Cofradías movilizadoras

Bajo este título se hace alusión a las cofradías fundadas en un santuario apartado y que por lo tanto aportan su estructura para la realización de romerías, o bien aquellas cofradías cuyo ámbito geográfico excede lo local, aglutinando en el día de la cofradía a abundantes cofrades-romeros del entorno. Así mismo, cabe introducir mayoritariamente en esta clasificación a las cofradías específicas, creadas alrededor de grupos sociales y económicos concretos: artesanos, infanzones, clérigos, etc.

Cofradías fundadas en ermitas o santuarios apartados y de pequeño ámbito

La Iglesia desde la Edad Media adoptó el sistema de garantizar el mantenimiento físico y religioso de los innumerables santuarios que jalonaban el mundo rural, creando en ellos cofradías que velarían por estas ocupaciones.

El culto a María en la diócesis de Jaca, de Rafael Leante, constituye un trabajo ideal del siglo pasado para constatar lo dicho; pocos son los santuarios que a lo largo de su historia no albergaron las actividades de una cofradía, muchas de ellas coto cerrado de clérigos o nobles. La motivación de su fundación podía ir desde evitar litigios entre pueblos limítrofes sobre la propiedad de una ermita -caso de Nuestra Señora de la Peña, entre Salvatierra y Burgui- hasta el mantenimiento de una casahospital junto al santuario -en el caso de Nuestra Señora de las Eras de Berdún-. Respecto a su antigüedad, abundan las cofradías constituidas entre los siglos XIII -Nuestra Señora de la Sierra, en Biel- y XVI -Nuestra Señora de los Bañales, en Uncastillo-, siendo por lo tanto más antiguas que las generalizadas en las parroquiales durante el siglo XVIII 1.
En Serrablo y en este siglo, hasta el desmantelamiento de la sociedad tradicional, el número de santuarios en los que intervenían cofradías abiertas que prestaban su infraestructura y personal para generar romerías, era de cinco. Un caso atípico y reciente es el de la cofradía de San Úrbez, creada desde la emigración en el santuario de Nocito.

En Nuestra Señora de las Nieves (Yésero)

En esta ermita, ubicada en las proximidades de Yésero, se celebró hasta la guerra civil el día 5 de Agosto la cofradía, cabe suponer que de Nuestra Señora de las Nieves. Componían la cofradía cuarenta cofrades, repartidos en cuatro puestas para efectuar una merienda en la casa del Ayuntamiento. Cocinaban las mujeres de la casa del prior entrante, quienes adornaban con flores en concurso competitivo los asados. En los años treinta cada cofrade entrante pagaba de cuota tres fanegas de trigo. Así mismo, por la misma época, esta fiesta acabó sustituyendo a la "incómoda" romería de Santa Elena del martes de Pentecostés.

En San Cosme y San Damián (Larrés)

En Larrés se ha mantenido hasta la actualidad una cofradía, que aunque bajo la advocación de la Virgen del Rosario, ha estructurado la romería a la ermita de San Cosme y San Damián el martes de Pascua de Pentecostés en sustitución, desde finales del siglo XVIII, de la penosa romería a Santa Elena 2.

El martes de Pascua era uno de los tres días del año en que se iba de romería a esta ermita próxima a Larrés y situada sobre una terraza fluvial del río Aurín. Acudían todos los cofrades y a la vez se efectuaba la bendición de términos. Tras la misa se repartía la caridad y después de la consabida tertulia social se quedaban a comer sólo los cofrades, haciéndolo en el comedor que existía en la casa del santero -hoy inexistente-. Había hecho y trasladado la comida una casa del pueblo, determinada por sistema rotativo o redolin; los platos eran siempre los mismos: sopa de arroz, garbanzos con col, y varilla de cerdo o maxilar; esta comida era la misma que efectuaban antaño en el santuario de Santa Elena; por eso, irónicamente, los de Biescas denominaban a los de Larrés varilleros. El regreso al pueblo se efectuaba rezando el Rosario y llevando en andas a Santa Waldesca, patrona del vino, y menor de Larrés, con capilla en la parroquial del pueblo. A continuación se realizaba la rifa de las pieles de las ovejas cofradieras sacrificadas durante el año; los beneficios engrosarían los fondos de la cofradía.

El día de ésta se celebraba el Domingo del Rosario y entre los actos más señalados destacaba el del relevo de priores -había dos cada año-; esta costumbre no aparece repetida en el resto de Serrablo, aunque sí alguna similar: los dos priores salientes entregaban a los dos entrantes sendos arbolitos -garranchas- forrados con papel de seda y con una manzana bendecida colgada de cada rama; éstas posteriormente se repartían entre los asistentes y se comían acompañadas de vino, ritual que entronca con las enhorabuenas con que se agasajaba a los mayordomos de las cofradías burgalesas 3. Desdibujado el móvil del ritual, se ha recogido en Yésero una costumbre parecida; consistía en que para Reyes las mujeres de dos casas vestían un ramo con cintas y galletas para pasarlo a continuación entonando un canto improvisado a las de otras dos casas del pueblo; posteriormente todas las mujeres se comían los dulces del arbolito mientras que paralelamente los hombres celebraban una fiesta en la casa del pueblo 4. No es arriesgado afirmar que tanto los cofrades de Larrés como las mujeres de Yésero utilizaban fuera de contexto un viejo ritual corriente entre los pueblos de Europa y del Pirineo -el de los pequeños mayos, decorados con primor a base de huevos, pastas, cintas, etc.- y cuyo simbolismo se puede situar en una ofrenda propiciatoria a las divinidades florales de la cosechas.

En Santa Quiteria (Abena)

A 1.160 m., en la divisoria de aguas entre el valle de Abena y la Val estrecha, se halla la ermita de Santa Quiteria, a la que hasta 1930 subían los pueblos de Abena, Binué, Jarlata y Sasal, dejando de hacerlo los tres últimos a partir de esta fecha por insolidaridad con el primero a la hora de efectuar reformas en la ermita.

Aunque acudían tres veces al año (San Antón de Enero, Santa Quiteria de mayo, y el 14 de septiembre o día de la cofradía), en las tres ocasiones una cofradía común a los cuatro pueblos estructuraba los actos, especialmente para San Antón y para el 14 de septiembre, en que sólo participaban los cofrades.

Este, como otros muchos casos, constituye un ejemplo de la .constante: "templo armonizador de vecindad, erigido en la divisoria geográfica".

En las tres romerías solamente comían en el comedor del santuario los cofrades. Para San Antón, a veces con bastante nieve, subían en la víspera dos miembros de la cofradía de sendas casas y preparaban judías blancas que servían cocidas al resto de los hermanos al día siguiente, para seguidamente rezar el rosario.

El 14 de septiembre se designaba para el año siguiente a las dos casas de sendos cofrades que se ocuparían de la comida del día de San Antón, del mantenimiento de la ermita y de los caminos.
Independientemente cada uno de estos pueblos tenía su cofradía; en Abena: la cofradía del Rosario, que contaba con un rebaño de ovejas cofradieras y cuyas borregas subastaba para fondos.

Continuará

1 R. LEANTE, Culto a María en la diócesis de . Jaca, Lérida, 1889.
2 LB. MARTÓN, en Sumaria investigación (...) del célebre santuario de Santa Elena (...), Zaragoza, 1749, pp. 79-80, indica ya la irregularidad con que asistía en el siglo XVIII a dicho santuario la Baronía de Larrés, quien a causa 'de la nieve había trasladado la romería del tercer día de Pascua de Resurrección al primer domingo de mayo.
3 María 1. TEMIRIO y C. PADILLA, "Advocaciones marianas vinculadas con el paisaje rural", Narria, núm. 28, pp. 29-30.
4 Informante: Josefa SALVADOR ORÚS, nacida en 1902. Recuerda una melodía inventada por las mujeres para este acto: "Tenga este ramo señora / téngalo de buena gana /que viniendo d'o Furco / lo he cogido en Lalaplana". Mientras los hombres comían ajo arriero y el Ayuntamiento ponía dos cántaros de vino.
5 R. VIOLANT I SIMORRA, "Panes rituales, infantiles y juveniles en el nordeste y levante español", Obra Oberta; 1,1979, Barcelona, 1979, pp. 272-320.