Querido Javier

Imagen de Amigos de Serrablo

Es curioso, en todos estos años nunca te he escrito una carta pero ahora, hay tantas cosas que me gustaría decirte y tantos momentos en los que marcaría tu número de teléfono para pedirte tu opinión.

¿Sabes?, es difícil acostumbrarse a tu ausencia, a que no des tu opinión en decisiones tan aparentemente simples como el mantener una actividad al aire libre en un día nublado o en asuntos mucho más serios: el cálculo del presupuesto de cultura para el ejercicio siguiente, que por cierto casi se duplicó mientras estuviste de Concejal, la necesidad de contratar personal, (¿ Te acuerdas?, cada vez éramos más traba­jando contigo y siempre faltaba alguien) y aquellas discusiones sobre qué progra­mar o cuando y donde hacerla.

También te echo de menos, cuan­do surge una nueva idea. Me gustaba tu entusiasmo sereno, tu firme decisión a la hora de sacar los proyectos adelante y sobre todo te añoro cuando una actividad se pone en marcha. Tu siempre estuviste,tanto en tus tiempos de concejal como cuando todavía no tenías ni pensado serlo. ¿Se ha hecho alguna vez algún acto cultural en Sabiñánigo sin que tu estuvieras?

Son muchos años, muchas viven­cias compartidas y sobre todo muchas cosas aprendidas, de las que creo no haberte dicho nunca nada, pero ahora hay algo que quiero que sepas: mi gran respeto por ti, por tu trayectoria, tus principios y tu alto grado. de compromiso con tu ciudad, por tu gran discreción y sobre todo por la lección de dignidad que nos has dado a todos en estos últimos tres años, haciéndonos tan fácil vivir con una situación sumamente dolorosa, que a menudo hacías que quedara diluida gracias a tu tesón, tus ganas de vivir y tu trabajo continuo. ¿Recuerdas la última conversación que mantuvimos la misma semana en la que te fuiste y en la que repasamos todos los temas de trabajo que estaban pendientes?

Trabajar contigo ha sido un privi­legio que estoy segura valoramos todos aquellos que de una forma u otra lo hemos hecho, pero además en mi caso quiero agradecerte el haberme permiti­do conocerte en el terreno personal.

Es obvio que tu ahora no estás aquí, pero quiero que sepas que esto es algo relativo, tu huella si lo está y es indeleble.

Mª José Latrás


Han pasado casi tres meses desde tu marcha, y cada vez que me siento en esta silla, tecleando frente a esta pantalla que durante tanto tiempo hemos compartido, siempre me acuerdo de ti y siento por todo el cuerpo una extraña sensación.

Han sido muchos años desde que coincidimos en el mismo departamento en la fábrica, muchos cafés a la salida del trabajo con nuestro buen amigo Santiago, y todos estos años en esta Asociación que tanto amabas, haciendo que nos sintiéramos a gusto y unidos. Mucho tiempo.

Desde el día en que me llamaste a tu casa -y con semblante tranquilo me dijiste: tengo dos noticias, una buena y otra mala. ¿Por cual empezamos?- hasta el pasado 21 de Marzo no ha dejado de maravillarme la gran entereza con la que has llevado tu enfermedad. A mi y a todos. Casi bromeando con los "rompimientos de esquemas" de tus médicos, siempre pensando en la vuelta al trabajo. Realmente admirable. Otros seguro que nos hubiéramos hundido en un profundo pozo. Pero tu, amigo Javier eres así de raro.

Cuando nos despedíamos, siempre lo hacías con un... continuará... y sí, esto continúa, pero sin ti.

Te echamos en falta.

José Manuel Ara.