Julio y yo fuimos juntos a la escuela con el maestro D. Salvador López Arruebo. Como anécdota ilustrativa de nuestra experiencia en la escuela, voy a contar la siguiente:
En el año 1939, finalizada la Guerra Civil, pensó D. Salvador subir al monte de Santa Orosia para comprobar cómo había quedado éste tras la contienda. Fue el día 24 de junio del citado año, con el fin de asistir a los actos programados al día siguiente para festejar la festividad de la Santa. Y así subimos todos los alumnos cargados con macutos, llevando comida para los dos días y mantas o lonas para dormir, que acarreaban un burro y un caballo blanco pequeño. Para realizar la travesía desde Sabiñánigo hasta Santa Orosia pasamos primero por el Puente Sardas, atravesamos Sardas, Isún, y los mallos de Isún hasta llegar al Alto de la ermita. Una vez allí, dejamos al caballo y al burro apacentando en el prado; pasado un rato Julio y yo nos dimos cuenta de que el caballo se iba marchando por el camino que habíamos venido. Al ver aquello salimos corriendo tras el caballo, que galopaba rápido, y aunque intentamos adelantarlo en varias ocasiones, más deprisa iba él que nosotros. En nuestra carrera bajamos los mallos, llegamos a Isún, y después a San Román, dónde por fin pudimos alcanzarlo. El caballo parece que se dirigía hacia Allué, que había sido su anterior hogar, siendo su propietario el cura de ese lugar, al cual mi padre se lo había comprado.
Esta aventura y otras de chiquillos las viví con Julio, con el que entablamos amistad desde la infancia, una amistad que ha perdurado a lo largo de los años, así como la relación que nos unió con el maestro D. Salvador, con el que celebrábamos una fiesta anual, coincidiendo con la festividad de San Sebastián. A ésta acudíamos todos los alumnos; incluso tras el fallecimiento de D. Salvador continuamos celebrando estas reuniones anuales.
La amistad mantenida con Julio nos hizo conversar en varias ocasiones sobre la posibilidad de donar la Fábrica de Harinas Periel con el fin de conservarla y restaurarla. Y así, finalmente y gracias a su intervención, donamos al Ayuntamiento la Fábrica de Harinas, que hoy forma parte de los bienes culturales de Sabiñánigo.