Nunca me había ocurrido lo que me está pasando ahora, cuando redacto estas líneas: no sé cómo ni por dónde comenzar, no sé cómo expresar mis sentimientos y emociones, en fin, no sé cómo transmitir todo lo que siento. Ya perdonarán, pues, los que lean estas líneas, si el resultado de ello es un texto desordenado y deslabazado. Lo siento.

Las primeras imágenes que guarda mi mente sobre Julio se remontan a cuando yo era muy crío y bajaba de Senegüé con mi padre, mi hermano y mi tío Lorenzo a ver jugar al Sabiñánigo en La Corona. Era entonces Julio el entrenador del equipo; antes había sido jugador y tuvo mucho que ver con la construcción del campo. Recuerdo perfectamente el genio que demostraba en la banda dirigiendo a su equipo, con ese entusiasmo que siempre le ha echado a todo lo que ha hecho en su ciudad y comarca.
Pasados algunos años, a comienzos de los setenta, siendo Julio concejal del Ayuntamiento, recuerdo con nitidez una reunión en el Casino de Sabiñánigo en la que se debatía la conveniencia de crear una Asociación Cultural para rescatar de la ruina unas iglesias medievales que había redescubierto don Antonio Durán Gudiol. Entre los reunidos estaba Julio Gavín; pasados los años supe que el “culpable” de esa iniciativa había sido él alentado por don Antonio. Yo era entonces un mozalbete de 15 años, atento espectador allí, que había bajado de Senegüé con Mosén Domingo a quien se le había citado a tan señalada reunión. Pocos meses después, en mayo de 1971, se formalizaba el nacimiento de “Amigos de Serrablo”.
Al cabo de dos años, en 1973, finalizando el 6º curso de Bachillerato en el Instituto San Alberto Magno, y tras escuchar una magistral conferencia de don Antonio en el propio salón de actos de este Instituto, me hago socio de “Amigos de Serrablo”. Por entonces ya me había entrado el gusanillo por el conocimiento del pasado, de la historia, pues había tenido ocasión de curiosear en los “libros viejos” conservados en la iglesia de Senegüé. Ese interés, además, se reforzó a través de mi profesora de Historia en el Instituto, Teresita.

Acabado ya el COU y una vez iniciada la carrera de Geografía e Historia tuve mi primer contacto personal con Julio. Fui a su casa para manifestarle mis deseos de colaborar con las tareas de la Asociación, recibiéndome con los brazos abiertos y encantado de que gente joven se acercara con ganas de trabajar. Ese fue el comienzo de mi andadura en “Amigos de Serrablo” que ha pervivido hasta hoy, y siempre de la mano de Julio. En diciembre de 1976 se publicaba en esta misma revista mi primer artículo, La ermita de San Juan de Busa en peligro. Año y medio después me propone Julio como vocal de la Junta Directiva. Los cimientos ya estaban echados. Había sintonizado perfectamente con él, y además, en esos mismos años tuve la suerte de conocer y trabar una fuerte amistad con Javier Arnal y Enrique Satué. Un equipo que durante muchos años ha trabajado armoniosamente en “Amigos de Serrablo”.
La confianza que depositó Julio en mi persona, por otra parte recíproca, se manifiesta definitivamente cuando me pide que asuma la Dirección de esta revista, en marzo de 1981, y la Vicepresidencia de la Asociación, en abril de 1985. Han sido, pues, muchos años colaborando con él. Que han dejado su huella. Años en los que Julio nos demostró a todos que él fue el primero en el tajo contagiándonos su entusiasmo y amor por esta tierra serrablesa. Son muchos años, inolvidables, imborrables, que han marcado una época y que, personalmente, guardaré siempre en lo más profundo de mi corazón.
Como de todos es sabido uno de los grandes hitos que ha llevado a efecto “Amigos de Serrablo” es la restauración del grupo de iglesias mozárabes serrablesas. Razón ésta por la que nació la Asociación. Todas estas iglesias las dibujó, además de levantar planos y alzados, lo que constituye un fondo documental de primera magnitud. Gracias a él se restauraron contando siempre con el sabio consejo de don Antonio Durán Gudiol. Supo aglutinar a un puñado de jóvenes que los fines de semana acudíamos con él a desescombrar, desbrozar, pintar, hacer de peones,… lo que fuera, pero con una gran ilusión. Y cuando las cosas se pusieron feas, como en Busa, pudo contar con la ayuda de don Sebastián Martín-Retortillo. Fueron los años de Ordovés, Lasieso, Busa, Allué, Rapún,…unos años de recuerdos entrañables: Julio y un puñado de jóvenes dando su tiempo por amor al arte. Pasado el tiempo esta labor restauradora tomó otro cariz al disponer de mayores recursos económicos.
En agosto de 1979 se inauguraba el Museo de Artes Populares de Serrablo, otro hito de “Amigos de Serrablo”. Julio tuvo la visión oportuna para que toda esa cultura popular serrablesa no quedase aniquilada. Para ello realizó una tarea de recogida de materiales que hizo posible la creación de este Museo, amén de trabar negociaciones con el escultor Ángel Orensanz y el Ayto de Sabiñánigo y hacerse cargo de la restauración del inmueble. Después vino el trabajo de limpieza, catalogación y exposición de materiales. El mismo equipo de jóvenes le apoyó también en estos menesteres. Son unos momentos en los que disfrutamos enormemente. Julio, el inolvidable Javier Arnal, Enrique Satué, José Luis Acín, Regino,…y otros muchos que dedicaron su tiempo a hacer realidad el Museo. Para sacar de apuros a Julio, quien había tenido que dar un aval arriesgando su propia economía familiar, allí estuvo una vez más la gestión diligente de don Sebastián Martín-Retortilllo.

Siete años después, en septiembre de 1986, otro museo abría sus puertas gracias también al empeño de Julio. Es el Museo de Dibujo “Castillo de Larrés”. Su realización más personal y apasionada. Conseguir el castillo por donación, restaurarlo y darle contenido no era tarea fácil. Ante la incredulidad de muchos, Julio lo consiguió. Tuve el placer de participar con él y Javier Arnal en todo el proceso y comprobé como nunca la pasión que Julio le echaba a esos proyectos que consideraba realizables. Igual estaba subido al andamio que se iba a Madrid a convencer a los artistas, de la misma forma cogía la escoba que te daba una lección magistral de dibujo contemporáneo, en fin, era el primero en dar ejemplo. Cada dibujo nuevo que conseguía lo celebrábamos con alborozo (aquel verano del 86 lo pasamos de continuo en el Museo enmarcando y colgando las obras Julio, Javier Arnal, José M. Navarro y el que suscribe). El culmen fue el día de la inauguración del Museo, para mí el más importante de toda la historia de la Asociación. Después, durante estos veinte años, el Museo de Larrés ha sido el eje central de las actividades desplegadas por Julio, actividades algunas en las que he participado y disfrutado de forma más señalada como, por ejemplo, las dos dedicadas a don Santiago Ramón y Cajal.
En fin, Julio nos ha dejado en Larrés un legado que tenemos la obligación de preservar y, si es posible, aumentar. Él no se ha llevado nada, ni tampoco lo hizo antes. Su interés no era otro que velar por “Amigos de Serrablo”. Se nos ha ido y nos ha dejado una colección de un valor incalculable. Para el disfrute de todos.
Las iglesias restauradas, el Museo de Artes Populares de Serrablo y el Museo de Dibujo de Larrés han sido los tres logros más visibles liderados por Julio. Pero no los únicos. A la par se han ido desarrollando multitud de actividades que han dinamizado y enriquecido la vida cultural de Sabiñánigo y comarca. Son destacables las Misas Mozárabes y los Salones Internacionales de Fotografía, eventos en los que se contó con la colaboración inestimable de don Balbino Gómez y don José Antonio Duce, respectivamente. En los años que pervivieron estas celebraciones Julio estuvo siempre presentes en ellas y en primera línea.
La cita anual en las Misas venía a representar un día de convivencia entre los asociados y simpatizantes, cada año en lugares diferentes y siempre que era posible en iglesias que se habían restaurado recientemente. Don Balbino, acompañado de otros celebrantes que venían con él desde Toledo, prestó una colaboración digna de elogio en los más de veinticinco años que se celebraron. Por lo demás, ese día todos estábamos allí presentes reforzando nuestros lazos de compañerismo y amistad que se hacían patentes a la hora del reparto de la torta y el vino. Julio, como siempre, atendiendo a todos.

Algo similar ocurría con el Salón Internacional de Fotografía. En las veinticinco ediciones celebradas estuvo al frente Don José Antonio Duce, lo que evidencia también esa gran colaboración desinteresada. Recuerdo con nostalgia aquellas largas jornadas de trabajo para ordenar todo el material recibido y después las sesiones del jurado en las que aprendimos tanto de fotografía. Pero si hay algo que nunca olvidaré de esta actividad es la fidelidad absoluta que tuvieron en esta actividad Julio, Javier Arnal y José Manuel Ara.
Jornadas culturales, Congresos, Publicaciones,… completan todo un abanico de actividades que pude compartir con Julio y otros amigos y compañeros durante todos estos años. Es una mirada al pasado que no puedo evitar ahora. Con Julio, Javier y Enrique formé durante muchos años un equipo de trabajo, amén de una profunda amistad. Hoy quedamos dos y esa amistad pervive y pervivirá, pero las cosas, en relación con la Asociación ya no serán igual. Con Julio, y también antes con Javier, pasé ratos inolvidables, vivencias, conversaciones, reflexiones,… que quedan grabadas para siempre. Quizá ahora, en un plazo breve, haya llegado el momento de orillarme discretamente y dejar que otras personas asuman el timón de “Amigos de Serrablo”. Julio confió en mí como vicepresidente, algo de lo que jamás hice gala, y procuré no defraudarle. Todo lo que me pidió, y fue posible hacer, lo hice (lo que se veía y lo que no se veía). Tras su fallecimiento he asumido transitoriamente la responsabilidad de presidir la Asociación pero, debido a mi situación, espero que en un plazo no muy largo alguien dé el paso oportuno para asumir la presidencia. Mientras tanto, se hace todo lo que buenamente se puede. Siempre honrando la memoria de Julio al que espero no defraudar en este espacio de tiempo. He de ser sincero también al reconocer que la Junta Directiva actual somos una piña: Antonio, Enrique, José Ramón, José Manuel, Pilita, Rafael, Tere, Chaime, Jesús y Felipe (éste, aunque sea en la distancia). Prueba de ello son las dos reuniones que hemos mantenido en el periodo estival y, especialmente, el contacto permanente que mantengo con Antonio y José Ramón. Por otra parte, tenemos unas relaciones correctas con las dos personas que trabajan para la Asociación: Alfredo Gavín y Noemí López. Así pues, es mi deseo que todo se vaya resolviendo de la mejor manera posible y siempre en la misma línea que Julio nos dejó marcada.

Julio ya no está. Julio nos ha dejado muchísimo. A todos. Si yo he aportado algo en “Amigos de Serrablo” es gracias a él. El último día que lo vi con vida, todavía con cierta lucidez, seguimos hablando como siempre, de los proyectos en marcha y de los que se tienen que llevar a efecto próximamente. Esa conversación, para mí, es como un testamento que hay que cumplir. Es por ello que en estos meses debo concluir lo que ese día hablamos. Se hace la celebración de los veinte años del Museo de Larrés, ahora como un homenaje póstumo hacia él, se va a continuar con las restauraciones en las iglesias (ya hemos renovado el convenio con la DGA), se publicarán los dos libros previstos ya por él, se sigue con esta revista, se seguirá adelante con el Museo de Dibujo,… en fin, lo que hay que hacer aunque Julio ya no esté. Pero, insisto, este es un periodo transitorio que espero no se alargue mucho. Una Asociación cultural no puede presidirse en la distancia, y esto es algo que muchas veces hablé con Julio. Desde la distancia, y en los periodos vacacionales en Sabiñánigo, puede colaborarse pero no mantener el pulso diario que requiere “Amigos de Serrablo”.
Julio, descansa en paz. Siempre estaremos en deuda contigo. Yo, desde luego, aprendí mucho de ti.
Gracias, muchísimas gracias.