Apodos Altoaragoneses

El trovo comienza en los lugares de eje fluvial del Gállego y después- se adentra en la geografía de aluvión de la Guarguera.

Fanlo es una pardina aneja al lugar de Ipiés. Es posible que el pastor fuera oriundo de ese lugar, o al menos estuviera ahí apalabráu de pastor. Esto se deduce del carácter ditirámbico y principiador del verso alusivo a Fanlo. Paradójicamente también podría ser producto de la capacidad satírica del pastor creador del trovo. Los trovero s montañeses más propendían en sus creaciones literarias a la causticidad que a la galantería.

A los del Castillo de Lerés, casa agropecuaria aislada de gran fundo patrimonial, les decían cascabeles y cascabeleros. En las romerías supramunicipales uno de los símbolos expresivos de la riqueza lo constituía la osten­tación de ricos enjaezamientos de las caballerías y uno de los aderezos mas peculiares eran los cascabillos o cascabeles. Cascabelero en sentido figurado equivalía a ostentoso, vanidoso.

A la gente de Ipiés los llamaban pajaslargas. En la comarca no hemos hallado un motivo de la causa originaria de este apodo. Las gentes entrevistadas hacían asociaciones semánticas diversas: según unos tal vez el apodo aludiera a la estatura aventajada de los vecinos. Según criterio de otros tal vez tuvieran la costumbre de sembrar más centeno (cereal de lo caña más larga) que en otros lugares circundantes. A veces las hipótesis provienen de un fondo mental y cultural y no son vanas especulaciones.

Los de Abenilla eran los montenidos. Abenilla es un lugar anfractuoso, típicamente montañés, rodeado de un entorno agreste y quebrantado. El lugar mismo está emplazado en un desmonte y al lado de donde aflora un hondo barranquizo. Es un apodo de carácter fisocrático­geográfico.

Los entrevistados de la localidad de Lasieso tenían un concepto geográfico-productivo muy pésimo de toda la tierra de la Guarguera, a la que definían como un territorio agraz y hostil y en concreto el lugar de Abenilla les parecía de hábitat difícil, arduo y poco favorecido desde el punto de vista de la explotación de los recursos del medio. Un informante de Lanave nos comentaba:

"estaban entremeyas del monte y en costera y tenían que acapizar solo con salir de casa". Los de Abenilla recibían además el sobrenombre de estravios. Puede ser que aludiera a la situación retirada y arcana de la población con respecto a otras que se hallaban más cercanas a la vera del río Guarga.

A los de Castiello de Guarga se los conocía como torres -según el trovo- y como altas torres según se desprende de otras indagaciones. El término que bautisma al pueblo -castiello- alude a lugar fortificado medievalmente. En muchas aldeas montañesas había casas toreadas de carácter defensivo, como acontece en varios lugares de la Guarguera. Un informante del mismo Castiello nos comentaba que antaño en la aldea hubo una casa torreada -casa "Ciprés" - y recuerdan que un año que obraron los dueños de la mansión se cayó el baluarte defensivo. Otros aseguraban que en la llamada casa "Oliván" también existió una torre de carácter militar. Un vecino oriundo de Belarra nos dió otra versión para fundamentar las causas del apodo y ésta se basaba en la ironía, ya que la torre-campanario de la iglesia románica de Castiello de Guarga es de menguada estatura y por chungonería el vate del trova aplicaría lo de altas torres.

A los de Villobas los apodaban ganaderos. En la zona nos comentaban que en esa aldea siempre habían tenido ganado en abundancia. El apodo debía tener un carácter crítico y despectivo ya que nos contaron que los de esa aldea no entendían el oficio y para plasmar esa incapacidad pastoril del vecindario aducían que no sabeban ni tener o tocho drecho. El palo -tocho- de pastor parece ser que era la expresión simbólica de la sabiduría pecuaria.

De los de Artosilla se decía que' eran zapateros. Zapatero, en sentido translaticio, equivalía a torpe en las técnicas de trabajo en cualquier oficio o encomienda y poco habili­doso manualmente. Zapatero, zaborrero, es parejo a desastrado y torpe. Quedase uno zapatero era ser el último en todo. Ejemplo: jugando al trinquete -pelota vasca- quedarte zapatero significaba no haber conseguido un solo tanto. Vemos que la adjetivación de zapatero define lacfalta de destreza y aptitud. A los de Arto silla, como sólo eran tres o cuatro casas de vecindad, se los conocía con el sambenito somarda de grande villa.

Cerésola está en el solano de la Guarguera, en un emplazamiento altivo sobre el curso fluvial. A los de Cerésola los apodaban los zotaperros. Según otra versión eran los estozaperros. Los lugares que están en alto y sobre algún derrocadero sacrificaban a los canes arrojándolos al abismo. El campesino y el pastor no trataban con demasiada complacencia a los perros domésticos, para que no adquiriesen vicios y cayesen en la lasitud. El utilitarismo en la sociedad tradicional era una regla de fe y todos los integrantes de la casa debían cumplir con una funcionalidad. Los perros debían acompañar al amo al monte y además ser avezados sabuesos y cazadores. Cuando no cumplían esa misión eran sacrificados sin contemplaciones. La causa originaria del apodo no la pudimos obtener, pero si el apodo no obedece a una facecia municipal, es posible que tuviera que ver con esa "funcionalidad" cultural.

A los de Fablo les decían gente basta. En la sociedad tradicional la rusticidad era un fenómeno social común. No existían medios de refinamiento y se vivía naturalístamente, siguiendo las sagradas pautas de la naturaleza. Al parecer los de Pablo descollaban en ese aspecto. Para ahondar más en la rusticidad y emblematizarla en una vicisitud municipal a los Fablo se los apostrofaba como los del lugar dio peine. Y se hablaba de un suceso comunal extravagante, según el cual el vecindario sólo tenía un peine comunal, que era usado por todos los vecinos a redolino o turno. Con esa hipérbole se resaltaba el carácter tosco, desa­seado y greñudo de las gentes.

De los de Fablo también se decía que eran los zaragozanos o Zaragoza la pequeña. No sabemos la causa, aunque es probable que estuviera vinculada a la mordacidad, ya que los de este lugar estaban entre montañas, aislados y sólo comunicados por sendas de herradura. Compararlo a una ciudad de valle resultaba pintoresco.

A los de Fablo también se les aplicaba el pseudogentilicio de pan floríu o florecido. Dejarse florecer el pan en una sociedad auto suficiente era algo pecaminoso y execrable. La musa popular ha conservado el dato de que a los habitantes de Fablo les sabía a cuerno quemáu que les mentasen ese apodo, que ellos consideraban un improperio vejatorio de honor comunal. Al parecer el apodo de pan floríu estaba en relación con el contenido de un apólogo tradicional: "En cierta ocasión pasó por el lugar de Fablo una cuadrilla de segadores ribagorzanos, en concreto oriundos de La Puebla de Castro. Alguien de la cuadrilla sabía que a los de Fablo les encarrañaba muito que los apodasen pan floríu y al llegar a las casas de la aldea los de la cuadrilla, chuscos, lo pregonaron a coro y decían con sorna... "oiga nos darían una miqueta de pan floríu"... Los del lugar de Fablo, sintiéndose ultrajados, salieron con tochos, estacas y forcas y encorrieron a los cuadrilleros hasta las inmediaciones de La Mesoneta, ya en término de Gillué. Allí como acababa su jurisdicción territorial se recularon. Los de la cuadrilla, agotados por la persecución se recuperaron del resuello y entonces un cuadrillero reprochó al que había ideado la burla... por ser tu tan charrador y malabirgen imosteníu iste trascamallo ­incidente, contratiempo-. Entonces el cuadrillero chungón le respondió... calla hombre de Dios que aún nos ba fe un favor istos santoshombres, que si como nos han acompañáu hasta La Mesoneta nos acompañan todo el día, llegamos a la Puebla temprán, temprán". Es posible que originariamente los apodos estuvieran basados en este tipo de sucesos jocosos.