Huesca: Donación de un arca para San Urbez

El día 15 de junio de 1632, en la puerta del Santuario de San Úrbez, sito en el Valle de Nocito, ante el licenciado Diego-Gerónimo Gallán, Rector del Colegio Imperial y Mayor de Santiago, de la ciudad de Huesca -que era desde 1533 Señor temporal y Patrono de aquél, como heredero de las posesiones y rentas del Priorato de San Pedro, el Viejo-; Francisco Villacampa, Lugarteniente de Justicia de las Valles de Serrablo y Basa; Pedro Villacampa, Infanzón y Señor del lugar de Artosilla, ambos Síndicos y vecinos del lugar de Laguarta; Juan-Alonso Grasa, Síndico del lugar de Matidero y su Honor; Domingo Sampietro, Síndico y vecino de Torrelluala del Obico; Pedro de Salas, Síndico de Torruellola de la Plana; Jacinto de Arilla, Síndico de Secorún; Juan de Villacampa, Síndico de Xillué; Francisco Xavierre, Síndico de Ayneto; Domingo Pérez, Síndico de Fablo; Pedro Villacampa, Señor de Fanlillo y Síndico del lugar de Villacampa; Pedro Javierre, Síndico de Cerésola.

Y por la Valle de Serrablo: Miguel Campo, Bayle de la Honor de Nocito; Pedro Lasaosa, Síndico de Nocito, Pedro Grasa, Síndico de Bentué; Hipólito Val, Síndico de Used; Martín de Arnal, Síndico de Bara; Miguel Bail, Síndico de Azpe; Antón de Otín, Síndico de Abellada.

Y el magnífico Juan-Miguel Felices, ciudadano y Síndico de la ciudad de Huesca, el cual, en el inicio del acto, en nombre de su Concejo, dio de limosna y entregó a los dichos Rector del Colegio de Santiago y Síndicos de los Valles de Serrablo y Nocito, un arca guarnecida de terciopelo carmesí por fuera, y por dentro de damasco también carmesí, con guarnición y clavazón doradas y esculpidas en ella las Armas de la ciudad, a efecto de que pusiera en ella el cuerpo del glorioso San Úrbez; la que recibieron los antes nombrados haciéndole constar que con esta donación que se le agradecía, la ciudad de Huesca no adquiriría, ni podía pretenderlo, otro ni más derecho del que hasta el presente había ostentado en cuanto al Santuario y custodia de las reliquias del Santo.

A continuación, dentro de la Capilla donde se guardaba el cuerpo de San Úrbez y del arca que lo contenía se extrajo tan preciosa reliquia para colocada en la nueva donada por la ciudad de Huesca en calidad de limosna, y en presencia del Notario actuante, pasaron a abrir la primera que se hallaba cerrada, con tres cerraduras. Y en primer lugar, don Juan-Miguel de Felices, Infanzón como Síndico nombrado por la ciudad de Huesca y en nombre de ella, dijo que, con la correspondiente llave, procedía a abrir una de las tres cerrajas; seguidamente, mosen Pedro Lacadena, Vicario perpetuo del lugar de Nocito abría la segunda de ellas; y por último, el Licenciado Diego Cañete, Rector del lugar de Laguarta, por el Valle del Serrablo, procedió a la apertura de la tercera. Luego sacaron el cuerpo del glorioso San Úrbez y lo colocaron en dicha arca ofrecida por la ciudad de Huesca, llevando luego dicha reliquia en procesión alrededor de la Iglesia, depositándola a continuación en su capilla y procediendo a cerrarla en el orden inverso al de la apertura, levantando acta el Escribano Antonio del Campo y actuando de testigos Miguel-Juan López y Juan Francisco Villacampa, Rectores de Ipiés y Lasaosa.

Relatan los historiadores de la vida del Santo que, cuando alguno de los Valles de Nocito, Serrablo y Rodellar padecían alguna epidemia o plaga o sus tierras estaban precisas de lluvia, procedían a solicitar la llamada "Veneración de San Úrbez" cuya celebración estaba sometida a unas normas tradicionales que eran observadas fielmente. Convocados en un día fijado, después de la Misa denominada de Rogativa, se reunían en el Santuario los alcaldes de los pueblos de aquellos territorios, para establecer, previa la celebración de un novenario de Misas en la capilla de San Úrbez, la fecha de la primera Veneración y el predicador de la misma, comunicándose la primera al Concejo de Huesca para que éste enviara un representante con la llave del arca correspondiente a la ciudad.

Llegado el día, todos los concurrentes, descalzos, portando sus cruces parroquiales y banderas, penetraban en el templo, procediéndose a retirar el frontal del altar tras el cual se hallaba el arca conteniendo el cuerpo incorrupto del Santo, llamando, en primer lugar, al portador de la llave de Huesca, luego al que tenía la llave de Nocito y posteriormente al poseedor de la del Serrablo, tras lo que quedaba abierta y depositada en una mesa, en la puerta principal, en donde -por uno de los párrocos de Laguarta o de Bara- se descubría una de las rodillas, para su adoración por los asistentes, los cuales para ello habían abandonado la iglesia para volver a entrar, ordenadamente, en fila de uno. Celebrada la Misa, dichas arca, sobre una peana cubierta de palio, era llevada en procesión alrededor del Santuario, y a su retorno, previo el cierre, se guardaba en su lugar habitual. Si no se conseguía la gracia solicitada, la Veneración podía repetirse dos veces más.

Según el escritor y Canónigo don Juan-Agustín Carreras Ramírez, en el año 1621 -once años antes del acto de entrega del arca que hemos referido- fue tanta la sequía en todo el Reino de Aragón, que el día 30 de mayo se hizo una veneración que congregó más de cinco mil almas y 125 cruces parroquiales de muchos pueblos de la montaña y del Somontano, siendo socorridos, a los pocos días, con una abundante y benéfica lluvia. Fueron también importantes por el número de fieles la de 1680; la de 1701, en la que se agradeció al Santo su protección y su favor con una copiosa lluvia, donando la ciudad de Huesca una nueva urna para el traslado de su cuerpo desde la ermita de la Virgen al templo de su advocación; la de 1789, que registró la presencia de gentes diversas y poblaciones lejanas; y la de 1904, en la que el Obispo oscense don Mariano Supervía renovó la mortaja y repartió la anterior, troceada, entre los fieles. Destaca entre los pueblos devotos a San Úrbez, el de Angüés, que impulsó las Veneraciones celebradas en 1680 y 1798, junto con Casbas, Labata, Junzano, Morrano, Bierge, Ponzano, Lascellas, Azlor, Azara y Sieso, y este último la solicitó, en solitario, en 1632, sufragando el vecino don Miguel Capdevilla todos los gastos.

El actual templo de San Úrbez, de amplia nave única y crucero, según consta en una inscripción en su propia fachada, se levanto en 1780, a costa del Colegio Mayor de Santiago y de los Valles de Nocito y Serrablo, siendo prior don Bartolomé Villacampa. y se edificó sobre otro anterior, -quizá construido en mediados del siglo IX, después de su muerte ocurrida en el año 802, cuando contaba con cien años de edad-, en el que existió un monasterio con iglesia llamada de San Úrbez de Serrabol, cuyos elementos más importantes de carácter románico y gótico fueron conservados, así como la portada y el ábside. Al pie del Monte Airal, en el lugar en que la tradición atribuye a San Úrbez la edificación de una pequeña iglesia, se halla la Ermita de la Virgen, en la que tuvo depositados las reliquias de los Santos mártires Justo y Pastor, habitó él sus últimos años, allí murió y se conservó su cuerpo incorrupto hasta 1701, año en que se trasladó al próximo Santuario a él dedicado.

El milagroso portento de la conservación íntegra de su cuerpo durante 1.134 años, es decir, casi once siglos y medio, encendió la fe de las gentes y para venerado se desplazaron numerosas personas en distintas ocasiones. La furia antirreligiosa de las milicias marxistas, que tantos templos destruyó en gran parte de nuestra provincia durante la guerra civil, determinó quemar aquel glorioso cuerpo en un 17 de octubre de 1936, y sólo quedaron de él unos pocos huesos calcinados, que constituyen las reliquias actuales que se guardan en una urna de cristal además de uno pequeño de ellos que se exhibe en un relicario de pie.

Pastor, ermitaño, monje, anacoreta, apóstol de las tierras altoaragonesas, San Úrbez ha sido proclamado por el sentir popular como "Sol de la montaña". En sus gozos se canta: "Solemnes veneraciones -te hacen los valles y villas-. Y ven llover maravillas-. Padres de lluvias, dispones -nubes y almas de repente...".

Ante la imposibilidad de extendemos más, dejamos constancia de los escudos de Armas que usaban los nobles personajes que, en representación del Colegio Mayor e Imperial de Santiago, del Concejo de la ciudad de Huesca y de los Valles de Serrablo y Nocito, intervinieron en el acto de donación, en principio transcrito.

DOCUMENTACIÓN:

Archivo Histórico Provincial de Huesca. Protocolo 11.218. Notario: Antonio del Campo.

FACÍ, Roque-Alberto- "Aragón, Reyno de Cristo y dote de María Santísima". 1739.

IGUACEN BORAU, D.- "Vida de San Úrbez, Sol de la Montaña", Zaragoza, 1969.