Abellada y Azpe, en el Serrablo

Sobre la zona septentrional de la Sierra de Guara una serranía llamada de Aineto sirve de telón de fondo al Valle de Nocito; en sus laderas, a 1221 metros de altitud, Abellada -llamada hasta finales del siglo XIX Abellana- es lugar deshabitado de propiedad particular. Antiguo poblado ya existente en 1038 en que, según las crónicas, el abad Banzo de Fanlo y los habitantes de Avellana, ante el rey Ramiro I de Aragón, llegaron a un acuerdo sobre el pago por aquellos de las décimas. Era pues un pueblo con larga historia. A poca distancia, por difícil camino carretero, Azpe -que en 1834 tomó el nombre de Aspe- se halla igualmente sin habitantes y presenta idéntico estado de ruina y desolación, ambos, sumidos en la montaña, rodeados de un paisaje grato y pintoresco, severo y rudo, donde abunda el roquedo, se suceden las barranqueras, lomas y tajos, praderías y encinares y cercados de piedra en el campo abierto. Solas quedan allí las cuatro esquinas de su pasado, la única calle de la Iglesia, donde la hierba se agarra y crece entre guijarros, la vieja y pequeña escuela de estrechos pupitres y mapas polvorientos, el hundido horno, los empedrados patios, los balconajes rotos de las solanas, abiertas al cálido sol de mediodía. La hiedra y las ortigas han sustituido al hombre y amenazan con sepultar, bajo sus verdes hojas, hasta el mínimo recuerdo de lo que allí existió... No estuvieron nunca ambos pueblos bajo dominio señorial alguno y fueron de pertenencia real, bajo la jurisdicción del Alcalde de Nocito. Hoy la maleza cubre sus calles, sus casas se hallan ruinosas, las iglesias asoladas, todo es silencio y soledad... Se podría decir que estos lugares, actualmente pertenecientes al término municipal de Sabiñánigo, con su callada quietud, nos están enviando un mensaje permanente sobre el destino y el pasar de las cosas, sobre la tierra y los muertos, sobre la muerte de la tierra y el hombre que la ocupa, sobre lo que ayer era vida y hoy abandono. Todo pasa. Se nos preguntará por qué traemos hoy estos pueblos a nuestro comentario. Creo que esta muestra es suficiente: de las nueve casas con que contaban- en 1495 eran titulares de ellas Martín Sieso, Pascual de Casbas, Johan de Secaron, Johan Gastón, Sancho Sant Martín, Johan Ciprés, Bartolomé de Bierge, Antón de Bayle y el vicario Fernando de Xulve-, cinco de ellas eran hidalgas, en las que habitaron repetidas generaciones de Infanzones altoaragoneses arañando la tierra, volviéndola de revés para mejor cultivarla y amasarla con el sudor y la sangre; de aquellas salieron gentes a poblar otros lugares, a convolar, a celebrar bodas, a laborar los campos y engendrar hijos, que también serían nobles. Sus apellidos suenan en gran parte de las poblaciones altoaragonesas. Que mejor historia que ésta de hombres emprendedores y activos... Abadía, Lardiés y Otín, eran los linajes de Abellada; Grasa y Zamora los de Aspe, cuyas referencias, por riguroso orden alfabético" son éstas: -ABADIA.- Oriundos de las montañas de Jaca, los de este apellido gozaron de gran ascendencia entre los pobladores de aquella comarca y desempeñaron relevantes puestos en el regimiento de distintas localidades y de la misma ciudad cabecera de la misma. Algunos genealogistas han considerado también que este linaje tenía orígenes árabes, muy extendido por Ribagorza y la zona de Monzón y en esta última villa varios de sus miembros sufrieron persecuciones por estar calificados como judaizantes; otros tratadistas les suponen ascendencia italiana o francesa y les reconocen a sus primitivos miembros la prestación de numerosos servicios a los primeros reyes aragoneses, citando especialmente a Pedro de Abadía que tomó parte, con esfuerzo y valentía, en la conquista de Valencia incorporado al ejército de Jaime I, quien le premió con la donación del lugar de Polop, en el que levantó casa solar. En el siglo XIV y concretamente en el año 1347 se menciona en diversos documentos a Juan de la Abadía, que actuaba como fideicomisario o ejecutor testamentario. En los Censos de Foçs y Morabatins del Condado de Ribagorza, relativos a los años 1381 y 1385, se citan a los siguientes vecinos de este apellido: Pere L'Abadía, en Novals y Señiu: Bernat de L'Abadía, en Gabás, Pere y Arnau L'Abadía, en Liri, y Jacme y Anhoni L'Abadía, en Paniello. Ramas de este linaje se establecieron también en Abellada -quizás descendientes de los residentes en Sobrarbe-, Biescas, Boltaña -en 1550 era Jurado Pablo la Abadía y en 1569 Vicario Sancho de la Abadía, Bachiller en Cánones-, Huesca, Palo, Perarrúa y Sangarrén, en el Alto Aragón y también en Zaragoza, y de los radicados en la capital del Reino, Pedro-Gabriel de Abadía, promovió proceso para el reconocimiento de su Infanzonía en 1638. -GRASA.- A finales del siglo XV ya estaban afincados en el lugar de Bara donde tuvieron casal blasonado, de donde procedieron los que luego residieron en varios poblados de la comarca, entre ellos los de Matidero, Bentué de Nocito, Azara, Aspe, Abiego -en 1585 figuraba como hidalgo Matías de Grasa, casado con Antonia de Alquézar- Artaso, Aguas -en 1571 era Infanzón Pedro Grasa-, Layés, Yéspola -en 1697 era dueño de una parte del lugar el Infanzón Martín de Grasa- y Lárrede, teniéndose noticia de que de los cuatro primeros pueblos indicados asistieron como Infanzones a las Cortes aragonesas celebradas en 1626 los llamados Urbano, Pedro, Juan-Alonso y Jerónimo Grasa. Otras ramas residentes en Zaragoza, La Almolda, Mediana, Fuendetodos y Azuara, ganaron ejecutorias de Infanzonía ante la Real Audiencia de Aragón en los años de 1582, 1610, 1613, 1717, 1732, 1762, 1763, 1766, 1798,1808 y 1831. -LARDIÉS.- Linaje originario del lugar de su mismo nombre sito en la Ribera de Fiscal, de donde derivó a otras poblaciones de la cuenca del Ara, Serrablo y Somontano. Desde edad muy remota se conocen caballeros de este apellido y ya en 1297 el rey Jaime II de Aragón otorgó Privilegio de nobleza a Domingo Lardiés, vecino de Huesca con casal familiar en Agüero y Ayerbe. En Berroy residía en 1600 Juan Lardiés, marido de Margarita Raso, cuyos hijos Miguel y Juan constaban como Infanzones en los catastros concejiles; sucesores de ellos fueron Pedro Lardiés, -casado con Águeda Acín, padres de Mateo y abuelos de Bartolomé y Felipe Lardies Oliván, el segundo fundador de la rama radicada en Fragen, y Juan Lardiés y su descendiente Isidro Lardiés, éste vecino de Fiscal, que ganó Ejecutoria de lnfanzonía en 30-XI-I774; así como los avecindado s en Barbastro, Toda y Fragen la obtuvieron ante la Corte del Justicia de Aragón en 1664, 1698 y 1816. En documento expedido en Nocito en 9-XI-1781 se refería que existía allí una familia del linaje Infanzón Lardiés, descendientes de Berroy, como resulta de la Ejecutoria antes citada de 30-XI-1774 ganada por Juan Lardiés y demás consortes vecinos del lugar de Abellada, en el Valle de Nocito, de los que fueron sucesores los radicados en Bentué de Nocito y de la propia capitalidad del Valle. Se citaba a Mateo Lardiés y López que pasó a Abellada a contraer matrimonio con María-Josefa Pascual, los cuales tuvieron larga descendencia, entre la que figuraba Juan Lardiés, que vivía en los años de 1777. -OTÍN.- Tuvieron su origen en el pueblo de Secorún, con casa solar aislada en lo más alto del poblado, murada para su defensa, junto al camino del Monte el Castellar, siendo todos los de este linaje considerados como verdaderos Infanzones de sangre y naturaleza, como así lo probaron mereciendo se les expidiera Ejecutoria de Infanzonía en 7 de mayo de 1772. De allí salieron diversas ramas que, mediante matrimonios, se establecieron en Aineto donde fueron Señores de la Pardina y Monte redondo de Bail y fueron reconocidos como hidalgos en 1787 y 1788; en la Villa de Brota y los lugares de San Julián de Basa -que ganaron también Salva en 1807-, Lerés, Yeba, Ibirque, Rodellar y Abellada, poniendo en las fachadas de sus casales sus propias Armas, juntamente con las de los Xavierre y Cortés, como consecuencia de sus enlaces familiares. -ZAMORA.- Apellido originario de la comarca de Serrablo, en el caserío de este nombre en las cercanías del lugar de Used, y casa importante en este último pueblo, desde la que se expandieron por otras localidades altoaragonesas. En Aspe fueron reconocidos los Zamora como Infanzones en 12 de junio de 1777, por testimonio del Escribano Real Antonio Arnal, de Adahuesca, en que se declaraba que en el caserío de Abellana existía un palacio con su torre llamado de los Otín, al que vino a casar Francisco Zamora, con Paciencia Otín y de ellos fue hijo Francisco Zamora y Otín, quien contrajo nupcias con Orosia Xavierre, de Aineto, que fueron padres de Juan-Francisco Zamora y Xavierre, quien hizo volato a Aspe celebrando nupcias con María Xavierre, heredera de su casa. Estos, entre otros hijos, tuvieron a Pedro-Juan Zamora y Xavierre, de cuyo enlace con Teresa Abellana nacieron Francisco, Miguel, Antonio, Martín, José María y Joaquina Zamora Abellana, todos ellos tenidos por verdaderos Infanzones como descendientes del titular de la Firma expedida a favor del primero de los nombrados. DOCUMENTACIÓN: Archivo Histórico Prov. Huesca.- Protocolo 5104.- Not.: A. Arnal.- Adahuesca.