Los embrujados de Sobrepuerto

¡Basarán!

Probablemente una de las escenas más famosas en la Historia del Cine sea aquella en la que el magnate del periodismo Charles Foster Kane ("Ciudadano Kane") muere sin ningún ser querido alrededor y pronunciando una única palabra "Rosebud". En un intento por desvelar su significado, un reportero entrevista a la gente que trabajó y convivió con Kane. Durante ese proceso se descubren muchos detalles sobre su vida pero no son suficientes para averiguar que simplemente se trataba del nombre del trineo con el que tanto disfrutó cuando era niño. A diferencia de lo que sucedió con este personaje del celuloide, los últimos días de Luis Femández Fuster transcurrieron entre el profundo cariño de su familia y, aunque no es dificil imaginarle pronunciando "Basarán" en su último suspiro, su mujer (o su hija, o cualquier allegado) podría haber explicado todo el significado de esa palabra a un hipotético periodista.

Luis sólo ejerció unos pocos años como maestro, primero en Bergua (1940-41) y después en Basarán (1941-45), pero Sobrepuerto le causó tan honda impresión que realmente marcó su existencia. Posteriormente, los pasos de Luis se dirigieron a Madrid donde le aguardaba un ansiado doctorado en arqueología. Sin embargo, el entonces incipiente mundo del Turismo se cruzó en su camino y allí fraguó una imponente carrera profesional. ¿Qué extraños mecanismos de nuestra mente hacen que unos pocos años en un lugar aparentemente aislado del Alto Aragón pasen a ocupar un lugar central en los pensamientos de una persona que ha destacado tanto en su campo y que ha viajado a lo largo y ancho del mundo? Realmente, es dificil contestar racionalmente incluso estando, como es mi caso, bajo el mismo irresistible "hechizo". Por ese motivo, María Luisa, la esposa de Luis, nos solía llamar cariñosamente "los embrujados de Sobrepuerto", apelativo que servía para identificarme inmediatamente cuando les llamaba por teléfono. Por ese mismo motivo, las largas conversaciones con Luis, un hombre más propio del Renacimiento que de nuestros días, fueron momentos realmente entrañables. La posibilidad de conocer al "maestro de Basarán" es algo que nunca podré agradecerle lo suciente a José María Satué.

Para Luis, Sobrepuerto era, a pesar de su dureza fisica, un lugar especial, estratégico, mágico. Y Basarán su epicentro. Incluso lo argumentaba con datos geográficos e históricos (¡esos berguistanos!). No parece una mera casualidad que uno de sus libros predilectos fuera "La Montaña Mágica" de Thomas Mann. Un libro que, como le gustaba recordar, tenía tal densidad filosófica que sólo se podía entender en un lugar como Sobrepuerto, donde un maestro tenía tiempo más que de sobra para la reflexión. ¡La de horas que dedicó a analizar el libro junto con su querido amigo Marcos Felip, a la sazón maestro de Escartín!. Incluso, llegaba a encontrar ciertos paralelismos entre el personaje central de la novela (Hans Caastorp) y su propia experiencia allí:

"Dos jornadas de viaje alejan al hombre -y con mucha más razón al joven cuyas débiles raíces no han profundizado aún en la existencia- de su universo cotidiano, de todo lo que él consideraba sus deberes, intereses, preocupaciones y esperanzas; le alejan infinitamente más de lo que pudo imaginar en el coche que le conducía a la estación. El espacio que, girando y huyendo, se interpone entre él y su punto de procedencia, desarrolla fuerzas y determina transformaciones interiores que se cree reservadas al tiempo."

"El hijo de la civilización, extraño por su educación a aquella naturaleza salvaje, era más sensible a su grandiosidad que los hijos que han tenido que contemplarla desde la infancia y que viven con ella en un plano de familiaridad banal y tranquila. Éstos conocen apenas el temor religioso con que el otro hace frente a la naturaleza, temor que influye en todas sus relaciones íntimas con ella y mantiene constantemente en su alma una especie de sobresalto religioso y una emoción inquieta".

Y es que Sobrepuerto supuso para Luis un auténtico choque de emociones, en algunos casos encontradas. Luis observó la asombrosa capacidad de adaptación humana, la orgullosa resignación al medio y a las circunstancias, los ciclos productivos perpetuos y los ritos milenarios. La atmósfera de Sobrepuerto era poderosa, absorbente y, en ocasiones, opresiva. Entonces bajaba unos días a Biescas o a Zaragoza, a cargarse las pilas, para volver a caer rápidamente en las garras del peculiar magnetismo del lugar. La presencia de Luis también debió resultar en cierto modo chocante para los habitantes de Sobrepuerto. Si bien los maestros solían aportar un pequeño soplo de modernidad improductiva, éste era especial. ¡Un maestro que se montaba una radio de galena en Casa Tapia, que discutía con mosen Máximo Baquero, párroco de Cortillas, sobre los últimos acontecimientos de la II Guerra Mundial, que recibía libros de Francia, que se dedicaba a explorar los peligrosos barrancos de Sobrepuerto con unas escuálidas cuerdas y que se lanzaba como un poseso por la nieve con sus esquís artesanos!. Y que no sólo hacía de maestro sino también asumía los papeles de boticario, médico, y hasta de cura, cuando las circunstancias lo requerían.

Volveré por Basarán y me acercaré a lo que queda de la escuela. Ya no estarán los cuatro pupitres, ni la mesa ni la silla. Ni la pizarra que fabricó pintando una puerta de negro. Ni sus alumnos (Angustias y Pepito de Casa Tapia; Antonio y Ramón de Casa Royo). Pero allí estará Don Luis, de retorno para siempre a su querido Sobrepuerto. y ahora ya tendrá tiempo para todo lo que se quedó con ganas de hacer. Y averiguará donde estaba y cómo era el Monasterio de San Urbez. y si se conectaba o no con los enigmáticos pasadizos subterráneos que tenían algunas casas del pueblo. Y si Casa Francho estaba edificada sobre los restos de una pritnitiva iglesia o torre defensiva, y... ¡tantas cosas!. Y nos saludaremos y hablaremos de Sobrepuerto y del mundo, nosotros, los embrujados de Sobrepuerto!. ¡Querido Don Luis, querido "maestro de Basarán"!