La concesión de la medalla de Europa Nostra (2002) es una buena razón para hacer dos cosas: la primera agradecer, la segunda pensar.
Como dice el dicho, de bien nacidos es el ser agradecidos. Estamos convencidos que hay que agradecer a todos los socios la propia existencia e historia de la Asociación Amigos de Serrablo. Sin cada uno de los que han colaborado, esta organización no sería como es. Cada quien con su aportación. Unos sólo habrán pagado, -más o menos-, religiosamente su cuota. Otros habrán participado en distintos momentos y actividades. La mayoría nos sentiremos orgullosos por los resultados de los socios más activos y dinámicos, que han sabido hacer de la asociación lo que ahora es. También es cierto, -como todos sabemos y hemos de reconocer-, que la asociación Amigos de Serrablo no sería lo que es sin personas concretas que han puesto desde las piedras en las iglesias, los planos, las hojas de la revista, los sobres, las fotos de las exposiciones, las piezas de los museos, las cartas aquí y allá...
La vida de la asociación ha pasado por las manos y voluntades de un grupo de personas que todos conocemos. Unos ya se han marchado para siempre, a ellos seguro que también les dará gusto saber que el esfuerzo de estos años es reconocido. Otros seguimos por este mundo, con el reto de mejorar lo mucho de bueno que ya se ha hecho. Para poder conseguido, la clave del éxito está en la fórmula empleada en.1as décadas pasadas: trabajo, constancia e imaginación.
Si a aquellos primeros que decidieron ponerse manos a la obra les hubiesen leído el futuro en una bola de cristal no se lo hubieran creído. Ni tampoco habrían podido encontrar un consultor o gurú que hubiese diseñado el camino a recorrer. La imaginación no tiene sólo la forma de la fantasía. Imaginación era ver las piedras espaldadas de San Juan de Busa y saber que podría levantarse de nuevo y prepararse para resistir el paso del tiempo. O los muros caídos del castillo y convertidos en una sólida construcción llena de dibujos que nunca soñaron con estar entre sus paredes. Pero esa forma de imaginar, es imposible si no va asociada de los otros dos elementos.
La constancia de la asociación -que todos sabemos a quiénes se debe - no ha sido un impulso o una moda pasajera. Sino lo contrario, tenacidad sustentada en el esfuerzo voluntario y sabedor de que las cosas bien hechas tienen el mérito en sí mismas. Constancia que es signo de distinción ante las muchas veces rácanas respuestas de quienes podrían haber apoyado más de lo que lo hicieron. Constancia, también, que ha sido capaz de llamar miles de veces para pedir lo que sólo se puede pedir cuando no se pide para uno. Constancia que es resistencia a la adversidad porque va acompañada de ganas y rasmia, mucha rasmia y empenta.
Con trabajo. Mucho trabajo. Porque en este caso no ha habido nunca una varita mágica o una billetera maravillosa que sacará las cosas de la chistera. El mero hecho de recolectar las piezas que se perdían en los lugares de nuestra comarca, rascar las paredes de las iglesias o sacar los escombros para que luego los piqueros . pudieran rematar la faena no salen de la nada. El trabajo invertido es lo que rezuman las obras de la asociación. Obras que van desde las piedras y ladrillos, a las páginas de los libros y revistas, pasando por las conferencias, charlas e incluso al soporte digital de una de las mejores web de asociaciones como la nuestra. Amigos de Serrablo es un sumidero de trabajo. Trabajo voluntario y sin ánimo de lucro. Un agujero sin fondo, donde por lo menos queda otro tanto por hacer.
Y en ese hacer hay un contrapunto. La asociación no hubiera podido hacer nada sin el apoyo de patrocinadores y colaboradores a los que se les ha ido siempre a pedir el dinero y los recursos que nuestra asociación no ha tenido nunca. Por eso es también muy importante reconocer su papel y agradecérselo. Las piedras de las iglesias, las losas de sus tejados, las piezas de los museos, los libros, ese largo etcétera de realizaciones ha sido posible porque empresas,entidades financieras, administraciones públicas han facilitado los recursos económicos necesarios. La concesión de la medalla de Europa Nostra es también un reconocimiento a ese apoyo. Del que nos hemos de sentir copartícipes todos, incluidos quienes dieron cantidades de diversa cuantía en ocasiones y fines distintos. Porque es el conjunto de la obra la que se asienta en el país y la que se reconoce desde fuera. El papel que desempeñan los mecenas y patrocinadores es fundamental para una organización como la nuestra. Lo ha sido y, sin duda, seguirá siéndolo pues sin ese poderoso caballero que es don dinero, las cosas se hacen pero con más dificultades.
Por eso también hay que pensar. Y pensar no es una tarea de diletantes. Es una tarea necesaria para poder trazar el rumbo sabiendo dónde se está y a dónde se quiere ir. Al menos, siempre que uno crea que las cosas no sólo suceden por azar. Amigos de Serrablo tiene que pensar en lo que sus socios sean capaces de proponer, pero también en algunos asuntos que están en la agenda de organizaciones similares. La pregunta clave es cómo seguir trabajando, esa se tendrá que responder en la práctica.
Pero además procede introducir dos elementos en la reflexión: uno la idea de responsabilidad social corporativa y otro la noción de capital social. Ambos conceptos están en el centro de los debates académicos y políticos sobre el futuro del estado del bienestar y de la organización de nuestro sistema social.
La idea de responsabilidad social corporativa es impulsada desde la Comisión Europea para promover un mayor compromiso de los actores sociales con el sistema de bienestar desarrollado en los países de la Unión. En este caso, la propuesta no es nueva en sus contenidos, pero sí en su orientación y dinamismo. Simplificando y resumiendo mucho: las pequeñas y medianas empresas, junto con las corporaciones tienen que ser conscientes del compromiso que tienen con la ciudadanía. Por eso, además de cumplir con la legalidad establecida, han de introducir un plus en su comportamiento. Pues los consumidores valoran, potencian y premian a aquellas organizaciones que se comprometen con las causas sociales, medio ambientales y culturales donde se insertan. Junto a lo cual, se incentiva a los gobiernos para que promuevan y favorezcan este tipo de comportamientos. De esta manera, el sector lucrativo empresarial entra en relación directa con las organizaciones sociales que no tienen ánimo de lucro para promover actividades comunes. Los primeros actúan de mecenas de los segundos. El abanico de actuaciones está abierto, unos y otros pueden buscar las formas que mejor convengan. La noción de capital social, más académica que la anterior y menos nítida en sus contenidos, se liga al grado de confianza y riqueza de recursos de una sociedad para afrontar su vida cotidiana. El capital social se formula como sus trato donde se asientan el resto de actividades de las redes sociales y desde el cual se genera la riqueza económica del sistema. Sin capital social, puede haber riqueza económica, pero no bienestar ni equilibrio, ni tampoco una buena sociedad. Hay más capital social cuando las redes de la propia sociedad civil se vertebran de formas múltiples, potenciando la reciprocidad y la redistribución de riqueza, el grado de confianza es alto y sus integrantes perciben su entorno como una buena sociedad, donde se puede seguir haciendo más para mejorar las condiciones.
Tanto responsabilidad social corporativa como capital social son dos conceptos que podemos ligar con el pasado y con el futuro de Amigos de Serrablo. El primero de ellos traza una vía de doble dirección donde nuestra asociación ha de desarrollar dos cosas: una, la puesta en valor de las obras realizadas y los proyectos que se puedan diseñar; otra, la búsqueda de financiación a través de patrocinio a corto y largo plazo que vincule a empresas con proyectos y realizaciones. El segundo concepto, -capital social-, sitúa a la asociación en relación con la sociedad serrablesa y su aportación a la mejora de la misma. En este caso, se sigue la huella dejada en las señas de identidad -somos serrableses-, en la recuperación de nuestra memoria colectiva, en la creación de dinámicas de cooperación social y en la capacidad de promover proyectos de larga duración. El reto es aunar más voluntades y esfuerzos de cara a dar continuidad lo ya alcanzado. En esto, se ha de trabajar para hacer visible lo evidente y para conseguir un mayor apoyo, -porque siempre es poco- de las administraciones públicas. Hay mucho que seguir imaginando, mucho en lo que seguir trabajando y mucha constancia que seguir invirtiendo para hacer de Serrablo y su entorno una mejor sociedad. El reto es de todos.