estas iglesias sean declaradas Monumentos Nacionales en los años 1981 y 1982, por ser un conjunto de características únicas en el mundo del Arte.
Los Amigos de Serrablo siguen trabajando en las treinta y cuatro iglesias que han restaurado: ahora están rehaciendo las cubiertas, lo cual implica cambiar parte de la estructura de madera y volver a colocar el tejado de losa. Pero utilizando los medios actuales, por ejemplo, impermeabilizando con las últimas técnicas. Lo están haciendo en Ordovés, lo han hecho en Satué, van a hacerlo en Allué y seguirán haciéndolo, porque ahora la Asociación tiene firmado un Convenio con la DGA por tres años, que le proporciona la necesaria financiación.
Como si esta ingente labor de proteger las iglesias -que por sí sola ya justificaría el encomio y la alabanza- no fuera suficiente, Amigos de Serrablo amplia sus actividades a otros campos. Y así ha restaurado la Torre de Defensa del siglo XV de la Torraza, en Lárrede; la Casa Batanero de El Puente; o el Castillo de Larrés del siglo XV.
Y Amigos de Serrablo no se limita a restaurar: en Casa Batanero de El Puente crea el Museo de Artes Populares de Serrablo, con más de 3.000 piezas que permiten conocer tanto la forma de vida de nuestros antepasados, como los enseres de la casa y los útiles usados en arquitectura, ganadería y diferentes oficios artesanales.
Y crea el Museo de Dibujo Castillo de Larrés, cuyo vigésimo aniversario festejamos.
Hay que destacar que, durante los doce primeros años, un grupo de asociados dedicó muchísimos fines de semana a la importante labor de restauración. Todo ello con la ayuda entusiasta de los habitantes de los respectivos pueblos.
Hoy en día, Amigos de Serrablo somos 800 socios, y digo somos porque presumo de serlo, como lo son también otros Ilustrísimos Señores Académicos. Pero activos, de los que sacan la Asociación a flote, sólo hay 7 u 8. A ellos me dirijo para darles las gracias en nombre de los que amamos un patrimonio histórico, que no es sólo de nuestro Aragón, sino del género humano.
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El soplo vital que generó un movimiento asociativo se hubiera apagado sin la presencia de un personaje de leyenda: Don Julio Gavín Moya.
A él se aplica lo que Bernal Díez del Castillo escribe al referir la epopeya de Hernán Cortés, en la que participó: “Como si hubiera cosa en el mundo tan dificultosa que hombres de seso y esfuerzo no pudieran realizar”. Seso y esfuerzo es -veremos- lo que ha tenido que derrochar Don Julio Gavín para conseguir unos logros épicos.
El padre de Don Julio, Don Delfín Gavín Larraz, nació en Pardinilla (al lado de Larrés). Como una hermana de su madre estaba casada con un asturiano y vivían en Asturias, allí se fue Don Delfín a trabajar a la cuenca del Nalón, donde manejaba unos compresores en la parte exterior de las minas. Casó con una asturiana, Doña Esperanza Moya Argüelles. A los dos años de la boda vinieron a instalarse en la tierra natal del pater familias.
Pero Julio ya había nacido en El Entrego el 4 de julio de 1927. En Ciaño, iglesia románica dedicada a San Esteban, recibió no sólo el agua del bautismo, sino también los primeros efluvios de las viejas construcciones eclesiales que tanto han influido en su vida.
Julio lleva, desde el Colegio, el dibujo dentro. Comenta que la Escuela de Sabiñánigo era muy buena, que ingresó en Magisterio, pero que no quiso seguir esa vía. Ha vivido del dibujo y para el dibujo. Tuvo como maestro a un dibujante de Energía e Industrias Aragonesas que vino de Madrid durante un año. Completó sus estudios por correspondencia durante cinco años. Y ha dibujado siempre. Dice: “Los mil dibujos a pluma que puede que tenga míos irán al Museo: muchos de ellos son testimonio de la arquitectura popular. Es un archivo importante, porque el 90% de las construcciones reproducidas ya no existen”.
A los 15 años de edad, entra en la sala de dibujo de Energía e Industrias Aragonesas, donde trabaja hasta que se jubiló al alcanzar los 60 años. Allí dibuja naves y piezas industriales -recuerda que después de la guerra había que diseñar cualquier pieza de recambio-.
Eran los tiempos del pluriempleo. Tras bregar toda la jornada en Energías, iba desde las siete a las diez de la tarde a colaborar con un contratista. Tenía que alimentar a cuatro hijos y había que hacer proezas para llegar a fin de mes. También dibujó para una Agencia de publicidad de Cuba. E hizo portadas para álbumes de sellos, pues tiene gran afición a la filatelia.
Don Julio Gavín es buen conversador. Recojo a continuación algunos párrafos entresacados de las varias horas que he estado charlando animadamente con él.
“Me gusta el dibujo desde crío -comenta-. Me gusta estar rodeado de dibujos. Y entonces pensé en un Castillo en ruinas. Si lo restauramos, podemos instalar un Museo de Dibujo. Pero fíjate lo complicado que era eso para nosotros, que contamos con muy poco dinero de la propia asociación. Las ayudas que tenemos de socios se elevan hoy a poco más de dos millones de pesetas: cuando hicimos esto, aún eran mucho menos. Ha sido todo una aventura.”
Pero, cuando se lanzó en la hazaña del Museo de Dibujo, no era Don Julio Gavín un aventurero novel. Ya había conocido las cosas dificultosas y sus consecuencias. Y a todas les echó seso y esfuerzo.
Relata con gran sencillez sus andanzas:
“La primera fue la de El Puente, cuando restauramos Casa Batanero e hicimos el Museo de Artes Populares del Serrablo. No sólo fue una aventura, sino que además me dejaron tirado prácticamente. La Caja de Ahorros había hecho muchas promesas, pero se inauguró el Museo y... nada: medio millón de pesetas, cuando había casi siete millones en el aire. Como nadie me echaba mano, me lo jugué todo: avalé yo solo ese dinero y comencé a rebuscar. Uno de los primeros que me lanzó un cable fue Sebastián Martín Retortillo: le conté mi problema y al poco tiempo, a través de él, conseguimos dos millones del Ministerio de Educación, y la Diputación nos dio otro millón. Luego yo tenía que pagar medio millón trimestral, pero afortunadamente no llegué a desembolsarlo porque al final obtuve que el Ayuntamiento se hiciera cargo de la deuda. El Museo era de ellos. Ellos eran quienes a mí me habían embarcado, dejándome luego en la estacada. Pero venturosamente, salió adelante. Lo inauguramos en 1979. Y nos metimos en 1983 con el de Larrés.”
“Los propietarios nos vendieron el Castillo de Larrés por una peseta. Sólo había unas ruinas. Aquel lance era muy difícil. Pero hay momentos en que circunstancias determinadas resuelven los problemas. En Zaragoza, en un homenaje que se hace al poeta Labordeta, tengo durante la cena a la derecha a Pablo Serrano y a la izquierda a un señor que yo no conocía. Empecé a hablar con Pablo Serrano y le fui contando el proyecto. Me dijo 'A mi me gustará estar representado, y más siendo Aragón. Cuente conmigo'.y el otro señor me dijo 'A ver que es ese tema, cuéntemelo'. Se lo explico y resulta que era el Director de Cultura de la Diputación General de Aragón. Quedamos en que iría a verlo al día siguiente. Lo hice y a partir de ese momento tuvimos puntualmente ayudas anuales, sobre todo de la DGA, y también de la Diputación Provincial. Comenzamos a trabajar. Y en tres años, o poco más, hicimos la restauración.”
“Pero claro -prosigue Don Julio Gavín- para tener un Museo no basta con poseer un castillo. Es necesario disponer de obras que se puedan exponer en él”.
Oyéndolo, me viene a la mente lo que Baltasar Gracián escribió en su libro sobre El político Don Fernando el Católico: “donde no ha lugar la fuerza, lo ha la maña”. Parafraseando, se puede decir de Don Julio Gavín que “donde no ha lugar el dinero, lo ha el donaire”.
Don Julio lo reconoce contando:
“Yo fui pidiendo. Tomando contacto en mis vacaciones, o a través del teléfono, con una serie de amistades, que me fueron llevando de uno a otro. Y a pedirle a todo el mundo, por la cara.”
“Si es importante resaltar el apoyo del Gobierno de Aragón, y también en algún momento del Ministerio de Cultura, de la Diputación Provincial, del Instituto de Estudios Alto Aragoneses, y de Cajas de Ahorro y Fundaciones, debo mencionar de una manera muy especial a los artistas. Sin ellos esto no hubiese salido adelante. Hubiera sido imposible. Es menester tener en cuenta que casi todas las 3.143 obras que tenemos han sido donadas por sus autores.”
“Un día me presenté en la casa de Madrid de Manuel Alcorlo, con toda la cara del mundo, a pedirle un dibujo. Le dije 'el Museo va a ser en un pueblecito que tiene unos cincuenta habitantes'. El hombre me vio tan convencido que me indicó 'Venga aquí'. Me metió en un salón lleno de dibujos y me espetó 'Elija el que quiera'”.
“Con Martín Chirino pasó algo por el estilo. Fue a través del teléfono. Después lo conocí cuando era Director del Círculo de Bellas Artes y me confesó 'Lo que no me explico es cómo Usted me convenció para que le mandara un dibujo. Ahora estoy muy contento, porque me han hablado mucho del Museo”
“Esto ha sido muy corriente.”
“Me alegra la sorpresa que los artistas se llevan al ver el Museo. Lo apoyan a muerte. Algunos nos visitan muy a menudo. Son bastantes los artistas que están buscando, ayudando, obteniendo, animando a otros a dar obra.”
“Los artistas han sido y son vitales en la existencia del Museo. En realidad, son ellos sus creadores. Sin ellos no habría nada. Cuando vienen, se van encantados. Hace poco estuvo un pintor catalán del que tenemos un dibujo. Pero, como cambiamos la obra periódicamente, para dar movimiento al Museo, no estaba colgada la suya. Yo se lo explico. Y a los pocos días recibimos un paquete de él con dos dibujos grandes. La gente es espléndida, cuando ven que la cosa es seria y merece la pena. No se trata de engañar a nadie y cuando viene alguno y su obra no está expuesta, vamos al archivo y constata que está allí. ”
“Hicimos un libro sobre Santiago Ramón y Cajal, cuyos padres eran de Larrés y él vivió aquí de pequeño: 25 artistas españoles lo ilustraron, bastó con pedírselo. Siempre que he necesitado de los artistas, he tenido una respuesta fantástica.”
Oyéndole, la pregunta que viene a la boca es: “Y la familia ¿qué piensa de una actividad desinteresada, que exige muchas horas y en la que se ha arriesgado el patrimonio familiar?”.
La contestación, no por esperada -difícilmente podía ser otra, viendo la magnífica realidad de lo logrado- deja de sorprender gratamente: “Yo empecé con mi mujer de crío y ella vivió siempre con mis inquietudes, con mis cosas. Desde los 18 años que me relacioné con ella hasta que murió no tuve nunca ningún problema. Y con el resto de familia, jamás lo tuve. Por eso lo he podido hacer todo. Los hijos viven su vida, pero apoyan. Están de acuerdo, están atentos, aunque algunos viven fuera.”
Don Julio Gavín cumplirá pronto 79 años, pero escuchándolo da la impresión de que quien tiene 20 años no es el Museo, sino su Director. Sorprende a su interlocutor diciéndole: “Ahora mismo, hay un tema al que estoy dando vueltas, que es recuperar una vía romana que hay aquí al lado. Ya se excavó y se sacaron los muros, pero luego se enterró. El Alcalde me ha dicho -yo con los del Ayuntamiento me llevo muy bien- que están preparando todo para la compra de ese terreno. Se halla en una colina desde la que se domina todo Sabiñánigo.” No hace falta desearle ánimos.
Mas Don Julio Gavín no se limita a recordar el ayer. Cavila sobre el mañana.
“Lo más complicado es el futuro inmediato del Museo. Le voy dando vueltas a la cabeza, porque -entre tú y yo- ha sido una apuesta muy personal. Hasta ahora no he encontrado personas que se vinculen de esta manera. Puedes encontrar un profesional, pero en plan profesional, y esto ha requerido otra cosa. Crear este Museo ha sido algo distinto, diferente. Mientras me encuentre en condiciones, estoy dispuesto a seguir siendo Presidente de la Asociación y Director del Museo.”
“Pero llega la hora en que sería necesario obtener una financiación fija que permitiera tener, además del personal actual, un Director y una Bibliotecaria.”
“Yo no puedo decir: me muero y esto se queda en el aire. Quiero que el Museo subsista. Y la Asociación también, porque no es fácil tener una Asociación funcionando durante 35 años: en Aragón han desaparecido muchas y nosotros estamos erre que erre. Esto ha exigido lucha: yo estoy en ella desde que me levanto hasta que me acuesto, y no paro.”
Soy portavoz del sentir de esta Real Academia de San Luis proclamando que el esfuerzo de Don Julio Gavín ha sido fructífero y, de manera especial, que el Museo de Dibujo Castillo de Larrés es un logro del que, como aragoneses, estamos orgullosos.
Apelo desde esta tribuna a las instituciones de Aragón que con su ayuda han hecho posible la existencia de este Museo para que busquen fórmulas que garanticen su perennidad.
Estoy seguro de que el Ayuntamiento de Sabiñánigo -y muy especialmente su Alcalde D. Carlos Iglesias Estaún- que tanto y tan eficazmente ha ayudado a la Asociación de Amigos de Serrablo, no escatimará esfuerzos para lograr la continuidad de la extraordinaria realidad que podemos contemplar.
Tengo el convencimiento de que la Diputación Provincial de Huesca y el Instituto de Estudios Altoaragoneses -cuyo Director el Ilmo. Sr. D. Fernando Alvira Banzo está presente, como miembro de esta Real Academia y como autor de la obra que admiramos aquí colgada- derrocharán imaginación para salvaguardar este elemento importante de nuestro patrimonio cultural.
No albergo dudas de que el Gobierno de Aragón, a quien tanto debe este Museo desde sus inicios, hará lo necesario para asegurar su futuro.
Y sé que esta Real Academia de San Luis de Zaragoza, que según el artículo segundo de sus Estatutos “tiene por fin primordial promover y fomentar el estudio y cultivo de las bellas artes”, se fijará como objetivo prioritario, tras nuestra Sesión Extraordinaria de hoy, perpetuar la excepcional realización que hemos admirado al recorrer hace un rato sus salas.
Pensando en el mañana de esta iniciativa ejemplar, todo me conduce a proclamar alto y fuerte lo que escribió en su celda de Veruela Gustavo Adolfo Bécquer: "Yo tengo fe en el porvenir".
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Don Antonio Durán Gudiol hablaba de “la benemérita y dinámica Asociación de Amigos de
Serrablo”DURAN GUDIOL, Arte Altoaragonés, p. 159..
Beneméritos y dinámicos, sus socios: hablo de los pocos que le dan vida, dedicándole las suyas.
Y no sólo benemérito y dinámico, sino digno de toda loa, Don Julio Gavín Moya. Delante de esta Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, he dejado constancia de su ejemplo para que sirva de modelo a las futuras generaciones. A la nuestra incumbe el grato deber de decir a Don Julio Gavín Moya: “¡Muchas, muchas, muchas gracias!”.