Premios Europa Nostra 2002

El pasado nueve de mayo, tuve el privilegio de asistir a la entrega de premios de la Unión Europea y de la Asociación Europa Nostra en materia de Patrimonio Cultural, sencilla y a la vez protocolaria ceremonia a la que pocos tienen la oportunidad de acudir, teniendo en cuenta que para ello hay que ser merecedor de uno de los premios que en las distintas categorías y especialidades se entregaban. A parte de las autoridades, los representantes de las distintas secciones nacionales de Europa Nostra y un reducido número de invitados de honor, solo podían asistir dos representantes por cada uno de los premios.

Resultaba pues, doblemente satisfactorio para una persona como yo que he hecho mi profesión, una de mis mayores aficiones, el interés por la defensa y conservación del patrimonio arquitectónico, asistir al acontecimiento europeo más importante en esta materia y además hacerlo con el reconocimiento que supone la concesión de un premio a un trabajo realizado. En mi caso acudía a Bruselas al premiarse con una medalla en la categoría de realizaciones en el patrimonio arquitectónico, un trabajo hecho por un reducido y profesional grupo de personas, con el entusiasmo del propietario del inmueble D. Jesús Gómez Morante a la cabeza, y entre las que me encontraba como arquitecto autor del proyecto. Se trataba de la recuperación y restauración de un antiguo lagar de aceite y su reconversión como Museo del Aceite, obra que se ejecutaba además en mi pueblo natal, San Felices de los Gallegos, localidad de apenas unos seiscientos habitantes situada al oeste de la provincia de Salamanca en la "raya" con Portugal. Al tener conocimiento de mi asistencia al acto y ante la imposibilidad de acudir la Asociación Amigos de Serrablo, su presidente D. Julio Gavín Moya se pone en contacto conmigo para que en su representación recoja la medalla con la que se premia a la asociación, en este caso no por una obra concreta, sino por toda una labor a lo largo de los ya más de treinta años transcurridos desde su constitución. Por supuesto que acepté encantado la misión que se me encomendaba, sobre todo cuando conocí, a través de la documentación que se me remitió desde la asociación, el trabajo realizado, pudiendo comprobar la importancia y complejidad del mismo, en una zona deprimida y con unos problemas similares a los que tiene ésta en la que yo nací y vivo en la actualidad. Fundamentalmente para un patrimonio tan difícil de mantener como es la arquitectura popular, cuando falla su principal fundamento, las personas que lo utilizan y las funciones que lo motivaron. Pero esta labor no queda ahí, sino como sabéis se extiende a la difusión cultural, organizando dos importantes museos, y otro tipo de actividades que hacen de la Asociación un organismo vivo y totalmente actual.

La satisfacción se convirtió en honor cuando una vez recibido el premio, pude recoger las felicitaciones de numerosas personas de las mas variadas nacionalidades, que conocían el trabajo de los Amigos de Serrablo y se interesaban por él. El acto de la entrega de premios resultó particularmente emotivo. Bajo la presidencia de honor del Príncipe Lorenz de Bélgica, se celebró en un recoleto Salón de Espejos del Palacio Egmont de Bruselas, donde una vez colocados todos los asistentes por riguroso orden según el protocolo, dio comienzo el mismo, con sendos discursos de la Comisaria Europea de Educación y Cultura, Dña..Viviane Reding y el Presidente Ejecutivo de Europa Nostra, D. Otto von der Gablentz, quienes pusieron de manifiesto la importancia de los premios y lo que éstos suponían, no solo en cuanto a las realizaciones materiales que cada uno de ellos representaba, sino a lo que en su conjunto representan como vehículo de unión e intercambio cultural de una Europa cada vez mas unida y solidaria. En este sentido se habló de la unidad cultural europea en contraposición a la Europa de los mercaderes, la Europa unida tan solo por los intereses comerciales y económicos. Resultaba especialmente emocionante ver allí representados a tantos países unidos por un interés común, la defensa del patrimonio cultural común de Europa.

A continuación se fueron entregando uno a uno, todos lo premios, medallas y diplomas correspondientes al año 2002 de los que nuestro país resultó particularmente galardonado al llevarse tres de las 12 medallas que se entregaron, una para el plan director de la catedral de Vitoria, otra para los Amigos de Serrablo por toda su labor realizada a lo largo de los años y otra para el Museo del Aceite de San Felices de los Gallegos, además de otros dos diplomas para el Mercado del este de Santander y otro para el Puente Colgante de Bilbao.

En fin, toda una satisfacción personal para mí, que espero compartir con todos los Amigos de Serrablo, a los que felicito sinceramente por todo el trabajo realizado en una materia tan importante como es la defensa y conservación de nuestro rico patrimonio común y por supuesto por el reconoci­miento que supone la medalla conseguida, que aunque no sea el primero y espero que tampoco el último de los premios que se os concede, si es uno de los mas importantes que podéis recibir, enhorabuena.