De Santa Orosia a la Bolsa de Bielsa

Adjuntamos con este título el testimonio de Porfirio Lorea Ayerdi, combatiente republicano en el Puerto de San Orosia (Batallón de la FETE). A través de él encontraremos detalles de la lucha en esta montaña, los combates para tomar Biescas y la retirada posterior hacia la Bolsa de Bielsa.
El testimonio ha sido encontrado a través de Internet y lo han traducido del francés Merche López y José Manuel Ara (Amigos de Serrablo).
El trabajo de recogida oral lo hizo Gilda Ayerdi durante los años 1999-2000 y se integró en la búsqueda de documentos sobre la Guerra civil española que dirige Christian Manso (Universidad de Pau y de los países del Adour).


B. Entrada en la 43 división, 130 brigada mixta, batallón F.E.T.E.: corazón de las hostilidades.

1.Algunas escaramuzas (ataque al Puerto de Santa Orosia - simulacro en Gavín).
A principios del año 1937, los combates empezaron a intensificarse.
Primero en el Puerto de Santa Orosia, montaña que domina Sabiñánigo, el batallón F.E.T.E. tuvo que hacer frente al primer ataque franquista. Gracias a espías republicanos introducidos en la zona enemiga, sabían que los rebeldes preparaban una ofensiva. Cada uno en su puesto se disponía pues a responder.
Ignacio Archet, que se ocupaba de las transmisiones, tenía su puesto un poco más abajo de la ermita de Santa Orosia, donde estaba instalado el puesto de mando.
Su responsabilidad, cuando se producía un ataque, era la de alertar a sus superiores.
Desde su posición, podía abarcar a simple vista el camino hasta una distancia de 14 kilómetros, casi hasta Jaca. Para transmitir sus informaciones, tenía unos prismáticos y un teléfono de campaña. En el momento que vio llegar una compañía de ametralladoras, avisó a la base.

Entonces empezó el ataque. Mi abuelo estaba en medio del combate y su primo, Timoteo, pertenecía al escuadrón encargado de la ametralladora.
Esta batalla, que sólo duró una mañana, fue de poca importancia.

Después de esta escaramuza, bajaron de la montaña y se dirigieron hacia una gran torre, "el torreón", sito en Gavín, entre Biescas y Yésero. En ese lugar, poco después, al principio de 1937 tuvo lugar un simulacro de ataque perfectamente organizado (ver documento 9). En efecto, sabían que los franquistas no eran lo bastante numerosos para frenar una ofensiva. En consecuencia, si simulaban un ataque, los rebeldes se verían obligados a llamar a los refuerzos. En previsión, durante la noche, cavaron trincheras a lo largo de la carretera que los refuerzos franquistas tenían que coger. Luego, hacia las 3 o las 4 de la mañana, un poco más adelante, parte del batallón republicano inició un ataque, mientras los otros, escondidos en las trincheras dos kilómetros más abajo de donde se realizaba el simulacro, esperaban con paciencia la llegada de los refuerzos enemigos. La atmósfera era tensa y casi eléctrica a causa de la angustia creciente entre todos esos soldados. No había posibilidad de error pues los rebeldes estaban obligados a seguir precisamente ese itinerario (camino que enlaza Fiscal con el Puerto de Santa Orosia). Pedro Glaría, un sargento nacido igualmente en Burgui, comandaba el pelotón al que pertenecía mi abuelo. Cuando vieron los primeros camiones, Pedro Glaría les dio la orden de dejar pasar los 2 o 3 primeros vehículos, para que se adentraran completamente en esta carretera y que la trampa se cerrara sobre ellos.
Para gran sorpresa de los franquistas que no sospechaban nada, los tiros empezaron a sonar. Gracias a una estrategia bien calculada y bien fundada, el simulacro funcionó perfectamente.

Durante ese enfrentamiento Pedro Glaría, que estaba no muy lejos de mi abuelo se hirió ligeramente mientras armaba su fusil "Winchester". En efecto, los tiros fueron tan sostenidos que el fusil se recalentó y la uña que permite extraer los casquillos, le saltó a la frente. Afortunadamente, fue una pequeña herida sin gravedad. Fue una jornada muy dura. En ambos lados, los tiros fueron muy intensos y los muertos numerosos.
Por la noche, el batallón de mi abuelo se replegó hacia su base en el "torreón". Enseguida los fascistas que ocupaban Biescas, a pocos kilómetros de allí, empezaron a disparar con su pequeño cañón; pero a esa distancia, los republicanos no tenían nada que temer.

2. Ataque y sitio de Biescas.
Una noche, como siempre a pie, su compañía emprendió el camino de Biescas, cuando de pronto se originó una gran tormenta. Caminaban, más o menos en formación, con el fusil de bayoneta sobre la espalda y la bayoneta dirigida hacia el cielo. La tormenta era de tal intensidad que en la punta de las bayonetas se producían pequeños destellos. Como lógicamente querían llegar a Biescas lo más discretamente posible, los comandantes dieron la orden: "¡Den la vuelta a los fusiles!"
Al alba, llegaron a Biescas y empezó el ataque (ver documento 10). Primero se dividieron en dos compañías.

Una primera compañía, a la que pertenecía mi abuelo, cruzó el río por el sur del pueblo y lo rodeó por detrás, Por culpa de la tormenta, el nivel del río Gállego subía a simple vista, hasta el punto que uno de los pilares del puente de Biescas se vino abajo. En ese momento mi abuelo se dijo: "Si tuviéramos que retiramos, por aquí no podríamos". No tenían elección: había que tomar Biescas a toda costa. Su compañía sitió el hotel Buena Vista sin muchas victimas; pudo progresar hasta ese hotel sin encontrar mucha resistencia por parte de los franquistas. Luego, un pelotón al mando de su hermano Balbino se separó de la compañía para tomar la pieza de artillería enemiga situada un poco más arriba, la misma con la que los franquistas los bombardeaban la noche del simulacro de Gavín. Balbino, dueño del pequeño cañón obligó al fascista que allí estaba emplazado a disparar contra sus compañeros refugiados en la iglesia. El hecho de haber tomado ese pequeño cañón era muy interesante puesto que su compañía no tenía ninguno. Señalemos que recoger armas no siempre era fácil. Era pues una bonita recompensa para su compañía que tuvo la suerte de rodear el pueblo por el sur. De esta manera, pudo sorprender a los rebeldes por detrás.


Por el contrario, la segunda compañía, al mando del comandante Momprade, un antiguo maestro, atacó de frente y por ello sufrió muchas pérdidas. Este comandante perdió la vida en la toma de Biescas. A la vista del elevado número de heridos y de muertos de esta compañía, los soldados adaptaban su función a las circunstancias. Por ejemplo, Ignacio Archet, habitualmente en transmisiones, pero cuyos servicios no eran necesarios en ese momento, se puso como camillero durante una batalla. Hacía idas y venidas sin parar hacia el frente para retirar las victimas. Las transportaba a través de un canal seco hasta un emplazamiento improvisado como enfermería o como depósito de cadáveres en el peor de los casos.

La toma de Biescas sólo duró una mañana. Al anochecer, las tropas republicanas se dieron cuenta, tras replegarse el enemigo, que habían conquistado el pueblo, pero con el alto precio de numerosas pérdidas humanas.

La muerte del comandante Momprade afectó mucho a mi abuelo. En efecto, le tenía el máximo respeto como militar pero también como hombre. A sus ojos, representaba el hombre honesto, valiente y culto. Al día siguiente de la toma del pueblo, el comisario de su batallón le ordenó: "Señor Ayerdi, va a coger cuatro números y vamos a ir al entierro de Momprade a Barbastro". Había sido pues designado para escoltar el cadáver de ese valiente comandante, lo que, para él, era un honor, o todavía más, un reconocimiento de su compromiso con la República. Los cinco se dirigieron a Barbastro donde descansaba el cuerpo del difunto. Éste se encontraba en el primer piso de una casa, en un ataúd de cristal. Solamente el busto del comandante estaba visible, su gorra militar (quepis) sobre el hombro como signo de reconocimiento por los servicios prestados durante la guerra. El cortejo fúnebre salió de la casa y atravesó la plaza de Barbastro llena de gente enlutada.

De vuelta a Biescas, la determinación de mi abuelo había aumentado, y más que nunca deseaba luchar para que su país no volviera a caer en manos de un nuevo dictador.
El batallón F.E.T.E. ocupó Biescas durante todo el verano y gran parte del invierno, aproximadamente desde la mitad del año 1937 hasta principios del año 1938, sin que los ataques fueran muy frecuentes. A lo largo de este período de respiro, los soldados se organizaron para una eventual batalla: cavaban trincheras, montaban guardia... Desgraciadamente, estas actividades comenzaban a ser rutinarias. No obstante, los rebeldes no se olvidaban totalmente y, esporádicamente, los bombardeaban con un cañón que respondía al apodo de "la loca". A diferencia del pequeño cañón que Balbino había cogido cuando la toma de Biescas, "la loca" era una pieza de artillería mucho más moderna. Era en efecto mucho más rápida y hasta podía disparar por ráfagas.

En lo concerniente a la vida cotidiana, al principio del verano de 1937, los combatientes comían aceptablemente, pero después la comida empezó a escasear. Las condiciones de vida eran siempre similares (dormían a pleno sol...)
Pero, para ellos lo importante era guardar la moral frente a las informaciones que les llegaban de diferentes provincias españolas referentes al progreso de las tropas franquistas.

3. Retirada de Biescas hacia Parzán donde la 43 división permaneció rodeada durante más de dos meses-Segunda huida en Francia.
La 43 división ocupó pues Biescas durante algunos meses, hasta recibir la orden de retirarse. A los ojos de mi abuelo, es importante resaltar que los fascistas no tomaron Biescas, sino que los republicanos la cedieron, sin combate alguno. En consecuencia, en el mes de marzo de 1938, la 43 división tomó la dirección de Broto, pero en vez de seguir hacia Fiscal, los soldados se dirigieron hacia el monte.

Y de pronto, toda la 43 división se vio rodeada en un valle justo al sur de Parzán. "El encierro de la 43, acorralada detrás de una muralla de China..." (1) provocó el mayor de los asombros entre los soldados.

Como de costumbre, la pequeña unidad de mi abuelo, bautizada "guerrilleros", preparó el terreno en previsión de futuras ofensivas (cavar trincheras...). Pero en ese momento, la situación era mucho más crítica que antes. En efecto, el enemigo atacaba a diario y el cansancio empezaba a notarse entre los combatientes.

Además, ciertos acontecimientos fueron obstáculos suplementarios para las tropas republicanas. Una mañana, al despertar, algunos soldados se dieron cuenta de que faltaba un oficial. Éste se aprovechó de la noche para pasar al campo enemigo. De esa manera, pudo ofrecer a los franquistas información privilegiada sobre el estado de las tropas de la 43 división, como por ejemplo el número de soldados, el nombre de algunos de ellos... Como los rebeldes estaban apostados en la colina sobre las posiciones republicanas, aprovechaban para llamar a algunas personas con la ayuda de un altavoz: "¡ Archet... Ven con nosotros !". Hasta llegaban a conversar durante algunos minutos. Para ellos, no era sorprendente que el oficial hubiera cambiado de campo, puesto que ocurría con frecuencia en ambos bandos.

A veces, hubo gente que no pudo huir de la zona donde se encontraban en el momento del levantamiento, y se vieron enrolados a la fuerza en un bando o en otro. Por ello, aprovechaban la primera ocasión para alcanzar el bando que se correspondía con los ideales que querían defender.

Una noche, hacia mitad de mayo, la 43 división recibió la orden de simular el abandono de sus posiciones. Como de costumbre, los soldados encendieron hogueras: quemaban sobre todo objetos... pero no incendiaban casas. "Para esto será necesario que todas las fuerzas en línea [...] realicen cuanto haga suponer al enemigo [que] se repliegan nuestras fuerzas. Con este objeto, encenderán algunas cosas sin importancia en las posiciones; harán ruidos y movimientos anormales sin que éstos resulten excesivos..."(2). No se movieron durante dos días. Toda la 43 división hizo prueba de disciplina y este nuevo simulacro funcionó perfectamente. "Después de abrir fuego de ametralladora y mortero sobre las posiciones de la 130 a B.M, que no fue contestado para hacer verosímil el aparente repliegue [...] entre las 9 y las 10 del día 14 dos secciones de las tropas atacantes, [...] pretendieron asaltar las trincheras, con la idea de que en ellas no había nadie" (3).Este aparente repliegue debió parecer verosímil porque los franquistas se aproximaron sin tomar demasiadas precauciones. Algunos, sin embargo escépticos, empuñaban sus armas pero la mayoría avanzaban como si fuera terreno ya conquistado, sin recelo, con el fusil en bandolera sobre el hombro. Los republicanos los dejaron acercarse hasta una distancia de 15 o 20 metros, y, de pronto, la 43 división abrió fuego. Después, todo fueron disparos, gritos, terror... "Si el mando de la 43 hubiera tenido munición de artillería, la retirada de los rebeldes se hubiera convertido en un desastre"(4).

Durante este simulacro, numerosos soldados fueron heridos y muchos murieron. El sargento Pedro Glaría, en primera línea, fue herido una vez más por una bala en la pierna. Lo retiraron enseguida del frente para su curación. Tuvo el honor de recibir los galones de teniente de la mano del jefe del gobierno en persona, Juan Negrín, que se encontraba en ese momento de visita en la región.

La 43 división permaneció rodeada aproximadamente 2 o 3 meses hasta recibir la orden de replegarse hacia Francia. La brigada situada en el flanco izquierdo fue la primera en retirarse. Cuando la unidad de los "guerrilleros" recibió la orden de replegarse, todos estaban extenuados: eran los últimos en salir del valle. Ya sin fuerzas, emprendieron con dificultad el ascenso de la montaña que los separaba de Francia. Además del cansancio, se añadía el calor abrumador de ese principio de verano (hacia final del mes de junio). Mi abuelo se acuerda del principio de un poema que Ignacio Archet había compuesto ascendiendo la montaña: "¡ Oh sol maldito sol !..." Pero desgraciadamente, ninguno de los dos recuerda como sigue.

Pasando por Parzán, vieron en el camino un camión de cigarrillos ardiendo: toda la montaña estaba llena de un espeso humo negro. Después de franquear esta cortina de bruma ennegrecida, alcanzaron por fin la frontera. Los gendarmes franceses les rogaron que depositaran las armas y los acompañaron hasta la estación de Saint- Lary. Llegados a destino, se les pidió que eligieran su destino: gozaban todavía de total libertad de .movimiento y podían decidir el lugar donde querían ir. En efecto, a la vista de la evolución de la situación, algunos marcharon hacia territorio franquista, otros permanecieron en Francia y algunos otros, como mi abuelo, Ignacio Archet y "la inmensa mayoría permanecieron fieles a la repub1ica"(5). Estos últimos tomaron una vez más el tren en dirección a Barcelona con el fin de seguir la lucha para defender sus ideales.

(*) Imágenes extraidas del folleto: Estampas de la Guerra: 5º Cuerpo de Ejercito
(1) B. Barrere Lecturas divergentes de acontecimientos históricos a través de los medios de comunicación social. En Actas de las Jornadas sobre Prensa y Sociedad en la Murcia Contemporánea. Universidad de Murcia. 1995-96.
(2) R. Ferrerons. A. Gascón. Huesca: La Bolsa de Bielsa. Diputación de Huesca. 1991. Pág. 31.
(3) Op. Cit. Pág. 32.
(4) Op. Cit. Pág. 75.
(5) Robert Mesple Somps. La Guerra Española vista a través de la prensa de los Bajos Pirineos y de ciertos testimonios personales. Universidad de Pau y de los países del Adour. 1970. Pág. 122;