Cuando conocí personalmente a Julio Gavín (ya había hablado con él telefónicamente en varias ocasiones) me causó una impresión muy positiva. Hablando con él me di cuenta de que no me había equivocado, comprendí que era una persona que sabía por donde andaba, qué era lo que quería y qué tendría que hacer en el futuro. Me estuvo enseñando el Museo de Dibujo, el cual me pareció una obra maravillosa, y noté la pasión y entusiasmo que ponía cuando me explicaba todo lo que había hecho allí, los problemas que tuvo, cómo los fue resolviendo, etc.
También me llevó a ver todas las iglesias que había restaurado “Amigos de Serrablo”, que me parecieron de una belleza extraordinaria y con una arquitectura muy peculiar que me asombró, y en fin, quedé admirado de la gran empresa que se había desarrollado en la zona de Sabiñánigo donde había intervenido Julio Gavín.
Después, ya en Madrid hablaba con mucha frecuencia con él y comentábamos o le daba nombres y direcciones de dibujantes de aquí que no estaban representados en el Museo, en resumen estábamos muy en contacto.
La noticia de su muerte me causó una gran sorpresa, porque aunque sabía que estaba algo delicado de salud, no sabía que lo que tuviera le pudiera causar la muerte.
Después fue un golpe terrible pensar que ya no teníamos con nosotros a Julio Gavín. Ha sido una grandísima pena su pérdida.
Descanse en paz.