Recordando a Julio Gavín

Una tarde de otoño conocí a Julio Gavín en mi estudio de Madrid. Ya estaba andando su hermoso proyecto del Museo del Dibujo en el castillo de Larrés.

Tengo la impresión de haberlo tratado de siempre, es como si conociera su entusiasmo emprendedor de toda la vida. He tenido el honor, precisamente por esas cualidades entusiastas suyas, de colaborar con él en varios proyectos, acrecentando el buen hacer de su impulso vital.

He podido constatar en las hermosas tierras de Huesca, la labor espléndida, la restauración de esas iglesias mozárabes tan poco conocidas, su labor como recuperador de ese amplio patrimonio, dejando también en sus carpetas sus magníficos dibujos, sus detalles antropológicos, como buen miembro Amigo del Serrablo.

Para mí, fue siempre admirable su deseo de hacer un museo del dibujo sin discriminar estilos ni tendencias, donde entraran todos los modos posibles, todos los modos de ver y hacer de los artistas, una acertada visión sin duda.

Siempre que me fue posible, tuvo mi colaboración entusiasta, tanto como para enaltecer al gran Cajal, como para hacer una selección de mis dibujos en la exposición que me organizó el Museo.

Gavín es un ejemplo de tenacidad y amor por la cultura, una larga tarea, lidiando siempre o casi con la cicatería de la Administración.

Estoy convencido que a todos los artistas que han valorado su entusiasmo por estas nobilísimas causas, ya hechas realidad muchas de ellas, se le recordará con profundo afecto.

Como todo en nuestro mundo está dibujado, él supo con su bonhomía y buen hacer, crear un hermoso dibujo de la amistad.