Don Santiago Ramón y Cajal: Una lectura en clave epistemológica

I- Un legado evanescente.

La vida y la obra de don Santiago Ramón y Cajal, ilustre histólogo aragonés, al menos para las minorías intelectuales cuyo interés gira en torno a la historia de la ciencia en el mundo hispano, son de amplio conocimiento, si bien es de lamentar la escasa atención que recibe Cajal en Hispanoamérica, según sugiere el uso de la Red, esto es, la información existente en lengua castellana acerca de la máxima gloria científica de tal mundo suele proceder de la Península Ibérica, hecho que insinúa una conciencia precaria en cuanto al carácter hispano de Cajal en el sentido amplio del término. Por lo demás, en lengua inglesa, cabe hallar información a granel al respecto. Baste señalar aquí que el estadounidense MIT ha publicado, hacia los últimos años, Los tónicos de la voluntad, Recuerdos de mi vida, y Nuevas ideas sobre la estructura del sistema nervioso del hombre y los vertebrados, tres textos claves de la rica producción cajaliana MIT. Neuroscience. The MIT Press Cambridge 2001 p 31.

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Pese a la relativa abundancia, en la Red, de páginas dedicadas a don Santiago, no es prudente calificar tal fenómeno cual indicio significativo del despertar reciente de una conciencia hispana en lo tocante a la talla humana y científica de tan magno hombre. Tales páginas, aunque bienvenidas de todas formas, suelen reflejar, las más de las veces, el esfuerzo de minorías intelectuales en su afán por contagiar, al cuerpo social hispano, una actitud favorable hacia la ciencia. Significa lo previo que, de una generación a otra, se sigue aún pasando el testigo de una deuda contraída a partir del momento del sepelio de Cajal, el 18 de octubre de 1934, como bien afirma el profesor Juan Fernández Santarén en reciente ensayo FERNÁNDEZ SANTARÉN, Juan El legado de Cajal en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Vol. 9.1 3-4 1997 pp 181-202. . Bastaría, para apreciar el fenómeno de la memoria evanescente de don Santiago en el seno de la cultura hispana, con darse una vuelta por la tumba de Cajal, sita en el madrileño cementerio de La Almudena, lo mismo que por la antigua Facultad de Medicina de San Carlos, hoy Ministerio de Administraciones Generales, en la madrileña calle Atocha, en cuyo patio central todavía está El lápiz, célebre estatua de Cajal erigida en vida del mismo.

Sería muy temerario afirmar que se han explorado todos los matices de la vasta obra de don Santiago. Por lo general, es su obra científica la mejor conocida. Ahora bien, por tratarse de una obra dirigida a un público especializado, sobretodo en el campo de la histología del sistema nervioso, su desconocimiento entre el gran público es una consecuencia inevitable. De otro lado, la otra parte de la obra de Cajal, la del Cajal maestro, ha sido mucho menos difundida, hecho lamentable habida cuenta de su valor potencial para la formación científica de las sociedades hispanas, en las que la ciencia, es menester decirlo, aún posa como pobre dama vergonzante. He aquí, en suma, un legado que nosotros, como hispanos, hemos sumido en el olvido. La magnitud e importancia de dicho legado quedan recogidas con elocuencia en las siguientes palabras de José Pedro Arzac, médico azteca, pronunciadas en México en 1952 con motivo del centenario del nacimiento de don Santiago ARZAC, José Pedro.Cajal, patriarca. PELÁEZ CEBRIÁN, Manuel Vivencias de don Santiago Ramón y Cajal Sociedad Médica Hispano Mexicana, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto Politécnico Nacional, y Fondo de Cultura Económica México 1999 p 21-30. : Pero en la cumbre de los valores que hemos heredado del patriarca y el que nos corresponde por exclusiva y por derecho natural como a deudos inmediatos por la sangre y la cultura, está su extraordinario mensaje; el mensaje y pasión a que dedicó su vida heroica: ¡engrandecer nuestros pueblos y nuestro prestigio internacional a través de la investigación científica!

No deja de sorprender el hecho de la poca atención concedida al Cajal epistemólogo, pese a la disponibilidad de los materiales bibliográficos fundamentales para su estudio. Desconcierta aún más lo anterior si se tiene en mente que don Santiago fue un epistemólogo de gran magnitud, según la calificación otorgada por Augusto Fernández-Guardiola FERNÁNDEZ-GUARDIOLA, AugustoSantiago Ramón y Cajal: Epistemólogo. PELÁEZ CEBRIÁN, Manuel Vivencias de don Santiago Ramón y Cajal Sociedad Médica Hispano Mexicana, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto Politécnico Nacional, y Fondo de Cultura Económica México 1999 p 95-101 . Así las cosas, es justo este aspecto de la obra de Cajal el pretexto del ensayo que nos ocupa. La visión epistemológica de Cajal es una piedra angular del legado respectivo. Si nos remitimos a la componente científica de su obra, una visión tal irradia desde su obra magna, La textura del sistema nervioso del hombre y los vertebrados. Si nos ubicamos en la otra componente de su obra, la literaria, son Los tónicos de la voluntad los que reflejan al Cajal epistemólogo. Y, ¿acaso cabe dudarlo?, la lectura de don Santiago en clave epistemológica es oportuna en estos momentos a causa del reciente homenaje impulsado por la Universidad de Zaragoza con motivo del centenario de la publicación de Textura http://cajal.unizar.es .

II - El Cajal epistemólogo.

Según se dijo más arriba, en 1952, se celebró, en México, el centenario del nacimiento de Cajal. Obedeció tan feliz idea a la iniciativa de un grupo de médicos, mexicanos y españoles, antiguos discípulos del ilustre hijo de Aragón. Como bien cabe imaginar, los médicos españoles radicados a la sazón en México eran parte de la diáspora originada por la infausta Guerra Civil Española. Cosa curiosa, los textos de las diversas ponencias pronunciadas en dicha ocasión apenas vieron la luz en 1999 PELAEZ CEBRIAN, Manuel, op. cit., 121 p. . Por otra parte, en el mismo año, se cumplió un siglo de la publicación de la obra magna de don Santiago, Textura, cuya conmemoración acometió la Universidad de Zaragoza.

En general, la epistemología, disciplina dedicada a establecer el valor de una evidencia a favor o en contra de una teoría, es un motivo principal en toda la obra cajaliana. En don Santiago, como señala Fernández-Guardiola 4, salta a la vista su afán epistemológico por elucidar la verdad subyacente en los postulados científicos. De otro lado, es menester considerar otro par de elementos para los propósitos de este ensayo. En primera instancia, el olvido atávico del legado de Cajal en el mundo hispano, excepción hecha de minorías intelectuales conscientes. En segundo lugar, las hondas implicaciones del reciente caso Sokal para el Tercer Mundo. En 1996, el profesor Alan Sokal, del Departamento de Física de la Universidad de Nueva York, puso en evidencia, con un articulo zumbón, el abatimiento de los estándares de rigor intelectual en el seno de un sector de las ciencias humanas, fruto del movimiento aún en boga conocido como posmodernidad SOKAL, AlanBRICMONT, Jean Imposturas intelectuales. Paidos Barcelona 1999 315 p. . La parodia de Sokal significa, para el Tercer Mundo, un campanazo de alerta, puesto que el mismo pretende dar un imprudente salto al vacio, esto es, pasar a la posmodernidad sin haber conocido la herencia de la Ilustración, so pretexto de la supuesta superación de la misma. En fin, al juntar los elementos que se acaban de enumerar, es natural concluir por lo pronto que la epistemología contenida en el legado de Cajal mantiene su vigencia. En suma, el fragmento citado más arriba de Arzac sigue siendo pertinente para nuestros paises. He aquí, entonces, la justificación acerca del porqué ha de leerse a don Santiago en clave epistemológica. Dicho de otra manera, la epistemología en Cajal brinda la inestimable ventaja, para nuestros países, de una contextualización óptima, máxime cuando de fomentar el modo científico de ver el mundo se trata.

Tras la necesaria justificación que se acaba de dar, viene una pregunta apenas natural: ¿En qué consiste la epistemología en la obra de don Santiago Ramón y Cajal? Tratemos de darle respuesta a la luz de algunos ejemplos selectos.

Como bien señala Fernández-Guardiola, la inquietud constante de Cajal por el fin mismo de las cosas, por su imbricación dentro de otras áreas de la filosofía de la ciencia, es lo que lo convierte en un epistemólogo notable para su tiempo. Ahora bien, ¿cuáles son los origenes de tamaña postura epistemológica de Cajal? Habida cuenta del hecho de la perenne curiosidad que de suyo caracteriza al investigador genuino, es razonable rastrear tales orígenes en la niñez y juventud de don Santiago. Su autobiografía RAMÓN Y CAJAL, Santiago Recollections of my Life. 3rd ed. The MIT Press Cambridge 1996 638 p. relata con profusión de detalles episodios claves de su niñez, como, por ejemplo, el eclipse de Sol y la caída del rayo en la escuela. Entre otros. He ahí lo que suele verse como la fuente del talante científico de Cajal. Así mismo, en sus días de estudiante de medicina en Zaragoza, don Santiago fue presa de la que llamó manía filósofica, por lo que devoró cuanto libro llegó a sus manos a fin de sobrepasar a sus contendientes intelectuales. Por ende, es razonable suponer que, de tanta lectura filosófica, pudo toparse con la epistemología en particular. En general, llama poderosamente la atención su perseverancia con respecto a que cualquier teoría debía basarse en observaciones cuidadosas y comprobadas en forma exhaustiva. Gustaba mucho de cierto aforismo: Los hechos quedan y las teorías pasan. De nuevo, su autobiografía brinda detalles a granel sobre su tenacidad para dominar un método de investigación. Botón de muestra, sus miles de probaturas para poner a punto el veleidoso método de tinción de Golgi. En términos de la filosofía de la ciencia, Cajal es un positivista como el que más. Y hete aquí un nexo forzoso con las implicaciones del reciente caso Sokal. En efecto, la liviandad posmoderna ha llegado al extremo de asimilar hechos con creencias consensuales, reflejo mismo de un ataque lanza en ristre contra el positivismo.

Peor aún, asimila los hechos científicos con elaboraciones sociales, y el sometimiento a prueba de hipótesis con la verificación de hipótesis. De facto, la literatura posmodema, por ejemplo, la del campo educativo, insiste con ligereza en que la ciencia positivista verifica hipótesis. Bueno, esto seria motivo de un largo ensayo, pero baste precisar aquí que, en tal literatura, no se comprende el papel esencial de la hipótesis científica en tanto pregunta que el investigador le hace a la naturaleza, la que verá si le responde sí o no. Y éste es el sentido de las hipótesis en Cajal, lo que proporciona otro indicio de su buen olfato epistemológico.

Volvamos con Fernández-Guardiola. Destaca otro aspecto notable de la magnitud de Cajal como epistemólogo: El problema de la relación mente-cerebro, raíz de la psicología cognoscitiva, y que preocupó sobremanera a don Santiago. Las investigaciones respectivas le llevaron a explicar el aprendizaje, su lentitud y permanencia. Así, estableció su concepto de la función epistemológica del sistema nervioso, avalado por los modernos métodos de imágenes cerebrales. Significa lo previo, a juicio de quien esto escribe, que, en los pensamientos de Cajal de tendencia educativa, es factible hallar la esencia de no pocos conceptos de la moderna literatura pedagógica, la cual, ni siquiera por equivocación, hace mención del nombre de Cajal. Una lectura cuidadosa de cierto capítulo de Charlas de café respalda esto último Capítulo VIII: Pensamientos de tendencia pedagógica y educativa. RAMÓN Y CAJAL, Santiago Charlas de café Pensamientos, anécdotas y confidencias. Espasa-Calpe Argentina Buenos Aires 1941 pp 152-170. . Por ejemplo, con décadas de antelación, nos topamos, en el pensamiento educativo de don Santiago, con la idea central de las inteligencias múltiples de Gardner. Bueno, esto no debe causar sorpresa en el fondo dada la talla epistemológica de Cajal. No obstante, los tratados actuales de epistemología no lo mencionan, lo que no ha sido óbice para que don Santiago, en tanto maestro en el sentido estricto que tal término entraña, haya formado generaciones de investigadores de talla merced a Los tónicos y su autobiografía, textos, como se dijo antes, de hondo calado epistemológico. Entre otros, Pío del Rio Hortega, Severo Ochoa y Rita Levi Montalcini. De nuevo, ¿cabe sorprenderse? Es apenas natural que un investigador como Cajal, con una magnitud epistemológica notable, estuviera en posición de forjar discípulos y crear escuela.