Abenilla en la Edad Media y en el siglo XVI

La Torre Fuerte.

La parte inferior del campanario es una de las torres fuertes más interesantes de la Comarca, dentro de la tipología exclusivamente defensiva -Abenilla era Lugar de Señorío Monástico-, y por lo tanto en una categoría diferente de aquellas que también sirvieron como viviendas de los señores, y que en consecuencia exhibían -y exhiben todavía- en sus paramentos, además de aspilleras, hermosos vanos -Lasaosa; ya desaparecidos-, o detalles propios de la edilicia en sus interiores: columnas de traza renacentista -Laguarta-, o ventanas miraderas con posillos -Gillué, Laguarta, Artosilla-, En su misma adusta línea, como diría Guitart, están las torres de Yéspola y de Matidero, ambas de otra rama de la Familia Villacampa, de menores dimensiones, y la vieja de Laguarta, embutida en el edificio ubicado bajo la iglesia.

La torre de Abenilla, adosada al costado norte de la Iglesia Parroquial, es un modelo sencillo de prisma rectangular, cuya planta es discretamente trapezoidal, cuyos muros norte y sur miden 5,45 m., y los este y oeste algo menos de 5,20 m. Su altura -el cuerpo inferior está actualmente empotrado bajo el plano del piso de tierra exterior, debido al continuo desplazamiento de una era- es de unos 17 m. Se divide interiormente en cuatro plantas, con pisos olladeros, lo que se advierte en seguida por el exterior, debido a la distribución de los vanos y aspilleras.

El acceso a la planta inferior, que se convertiría en sacristía de la primitiva iglesia románica -la puerta se abriría en el tramo del presbiterio del primitivo templo, pero en la actual iglesia junto al coro alto de los pies, ya que se invirtió el altar mayor- se hacía por una pequeña puerta adintelada, que permanece tapiada desde finales de los años treinta. Este tramo cubre con una potente bóveda rebajada, y está iluminada por dos estrechos vanos de desarrollo horizontal, con gran derrame, que se abren en los muros norte y sur en el mismo arranque de la bóveda. El único acceso que existe en la actualidad es a través de uno de estos vanos. Los muros de este nivel sobrepasan los 90 cm. de espesor. No había comunicación por tanto con los pisos superiores. La siguiente planta, con aspillera centrada al norte, y ventanuco al oeste, con reciente acceso desde el exterior, no tendría mas misión que la de servir de refugio y almacén, y aumentar la altura del auténtico cuerpo defensivo, situado imnediatamente sobre ella. El acceso de hacía directamente a este piso, por medio de una escalera de mano desde el tejado de la iglesia, que permitía el ingreso por medio de una estrecha puerta situada en el muro sur. Dos aspilleras en cada lado ponen de manifiesto su vocación de fortaleza. Todavía mas arriba se levantaba una última planta, completamente ciega, cuya finalidad sería mas bien disuasoria, al aumentar la altura, y que hubiese suficiente espacio para albergar a los habitantes del pueblo durante las pocas horas que duraban los ataques.

La Portada de la Iglesia Parroquial de San Martín.

El único ingreso al templo es la portada que se abre en el muro oriental. Es un magnífico ejemplar de medio punto, con elemento de tradición renacentista, pero ejecutado ya en pleno momento del barroco.

Consta de dos partes claramente diferenciadas: el tímpano triangular, y la portada propiamente dicha, flanqueada por dos pilastras. Estas últimas, con dibujo de los casetones próximo a los grutescos, recuerdan a otras muchas del entorno altoaragonés, de las que las más antiguas, fechadas precisamente en el siglo XVI, se encuentran en el Hospital de Jaca. El arco presenta una serie de molduras concéntricas cóncavo-convexas en gradación, que se prolongan en las jambas. La clave tiene un curioso relieve que representa unas cabezas de angelotes, en medio de una explosión vegetal que obviamente pertenecen al siglo XVIII. Los motivos vegetales de las enjutas son igualmente barrocos, y reflejan que el maestro conocía muy bien la portada de la Iglesia del Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña.