Hasta luego Julio

En mi época de estudiante teníamos un gran maestro que supo influir en nuestro amor por el dibujo, además de preocuparse por el vocabulario que como niños empleábamos. Recuerdo la diferencia de matices que establecía entre “adiós” o “hasta luego”. Nos decía que “adiós” era una despedida a la cual no le correspondía un nuevo encuentro, mientras que "hasta luego" suponía que la despedida no era para siempre.

De bote pronto, como se diría en términos deportivos y ante la noticia, no por esperada menos triste, del fallecimiento de Julio Gavín, quiero haceros llegar estas reflexiones, no panegírico, ante lo acaecido.

Es verdad que Julio se nos ha ido, pero siempre quedará vivo su recuerdo entre todos nosotros. Ahí están sus iglesias salvadas de una posible ruina, premiadas sus restauraciones allende las fronteras; sus museos, recuperando objetos de uso común de innumerables pueblos abandonados; incansable coleccionista de dibujos, formando una de las pocas colecciones existentes y permanentemente exhibidas, todo ello reconocido mediante numerosos premios.

Es cierto que otros podrían haber hecho esas obras de restauración de las iglesias del Serrablo, así como también un museo de dibujo y otro de artes populares, pero fue él, Julio, precisamente él, ante la incomprensión, la desgana o la indiferencia de otros, quien lo hizo posible. Y hoy en lugar de contemplar unas ruinas con el eco de fondo de unos lamentos, más o menos sinceros, o un castillo con los muros destrozados, tal como yo lo dibujé hace no tantos años, nos permitimos contemplar y admirar lo que fueron unos edificios religiosos a los que se ha atendido inclusive su mantenimiento, y un prestigioso museo. Gracias Julio.

Los que por nuestro interés e ilusión, amparados en nuestra profesión, hemos logrado una modesta colección de dibujos, en mi caso de arquitectos, sabemos los sacrificios que cuesta lograrlos uno a uno y conservarlos debidamente. Y Julio logró una magnífica colección, con independencia del valor de las firmas, que de por sí lo tienen.

Toda esa labor ha quedado ahí para disfrute de una sociedad y unos estamentos que a veces no le proporcionaron el apoyo que tal esfuerzo merecía. Yo creo que la sociedad en general, y la cultura aragonesa en particular, siempre estará en deuda con Julio Gavín. Un primer homenaje, indiscutiblemente merecido, sería que al título de Museo de Dibujo Castillo de Larrés se le añadiera el nombre de su fundador Julio Gavin Moya.

En cualquier caso, gracias por todo y hasta luego Julio.

Nota de la redacción: Agradecemos sinceramente estas líneas a don Manuel Baquero y hemos de resaltar su coincidencia con la Junta Directiva a la hora de incluir el nombre de Julio en el Museo de Dibujo.