Don Justo Ramón Casasús y Casa Albeita de Javierrelatre

Imagen de Garcés Romeo, José

Este año de 2006 se conmemora el centenario de la obtención del Premio Nobel de Medicina por don Santiago Ramón y Cajal y hace cuatro años se celebró el sesquicentenario de su nacimiento, fecha en la que en "Amigos de Serrrablo" nos sumamos al evento realizando varias actividades al respecto (una exposición, un libro, un grupo escultórico, etc). No obstante, ya en 1992, en el Museo de Dibujo de Larrés, se organizó una preciosa exposición bajo el título "Anatomía y Dibujo" y en la que, además, tuvimos el privilegio de poder exponer el magnífico atlas anatómico original de don Santiago gracias a la amabilidad de la Facultad de Medicina de Zaragoza (por los desvelos del profesor don José Luis Nieto). Como se ve, pues, "Amigos de Serrablo" siempre ha tenido en cuenta a esta familia originaria de Larrés.

En esta ocasión, estas pocas líneas las dedicamos a recordar la casa en la que vivió de joven en Javierrelatre el padre de don Santiago, don Justo Ramón Casasús. Esta casa se ha mantenido en pie hasta hace unos seis años. Ahora es ya una ruina total. Era un buen ejemplo de la arquitectura popular serrablesa y ha sido una lástima que se haya desmoronado porque, además, tenía ese plus de haber sido el cobijo de don Justo en su juventud cuando sirvió de mancebo y en la que le entró el gusanillo por la medicina. Es casa Albeita, que en agosto de 1992 todavía se mantenía en pie como se aprecia en las dos fotografías.

Veamos lo que recuerda don Santiago sobre el comienzo de la vocación médica de su padre en Javierrelatre, en su libro Mi infancia y juventud:
"Hijo de modestos labradores de Larrés (Huesca), con hermanos mayores a los cuales, por fuero de la tierra, tocaba heredar y cultivar los campos del no muy crecido patrimonio, tuvo que abandonar desde muy niño la casa paterna, entrando a servir de mancebo a cierto cirujano de Javierre de Latre, aldea ribereña del Gallego, no muy lejana de Ánzanigo. Otro que no hubiese sido el autor de mis días habría acaso considerado su carrera terminada, o hubiera tratado de obtener como ideal o remate de sus ambiciones académicas el hunilde título de ministrante; pero sus aspiraciones rayaban más alto. Las brillantes curas hechas por su amo; la lectura asidua de cuantos libros de cirugía encontraba (de que había copiosa colección en la estantería del huésped); el cuidado y asistencia de los numerosos enfermos de cirugía y medicina que su patrón, conocedor de la excepcional aplicación del mancebo, le confiaba, despertaron en él vocación decidida por la carrera médica".

Esa vocación médica que le entró sirviendo de mancebo en casa Albeita la debió completar en la farmacia de casa Boticario, por suerte conservada en la actualidad pero cerrada a cal y canto al gran público. Una lástima para el propio pueblo y sus visitantes que se ven privados de admirar la casa en la que sirvió don Justo, por ruina, y la botica que completó su formación por la cerrazón de sus actuales dueños.

El niño Justo Ramón Casasús debió llegar a Javierrelatre a la edad de siete u ocho años y permaneció hasta los veintiuno. Durante todo este periodo no desaprovechó el tiempo: aprendió a leer y escribir y demostró gran interés por todo lo que hacía su amo.

Continuando con el relato de don Santiago, recordamos su marcha de Javierrelatre:
"Resuelto, pues, a emanciparse de la modestia y estrechez de su situación, cierto día (frisaba ya en los veintidós años) sorprendió a su amo con la demanda de su modesta soldada. Y despidiéndose de él, y en posesión de algunas pesetas prestadas por sus parientes, emprendió a pie el viaje a Barcelona, en Javierrelatre, casa Albeita. Agosto, 1992. donde halló por fin, tras muchos días de privación y abandono (en Sarriá), cierta barbería cuyo maestro le consintió asistir a las clases y emprender la carrera de cirujano".

Ya ven, en Javierrelatre está el origen de la profesión médica de toda la familia Ramón y Cajal, en casa Albeita. Una casa que ya no podemos contemplar, pues por las razones que sean se ha venido abajo. Lástima. Esperemos, por contra, que la botica que todavía se conserva en el pueblo pueda estar accesible al público en un próximo futuro. En fin, esperemos y no desesperemos.