Las láminas anatómicas de Santiago Ramon y Cajal

Muchos lectores de don Santiago Ramón y Cajal conocen la afición a la pintura y al dibujo del sabio alto aragonés, pero son muy pocos los que han tenido la oportunidad de contemplar alguna de sus obras más significativas. En sus Recuerdos, don Santiago no escasea comentarios sobre estas aficiones artísticas, ya manifestadas a la temprana edad de ocho años, cuando sentado en el lindero de cualquier camino, afirma que "copiaba carretas, caballos, aldeanas y cuantos accidentes del paisaje me parecían interesantes". Los bocetos del Castillo de Loarre, y de la ermita de Casbas, tan próximos a su casa de Ayerbe, demuestran unas cualidades artísticas y de imaginación superiores a las de otros muchachos de su edad. Sin embargo, el conocido dictamen del rebotador de Ayerbe, emitido a la instancias de don Justo, sobre los dibujos de su hijo no pudo ser más contundente y desalentador: "el chico jamás será un artista". Un juicio agrio y despectivo que nunca fue perdonado por Cajal.

En Huesca, mientras estudia. el bachillerato se asienta la pasión artística del joven Santiago. Los crueles castigos y humillaciones, que idea su padre, ni logran cambiar su comportamiento arriscado ni, mucho menos, quiebran las pasiones artísticas del joven Cajal. Pero tampoco el catedrático de dibujo del Instituto oscense, don León Abadía, valedor de los incipientes dibujos de Santiago, logró convencer al terco don Justo de la capacidad artística de su hijo. Para entonces, don Justo ya había decidido que el discurrir vital de Santiago estaba en la Medicina.

En Cuba, adonde acude Cajal atraído más por su afán de aventura que por vocación castrense, don Santiago dedica sus ratos de ocio a la pintura y a la fotografía. Los tonos variados de la manigua y de las trochas, el ajetreo y la vida cotidiana de los puestos militares, se irán plasmando en bocetos y fotografías. Es en estas acuarelas sobre la pintoresca gran Antilla en los paisajes alto aragonés es de Panticosa y de San Juan de la Peña, adonde acude enfermo tras su regreso cubano, donde Ramón y Cajal empieza a mostrar su madurez como pintor. Serán, sin embargo, sus pinturas anatómicas, con las que alcance su máxima perfección artística.

Como otros anatómicos, don Santiago utiliza la forma humana como expresión fundamental del Arte, manifestada, unas veces, por la visión superficial, casi bioscópica de la exterioridad del cuerpo; otras, por una visión más profunda, casi disectiva, de sus órganos internos. Trasladadas al dibujo, la primera rendirá servicio a la plástica del desnudo, apenas practicada por Cajal; la segunda, más didáctica, a la ilustración anatómica. Sin ninguna duda, los dibujos anatómicos de don Santiago corresponden a la de uno de los grandes ilustradores anatómicos del siglo XIX.

Cajal conoce que toda obra de arte responde a una razón. Por eso, dentro de su finalidad práctica, estos dibujos cajalianos son una síntesis de conocimientos anatómicos concebidos con una apasionada sensibilidad artística. En ellos se translucen los secretos deseos del médico y del artista. Como artista plástico, su pintura intenta, ante todo, recrear un espectáculo de belleza; como anatómico, más didáctico, ha de resignarse a transmitir una realidad natural: la del cuerpo humano. Por ello, no extraña que don Santiago se interese en estas pinturas, sobre todo, por la musculatura más superficial y por conseguir un cuidadoso repertorio dinámico de expresiones gestuales y posturales; sin olvidar que, como anatómico, sus dibujos precisan penetrar más en la profundidad del cuerpo, en una organización más íntima y más estática del mismo.

Sus láminas anatómicas, conservadas en la Universidad de Zaragoza, componen una de las colecciones artísticas más importantes de la Historia de la Medicina. Realizadas en acuarela muy densa 1, sobre un papel grueso de tonalidad azul, se encuentran encuadernadas en madera revestida de arpillera y cuero. Dos cierres metálicos ayudan a mantener prensadas estas láminas. Su reciente restauración, unida al gran tamaño de las láminas, más de un metro de altura, y sobre todo su perfecta conjunción de colores confieren un aspecto monumental a estas pinturas cajalianas.

Más de una vez, como anatómico, me he visto obligado a hacer una valoración personal de estas láminas de Cajal. Al hacerla, me gusta destacar, primero, una de trazo firme y elegante, que reproduce la región lateral del cuello y de la cara, con la clavícula y los músculos superficiales resecadas, dejando al descubierto los sistemas vasculares, los nervios y la musculatura de la mímica. Otra, quizás la más bella y trabajada de toda la obra anatómica de don Santiago, contiene una disección profunda de la cara y cuello, que permite seguir la salida y el trayecto de algunos vasos y nervios craneales. La tercera, una acuarela bastante colorista, representa un corte medio de la cabeza y cuello, con pormenorizadas secciones de las cavidades craneanas, respiratorias y digestivas. Las tres láminas, en su extrema inferior derecha, llevan como firma S. Ramón.

Sin embargo, el grafismo de Cajal alcanza mayor maestría y personalidad en la representación microscópica de las estructuras nerviosas del cerebro, el cerebelo y los sentidos. Dibujos muy sencillos realizados al principio, como él mismo relata, con un lapicero duro y otro blando, a los que paulatinamente fue añadiendo la acuarela, la plumilla y la tinta china y en los que respetando la forma histológica esencial, acaban derivando hacia un concepto de trazo libre más expresivo y vitalista. Los más de ochocientos dibujos incluidos en su monumental Textura del Sistema nervioso, llenos de dinamismo y perfecta esquematización, su originalidad científica y estética, me siguen recordando el reencuentro permanente del sabio y el artista.

Durante su época de catedrático en la Facultad de Medicina de Madrid, don Santiago preparó con estos dibujos una serie de murales didácticos. Estos esquemas, delineados y dirigidos por Cajal, fueron pintados y trasladados al mural por el artista R. Padró, como se comprueba en las firmas que figuran en ellos. Seis de estas láminas, reproducidas en hule, se conservan en la Facultad de Medicina de Madrid; otras dos se encuentran en el Departamento de Anatomía e Histología de la Universidad de Zaragoza y en el Museo de la Facultad de Medicina de Valencia.

El guardado en Zaragoza, representa un corte microscópico del oído interno. En su parte superior, Cajal plantea una visión general del caracol, con las rampas y el conducto coclear. Más abajo, don Santiago se centra en las células del órgano de Corti. Todas las estructuras del dibujo pueden identificarse acudiendo a la explicación, preparada por el mismo Cajal, al pie de cada mural. Estas rotulaciones y la sencillez conceptual de este y de los restantes murales, convierten a estos hules en un documento pedagógico excepcional para la Historia de la Medicina española.

Cajal nunca desertó de su afición a la pintura. Ya reconocido investigador neuroanatómico aun pintó para su despacho algunos óleos anatómicos, como los conservados ahora en el Instituto Cajal de Madrid. En su álbum artístico, aun conservado, los héroes y los tenebrosos paisajes románticos de su infancia, dan ahora paso a algunas acuarelas del retiro madrileño y a diversos apuntes con desnudos femeninos. La fotografía, que ocupa en estos años buena parte del tiempo libre de Cajal, al mismo tiempo que satisface sus inquietudes artísticas, le permite extender sus investigaciones para la consecución de originales en color. De esta época son varios bodegones plasmados con una técnica fotográfica tricrómica ideada por él mismo. Pero también queda un espléndido bodegón, pintado al óleo, conservado aun por su familia, que da testimonio de la madurez que como pintor había alcanzado don Santiago. Sólo cabe preguntarse, como final, que hubiese aportado don Santiago Ramón y Cajal a la pintura española si su vida, como anhelaba de niño, se hubiese dedicado por completo a la pintura.

1 La reciente restauración de estas pinturas cajalianas en el Instituto Nacional de Restauración de Bienes Históricos, de Madrid, se inclinan a considerarlas pintadas con tiza.