Los sonidos de estas notas son la voz, a modo de reflexión, que se escuchan y perciben al recorrer los caminos que discurren a través de los campos que nos conducen por la ruta de Serrablo. Nada interrumpe el silencio. De Norte a Sur -de San Bartolomé de Gavín hasta Arruaba, pasando por la casa del Batanero- y de Oeste a Este -del Castillo de Larrés hasta San Juan de Busa- el eco del trabajo bien hecho y del sacrificio y aportación artesanal y económica de unos pocos, es la voz del silencio que nos acompaña en nuestro caminar.
Donde hasta hace poco había ruinas, donde a pesar de su resistencia a la naturaleza y al hombre, habían saltado a pedazos cubiertas y muros a lo largo de muchos años, hoy, en ese deambular, nos es emocionante contemplar no solamente algo reconstruido, sino la belleza de lo que en su día fue y que, al igual que en su tiempo hicieron los Maestros de Obras, -sí, lo pongo con mayúsculas- los que han hecho posible que se mantengan en pié estas joyas arquitectónicas, supieron unir artesanía e información "boca a boca" a la vez que rescataban documentos de archivos, para rehabilitar estos edificios en un país como el nuestro en el que la memoria no es nuestra más elevada virtud.
Todos estos edificios, sin lugar a dudas, tienen una relevancia histórica por si mismos y, con buen criterio, no se contempló trasladarlos a otros lugares, sino que habían de quedarse allí, en el lugar donde inicialmente fueron ubicados, aunque el entorno ya no fuera el que fue.
No importaba que los equipos que realizaron la reconstrucción, e incluso la restauración, de estos pequeños pero importantes monumentos históricos no pertenecieran a ninguna escuela oficial de restauración, para que efectuaran una actuación objetiva, refiriéndose más al objeto que al sujeto. Todos ellos, lejos de estar adscritos a una determinada teoría, lo estaban al edificio en sí mismo que habían de reconstruir, respetando su entorno y su historia, asi como sus consecuencias; sin duda, entre estas últimas estuvieron las económicas, pero siempre predominando el respeto a lo que había, a lo que quedaba. Fue, y es, un trabajo efectuado en contacto con la gente y con la historia. Un estudio físico inicial les marcaba la pauta de la manera constructiva a seguir, variándola a veces al descubrir sobre la marcha la aparición de restos de actuaciones anteriores que poco o nada tenían que ver con las originales.
Estas y muchas otras vicisitudes las sufrieron a lo largo de lento proceso de reconstrucción los equipos iniciales de los Amigos del Serrablo, los cuales hicieron posible que hoy podamos admirar estos edificios y no un montón de piedras diseminadas, cuando no formando parte de muros en edificios próximos. Estos comentarios son como consecuencia de las notas que he ido tomando a lo largo del tiempo y de las conversaciones mantenidas con algunos miembros de los equipos de trabajo y muy principalmente con su promotor y principal realizador Julio Gavín Moya.
Se ha dado la circunstancia de que la cuenca del Gállego, desde Biescas aguas abajo, hasta pasado Sabiñánigo, por un lado perdía importancia como zona habitada, fenómeno este que por conocido no se analiza en estas reflexiones. Pero por otro lado, dicha cuenca adquirió renombrada importancia por motivos culturales debido a la aparición de la llamada Ruta del Serrablo, con reconocimiento nacional e incluso allende nuestras fronteras, como lo confirma el recientemente otorgado premio Europa Nostra.
Pero aún se siente una mayor admiración cuando se comprueba que todo el trabajo realizado, magnífico a mi entender, no se ha limitado a una mera reconstrucción de los edificios, sino que ha sido una auténtica rehabilitación, es decir se han habilitado de nuevo, para darles el uso que antiguamente tenían, como en el caso de la iglesia de Lárrede, con la celebración de misas de rito mozárabe. u otros usos culturales, como son los de los museos del Castillo de Larrés y de la casa Batanero, con dedicación al dibujo y a las artes populares del Serrablo respectivamente. Y si en el segundo caso se han coleccionado herramientas de uso cotidiano de toda la comarca y que de otro modo se hubieran perdido, en el primero, la colección de dibujos, buena parte de ellos expuestos, hace que sea única de este género en nuestro país. Se ha de destacar que ambos museos poseen una gran biblioteca, cada uno en su especialidad, de dibujo en el de Larrés y de arquitectura tradicional en casa Batanero, que con tesón y paciencia han ido formando y que hoy son un referente para la consulta de estudiosos en los respectivos temas.
A mi entender, en estos usos está el principal mérito de aquellos iniciales promotores, hoy ya muchos más en la Asociación Amigos del Serrablo, si bien siguen siendo unos pocos los que en realidad trabajan y promueven actos culturales: exposiciones, publicaciones, conciertos, publicación del Boletín, etc.
A veces han de ser de fuera los. que valoren lo nuestro, a la vez que nuestros paisanos no lo aprecien en su auténtico valor. Con estas reflexiones, motivadas por la concesión de la medalla de Europa Nostra, en convocatoria realizada en el pasado año 2002, hemos querido aproximamos a la comprensión de la ingente labor que de forma anónima han llevado a término una serie de personas y cuyo trabajo continúa en la actualidad con entusiasmo renovado por el reconocimiento de entidades públicas y privadas a tan ingente labor, permitiendo así que se lleven a cabo determinados actos culturales e incluso patrocinando magníficas publicaciones.