El libro de la cofradía de Latre, intitulada del Stmo. Rosario, nos muestra cómo dentro de los parámetros del discurrir diario de la vida, de uno de nuestros pueblos. Existía una cierta disciplina de comportamientos, para la estabilidad en el orden y convivencia, y al mismo tiempo se amparaba en la contemplación religiosa, para su alimento espiritual.
Este libro, encuadernado con tapas de piel y afectado su estado por el paso del tiempo, es de carácter sencillo. Pero a su vez se observa una escrupulosa contabilidad y un riguroso cumplimiento de sus reglas.
Comienza un veinticinco de septiembre de 1780, con la incorporación de sus reglas que fueron copiadas de la cofradía de San Salvador, y con el nombramiento de sus priores. El cargo de primer prior, correspondía al vicario del pueblo y el de segundo prior, era de nombramiento entre los cofrades. Debiendo el segundo prior, cofrade, ocupar el puesto de mayoral para el año siguiente. Y el mayoral de ese mismo año sería el segundo prior en el próximo año.
Dichos mayorales también fueron citados como oficiales, y al mismo tiempo aparecerá la figura del diputado. Su primer prior fue el vicario mosem Antonio Palacio y el segundo prior Jhosep Piedrafita, entre sus primeros cofrades se hallaban los apellidos siguientes: Lanaspa, López, Aso, Artero, Latras, Grasa, Oliván, Ara, Lardiés, Sanz, Aquilué, Pardo, Ubieto, Calvo, Casbas, Piedrafita y Satué.
A los que en los sucesivos años de asistencia de la cofradía se sumaron los de: Pérez, Ferrer, Lacasta, Guallart, Estaún, Gavín, Jiménez, Fenero, 'Lloro, Villacampa, Español, Del Puente, Gil, Callao, Rey, Navarro, Bergua, etc,...
El día del sitio correspondía al primer domingo de octubre, que era el domingo del Rosario y se hacía extensivo al lunes más próximo.
El capítulo de la cofradía del Stmo. Rosario era celebrado el día de Ntra. Señora de septiembre, con pena de media libra de cera para el que no acudiese sin previa licencia, y se hacía constar que el haber asistido al sitio del domingo del Rosario. No excluía la existencia a las vísperas. Bajo pena de un sueldo para cera.
Todas las penas impuestas a los cofrades se encuentran perfectamente detalladas y de las cuales se podrían citar algunos ejemplos. Como a tenor de mantener un cierto orden, se imponía cuarenta sueldos a pagar, tras la comida de hermandad. A quien hiciera remango de manos contra otro cofrade. Quien no pagase el escote, debía asumir los gastos de justicia añadidos a ocho sueldos. En cuanto al cofrade nombrado oficial y que no deseara servir, se le impondrían sesenta sueldos en pena y aun el doble si por ello se quisiese salir de la hermandad.
No pudiendo ser admitido nuevamente. Quedaba totalmente prohibido desde el día del sitio, hasta el lunes a la salida de comer, el juego, con naipes y dados, lo cual era penado con un sueldo. También se estableció que los hijos de cofrades tenían la obligación de ingresar en la cofradía, si fijaban su residencia en Latre, con pena de diez sueldos para el que se opusiera. A esta cierta obligación de ingreso se añadió la de los forasteros casados en Latre, que a partir de 1803, verían forzada su pertenencia a la hermandad, en cuanto al amparo de enfermos y asistencias a difuntos, se estableció una pena de una libra de cera, para quien no acudiese a velar a los enfermos cofrades.
Si algún cofrade moría fuera del lugar o en la pardina de Pressin o a una legua a la redonda, era obligatorio que miembros de las casas de Latre pertenecientes a la cofradía fuesen a buscar al difunto, bajo pena de cinco sueldos. También era obligado acompañar a la cruz, a los difuntos y a sus hijos, así mismo bajo sanción. También se estipuló la obligación de hacer las sepulturas por parte de los hermanos cofrades.
En cuanto a los pagos quedaba establecido que se entregara una fanega de trigo o su valor en ese momento. Para pagar la entrada el día del capítulo. Posteriormente se pagaría una cuota por valor de un sueldo. También debía ser pagada una libra de cera a la entrada en la cofradía por parte de los hermanos cofrades, media entregada por el cofrade ingresante, y la otra media quedaba reservada, para que al morir el cofrade, la pagaran sus herederos. El año 1834 se pesó la cera con la romana de Miguel Juan Lanaspa como era costumbre en dicho lugar de Latre.
Fue dispuesto que si algún cofrade quisiera salir de la hermandad sin causa justa, pagara sesenta sueldos como pena, si bien ello se dejaba a la decisión del capítulo. En cuanto a quien mantuviera deudas estaba obligado a pagar al prior antes de ocho días del sitio, para no ver convertida en el doble dicha deuda. El prior tenía poder para cobrar a los morosos en nombre de la cofradía, de lo mejor y más bien parado de la casa del cofrade y así mismo si se le hiciera remango cargarían con una pena de cincuenta sueldos.
Para el año 1803 se anularían las costumbres en contra de lo que dispone la regla, debiéndose pagar las penas incluidas en las constituciones por parte de aquel que se resistiera. Así mismo se dispuso que la cofradía para comer sería de un solo día, y el capítulo sería efectuado de inmediato a la misa del domingo.
La comida era un acto de la cofradía que podemos observar bien definidos según documenta el libro. Consistía principalmente en asado y cocido, los dos días iguales o como mandase el prior. .
En 1903 se dispuso que no debía de haber ningún sirviente que no fuese cofrade. El diputado era el encargado de acompañar al prior a buscar la carne, debiéndose entregar a dicho diputado dos reales si se procuraba en el lugar o el doble si se hubiese de salir a buscarla fuera, como se hace mención de acudir a las carnicerías de Javierrelatre y Caldearenas.
Así mismo de las reses que se mataban para la cofradía, se daba un despoje al diputado y los demás se partirían igual entre el prior y los mayorales.
El precio de la carne oscilaba entre quince reales y medio que costaba una oveja en 1780 pasando por veintiséis reales y cuatro dineros que costarían en 1808 y alcanzando un valor de ocho pesetas en 1828 por cada oveja.
En cuanto al vino, un cántaro alcanzaría un valor de cuatro sueldos y doce dineros en el año de 1780.
La elaboración del pan en un primer momento correspondía a las mairalesas, a las que el prior debía entregar un pan y algo de vino, el día en que se masaba. Cabe señalar que. las mujeres cofrades no sólo ejercieron papeles de poca importancia, ya que podemos comprobar que en el año 1807 Orosia Aso, ostentó el cargo de priora.
En 1929 se contemplaba que en el caso de fracasar la panadería de Caldearenas. Si hubiera necesidad.de ir a buscar el pan fuera, se pagarían los portes hasta la estación con cargo a la cofradía.
Poco después se sustituyeron las tortas por los panes. Y en el año de 1895 una torta costaría entre treinta y treinta y cinco céntimos.
La contabilidad del año 1780 nos muestra entre los gastos que contemplan siete ovejas a quince reales y medio. Un cántaro y medio de vino a doce reales, correspondiente al gasto del año anterior, y otro cántaro y dos cuartos correspondientes a 1780.
También se gastó en especie, en ir a buscar las ovejas y pagar a los mayorales aniversarios y también, se gastó en copiar la regla. Una vez descontados dichos gastos de los provechos por las ventas de trigo, se sumarían a cinco sueldos y ocho dineros correspondientes al pago de cofrades quedando un superávit de dieciocho dineros. En cuanto a la nomina de cofrades, se observa una cierta carestía de información, pero podemos apuntar que aparecen el año de 1810 cuarenta y siete hermanos cofrades, y en 1828 se aprecian cincuenta y nueve cofrades, año en que entraron Juan Lacasta, y Manuel Abadía del lugar de Ceresuela y en 1797 lo habría hecho Joshep Puente de Javierrelatre no observándose para otros casos la procedencia del resto de cofrades de otros lugares.
El año de 1921 en el que había treinta y ocho hermanos, se acordó realizar listas de cofrades. Al comienzo de la institución de la cofradía del santísimo Rosario de Latre, se distribuyeron los cargos nombrando como diputado para el año 1721 a Juan Calvo, como prior a Tiburcio Artero y para mayorales Lucas Grasa y Juan Aso.
Para el final en el año 1933, fecha en que se interrumpe bruscamente la actividad en la cofradía los cargos se distribuyeron con el nombramiento de priores a favor de Antonio Español, Camilo Lloro y Valero Crasa, realizando su entrada los dos últimos cofrades, los cuales pagaron por completo al prior saliente Mariano Lacasta.
Para finalizar este artículo apuntamos que se hace referencia a tres visitas para el libro de la cofradía.
La primera correspondiente a la fecha once de octubre de 1797 en que se visitó el libro en Javierrelatre, haciendo constar que Don Joshep Antonio López Gil, obispo de la Diócesis y del consejo de su Majestad, aprobó una vez estudiadas sus reglas y exhortó a sus cofrades al mayor culto y devoción del santísimo Rosario y dio por visitado el libro y lo firmó en el mismo lugar de Javierrelatre, posteriormente dicho libro fue visitado en el lugar de Aquilué por Don Miguel López por mandato de Don Joshep Gavín y finalmente el año de 1829 sería visitado en el convento de Santo Domingo de Jaca, ya que observamos que se dio al prior de la cofradía jarra y media de vino por llevar a visitar el libro al prior de Santo Domingo de Jaca.
DOCUMENTACIÓN: Archivo Particular.