Religiosidad popular en el Serrablo tradicional

Casos personales.

Los hagiógrafos de Santa Orosia y de San Úrbez, así como los cronistas de otros santuarios y de sus titulares, atribuyen a éstos un perfil milagrero que repetitivamente se irá retransmitiendo de forma oral, impresa o iconográfica hasta la actualidad.

La intervención imbricada del interés pedagógico y del subconsciente montañés generará unos rosarios de milagros complejos y repetitivos Básicos para conocer los milagros atribuidos a los titulares de santuarios de Serrablo que promueven romerías, son los siguientes libros: ALAVÉS y LA SALA, op. cit. (para Santa Orosia); Juan Agustín CARRERA (para San Úrbez); Padre MARTÓN, op. cit. (para Santa Elena), y Rafael LEANTE, op. cit. (para el resto de santuarios). tendentes a consolidar al Santuario o a la fuerza sobrenatural del lugar (milagros acontecidos durante su construcción) a afirmar determinadas corrientes hagiográficas -cuando la vida del titular suscita polémicas, como ocurre con Santa Orosia-, a dotar de trascendencia al acto romero y a las instituciones que le sirven de soporte, a reafirmar élites sociales y a cubrir las necesidades de intergeneracional de los que aquél impregnará su cosmovisión.

El problema de la fertilidad o de la perpetuación de la casa, y la problemática social que dicha institución engendraba en gran medida -desajustes psíquicos, etc.- ocuparán un capítulo primordial a la hora de requerir el montañés a sus santuarios mediación; la entidad cuantitativa y cualitativa del fenómeno de los endelmoniados hace que se destine a él un apartado especial.

En el siglo XVII Santa Orosia aparece ya consolidada como mediadora en los casos de infertilidad y su ámbito de acción supera la montaña para trascender a Tierra Baja. Paralelamente, en algunos santuarios, dentro del fenómeno de la superposición de cultos, las rocas inscritas o circundantes al recinto sagrado ocuparán un papel fertilizador: el caso de la ermita de Santiago, en Secorún En Secorún (Serrablo meridional) decían que «los niños venían de Santiago» , porque, al parecer, a alguna roca de las que rodeaban a la ermita, sita en un promontorio próximo al pueblo, se le atribuían propiedades fertilizantes. o de la cascada del puerto de Santa Orosia que anunciaba casamientos.

Como sucede con carácter universal, determinados colectivos laborales estaban ligados a un titular a través de cofradías -pelaires o tejedores en Biescas y Acumuer, a Santa Elena y a la Virgen del Pueyo respectivamente R. LEANTE, op. cit., pp. 336-337. - o de forma libre, como era el caso entre la relación de Santa Orosia con los pastores o de la Virgen del Puente (Santa María de la Peña) con almadieros y navateros que bajaban madera por el río Gállego R. LEANTE, op. cit., pp. 328-333. , tal como sucedía con los que lo hacían por el Aragón en la Virgen de Nora (Sangüesa)IRIBARRÉN, José Mª De Pascua a Ramos. Pamplona 1970 pp. 27-30
.

En el terreno de la intercesión personal, una constante en la religiosidad popular de la zona era ensalzar el papel mediador del titular a través de refranes, loas o cancioncillas (Virgen de las Canales, en Oliván; Virgen del Collado, en Senegüé; Santa Elena, en Biescas, etc.) Virgen de las Canales (Oliván): «La Virgen de las Canales / no es comprada ni vendida. / Es bajada de los cielos / y en Oliván aparecida» . «La Virgen de las Canales / que nos libre de todos los males» . Virgen del collado (Senegüé): «Virgencica del Collado / no se le pide un favor / que jamás no haya dado» . Sobrepuerto: «Este niño no tiene sueño / y no se puede dormir / que lo duerma San Antonio / y lo despierte San Babil» . Santa Elena (Biescas): «Santa Elena, tú que estás en un alto espeñadero / casa a los mozos-as de Biescas / que se les pasa el tempero» . .

Este método didáctico adoptaba en todos los casos una gran actitud de familiaridad hacia el titular, consubstancial con lo analizado en «tendencia positiva del montañés» y que llevaba a veces a generar fórmulas lúdicas en las que intervenían más de un santo protector de la zona En Biescas, cuando a alguien le caía una porquería en un ojo, pronunciaba la siguiente fórmula: «Santa Lucía, quítame esa porquería / San Antón, apártamela t'a un rincón / San Blas, no me la vuelvas más»..

El proceso de especialización en casos personales de los titulares de santuarios ha sido complejo, interviniendo en su definición supuestos milagros, la cultura eclesial y popular, así como las carencias biológicas de su ámbito geográfico. Este proceso de especialización se podría ejemplificar bajo cuatro modelos: El del titular especialista en consonancia con su influencia universal; era el caso de Santa Lucía de Cartirana, que acogiendo a una romería local recibía enfermos de la vista de todo el Serrablo septentrional. El del santo que promovía romerías en un marco geográfico que padecía un mal endémico; era el caso de Santa Elena de Biescas, a donde acudían enfermos de tiroidismo del valle de Tena La abundancia de granito en el valle de Tena acarreaba el que las aguas fuesen deficitarias en sales, y, por lo tanto, el que ocasionasen tiroidismo. Según el Padre MARTÓN, op. cit., prólogo, los romeros del siglo XVII que acudían a Santa Elena, llevaban colgados del cuello collares de «monedas de Sta. Elena» para así curar el bocio y la epilepsia. . El del patrón tutelar de la esencia montañesa, como ocurría con Santa Orosia, que siéndolo de la montaña velaba por las instituciones y problemas universales de ésta. Finalmente existían procesos atípicos o anecdóticos como el de pedir a Santa Elena el que promoviese matrimonios, hecho que se generaba porque el titular del santuario -en este caso, ella- absorbía las funciones reconocidas universalmente a un titular secundario de dicho templo -San Antonio-.

Endemoniados y brujería.

Para finalizar el fenómeno necesariamente habrá que conocer la dinámica socioeconómica de la montaña desde la Edad Media y muy en especial, durante el siglo XVII, así como la larga tradición supersticiosa de aquélla. Por su estrecha vinculación a Santa Orosia, el tema fue suficientemente desarrollado en la tesis de licenciatura del autor.

Desde las referencias, siempre repetidas, de fenómenos supersticiosos durante el reinado de Sancho el Mayor de Navarra -siglo XVI-, pasando por las descripciones de visitadores diocesanos en el siglo XV, por la eclosión demoníaca surgida entre 1637 y 1643 en el valle de Tena y estudiada por Ángel Gari GARI LACRUZ, ÁngelLa brujería en el Alto Aragón en la primera mitad del siglo XVII. Brujología Congreso de San Sebastián. Ponencias y comunicaciones. Madrid 1975 pp. 37-52 , hasta el fenómeno de los endemoniados que llegó hasta el desmantelamiento de la vieja sociedad pirenaica en el siglo actual, existe un hilo conductor homogéneo que explica la génesis histórica de la denominada «inflación supersticiosa» de las montañas.

Cuando a problemas de substrato físico: hipertiroidismo, consanguineidad, etc., se sumaban factores económicos: plagas, sequías, etc. y finalmente la estructura socioeconómica añadía productos internos tendentes a la inestabilidad afectiva (el tionaje); el sumatorio generaba al endemoniado-término literario- o espirituado-vocablo popular-, al que por ignorancia se le creía poseído maléficamente por lo sobrenatural.

En este contexto si el tionaje constituía un caldo de cultivo ideal para la aparición del fenómeno, dentro de aquél, las mujeres serían las más afectadas como coinciden en señalar tanto fuentes literarias como orales y gráficas.

No parece contradictorio que precisamente el siglo XVII representase paralelamente un momento álgido tanto para los fenómenos demoníacos como para la religiosidad popular en general, pues ambas respuestas constituían mecanismos de compensación, de distinto signo, entre gentes de una centuria especialmente hostil. Las dos respuestas, psicológicamente igualmente comprensibles, no pudieron seguir conviviendo en un contexto crispado y difícil, por lo que la que provenía de las capas privilegiadas -la respuesta católica- hostigó con sus medios inquisitoriales a la segunda; en este sentido es curioso observar cómo la hagiografía de Santa Orosia del siglo XVIII se obsesiona porque no sea mencionado el fenómeno demoniaco que rodea a la santa y a sus romerías. A nivel popular la represión envuelta en los problemas cotidianos de la centuria generaría procesos involucionistas en los que abogando a causas satánicas se harían persecuciones, a veces indiscriminadas, frente a cualquier miembro o familia de la comunidad, como es el caso de los sucesos descritos por Gari y acontecidos a mitad del siglo XVII en la aldea Serrablesa de Ipiés GARI LACRUZ, Ángel. Brujería en Serrablo. Miscelánea de estudios en honor de don Antonio Durán Gudiol. Sabiñánigo 1981 pp. 143-154. . Por inercia, hasta el desmantelamiento de la sociedad rural de Serrablo, en numerosos pueblos se imputará el carácter de bruja a una vecina de forma bastante aleatoria, considerándola en gran medida causante de los males de la comunidad Además del caso recogido en Cillas (Sobrepuerto) de una vecina, bruja y que dirigía las Tormentas, en Escartín por ejemplo , aldea de la misma zona de Serrablo, a comienzos de siglo, a una mujer de casa Sampietro, llamada Modesta, se le atribuía el ser bruja y ser la causante de la muerte de varios mulos en el pueblo. .

A lo largo del trabajo se ha constatado cómo la convivencia del montañés con los fenómenos demoniacos cotidianos se realizaba hasta el presente siglo bajo fórmulas y tópicos repetitivos, fruto de la formación de una subcultura popular sobre el tema. Entre los tópicos cabría señalar la creencia de que las brujas locales -de las que siempre se dice de qué casa eran- volaban hacia orgías realizadas en eras o en bodegas -según los casos- de Tolosa, creencia que puede vincularse con la tradición de aquelarres del siglo XVII en el País Vasco, o en el foco demoniaco de Tobuse (Francia), como Ángel Gari cree SATUÉ, E. Nocito, valle del agua. Revista Serrablo. 52 y 53 1984 Sabiñánigo Se narra la tradición oral que cuenta el vuelo por la chimenea hacia las eras de Tolosa de dos vecinas de Nocito, y las peripecias de un pastor que habiendo observado el hecho y queriéndolo imitar no supo repetir la fórmula. En Biescas se ha recogido algo similar: También son dos mujeres las que dan ungüentos y pronuncian una fórmula para salir volando a las bodegas de Tolosa siendo en este caso el observador el marido de una de ellas, y que por no saber repetir el ritual queda frustrada su curiosidad. En ambos casos se refuerza el sentido orgiástico del lugar a donde acuden las brujas: «eras-baile / bodegas-embriaguez», así como la trascendencia del ritual que transforma y capacita en el nombre del diablo a un vecino normal a brujo/a. A este grupo de leyendas cabe añadir también la tradición recogida en Biescas referente a un barbero al que se le atribuía relación con la brujería y que invitó a tres montañeses a hacer una visita a las brujas de Tolosa en compensación el Diablo les daría mucho dinero, aunque habrían de sellar el compromiso con sangre en sus venas. Esta tradición de que las brujas del Alto Aragón se dirigían a Tolosa es extendible al somontano de las sierras exteriores, pues en un proceso ante la Inquisición de 1534 sale a relucir con una acusada de Pozán de Vero (Carlos PASCUAL, Guía sobrenatural de España, Madrid, 1976, p. 96). . Otra constante recogida en la información oral es la transfiguración de una bruja local en gato que mata caballerías La muerte de mulos provocada por una vecina-bruja transfigurada en gato, es una tradición que se repite obsesivamente. Tal intensidad se debe, sin duda, a la trascendencia que tenía este animal introducido de forma generalizada tras el siglo XVIII, y cuya desaparición en algunos hogares llegaba a ser más sentida que la de un miembro familiar. Entre la abundancia con que se recoge el fenómeno, merece la pena destacar por su representatividad el caso recogido en Barbenuta. Durante la Misa de Gallo, ya hacía varios años que moría un mulo en una casa, por lo que en una ocasión un miembro se quedó oculto en la cuadra y vio cómo un gato negro se posaba en el lomo de la caballería; el montañés asestó varios golpes al felino, marchando éste en mal estado. Al día siguiente, la abuela de casa Terrero apareció coja y la acostaron, aunque tantas veces como lo hacían, ella se caía al suelo. Conocedora la bruja del ritual salvador, decía a su hijo: «Dámene a mano con as tenazas rusientes» ; sin embargo, la familia insistía en que confesase sus actividades; cuando lo hizo, murió. Al parecer, la tradición brujeril de Barbenuta no responde a un hecho aislado, como recoge Ricardo DEL ARCO en Notas del folklore altoaragonés, Madrid, CSIC, 1943, p. 455: «Entre Espierre y Barbenuta / se repartieron una bruja; / Espierre llevó el pellejo / y Barbenuta la bruja» . . Entre las fórmulas repetidas destacan: para la recuperación de las funciones de bruja, la fricción con ungüento y salida por las chimeneas -de allí la costumbre de realizar cruces en la ceniza del hogar, así como de rematar las chimeneas con espantabrujas Las chimeneas de Serrablo generalmente quedan rematadas por un pináculo protector de la casa. Los etnólogos han dado en llamar a estos espantabrujas, aunque a nivel popular se denominan capiscoles. Su utilidad protectora frente a la vulnerabilidad de la casa a través de la chimenea queda clara: cuando el espantabrujas generalmente hecho en toba o tosca no adopta una disposición cruciforme o antropomorfa, se coloca un puchero o una piedra atípica en el contorno granito, por ejemplo (vid. GARCÉS, GAVÍN, SATUÉ, Arquitectura popular de Serrablo, IEA, 1988). - , y para la anulación de sus poderes el darles un número impar de golpes.

Estas manifestaciones encajan con las recogidas en 22 pueblos del campo de Jaca a comienzos de siglo por la escritora Carmen de Burgos Seguí de BURGOS, Carmen Los endemoniados de Jaca. Revista literaria Novelas y Cuentos. 1982 Madrid p. 656. .

Dentro de este contexto sociocultural, la zona del Pirineo tradicionalmente más depauperadas -Sobrarbe, Alta Ribagorza y sierras exteriores- serían las principales áreas nutrientes de endemoniados que acudían a los santuarios especializados de Serrablo: Santa Orosia, San Úrbez y Santa Elena, es decir, a los tres macrosantuarios cuyos titulares ocupaban el rol de patrones o guardianes de la esencia montañesa y de defensores de los problemas específicos de ésta.

Generalmente el fenómeno de los endemoniados en el Viejo Aragón se ha relacionado insoslayablemente con Santa Orosia, y así ha ocurrido hasta su desaparición tras la guerra civil En Yebra, por su marginalidad, el fenómeno de los endemoniados se mantuvo más que en Jaca, donde a finales del siglo XIX los obispos ya prohibían sus conflictivas velas nocturnas en la catedral, para en 1946 denegar taxativamente su presencia en la procesión general del día de Santa Orosia. En Yebra, aunque tras la guerra civil se produjo un descenso considerable entre los enfermos que acudían el 25 de junio, anecdóticamente se vieron casos mientras duró el derrumbamiento de la sociedad rural montañesa, observándose el último en 1962, y tratándose generalmente de familias con niños deficientes procedentes del Sobrarbe más depauperado. ; sin embargo, al menos tras la inflación del siglo XVII, San Úrbez -como señalaba el Padre Huesca de HUESCA, RamónEstado moderno de la Santa Iglesia de Huesca. Teatro histórico de las iglesias del reyno de Aragón. Pamplona 1796 tomo VI p. 58 señala refiriéndose a San Úrbez: «Diole el señor gran poder contra los Demonios, y así venían a él los energumenos y los curaba a todos con sus oraciones» . - y Santa Elena -como lo hace el Padre Martón L.B. MARTÓN, op. cit., p. 16, señala que las monedas que en el siglo XVII se encontraban en el santuario de Santa Elena (Biescas) curaban a los endemoniados, así como a los enfermos psíquicos que se manifestaban violentamente con alferecías . - surgieron como santuarios aglutinadores de estos enfermos aunque con menos intensidad que Santa Orosia y no llegando hasta el presente siglo. De igual modo en Tierra baja también se dio esta especialización, aunque en menor grado por ser las condiciones menos hostiles; es el caso de San Román de Panzano, la Virgen de Torreciudad, o la Virgen de la Piedad en La Almunia de San Juan LISÓN ARCAL, José C. Cultura e identidad en la provincia de Huesca. Zaragoza 1986 p. 198.
M. E. A., nacido en 1910, informante de Aineto (Serrablo meridional) relata que en 1920 un niño de su familia fue llevado al santuario de Torreciudad para curar sus alferecías (desequilibrios psíquicos).
. La fama de Santa Orosia llegó a ser tan sólida que a comienzos de siglo también acudían a Yebra y a Jaca enfermos del resto de Aragón, de Cataluña y de Navarra, siendo prohibida a finales del siglo XVIII la afluencia de endemoniados del midi francés por las peleas que suscitaban en sus aldeas los supuestos hechizos que habrían adquirido en la peregrinación ANCELAY, René El Parlamento de Navarra y las peregrinaciones bearnesas a Santa Orosia. Revista Argensola 17 pp. 25-28. .

Respecto a las manifestaciones exteriores de los endemoniados en las romerías, fuentes orales y literarias coinciden en remarcar la liberación de tensión acumulada en tomo a las reliquias -alferecías- asociada a la posesión demoníaca y hecha visible con lanzamiento de vestidos o rotura de hilos de algodón atados a las manos y muñecas, al igual que sucedía en el Santuario de la Balma (Castellón), o en la Virgen de Zuberoa (Navarra), especializados también en el fenómeno FERNÁNDEZ CHAMÓN, Ángel Luis El santuario castellonense de Nuestra Señora de la Balma. Narria 17 pp. 25-28. . Una aproximación médica al tema la proporciona el Doctor Reig Gascó, quien en 1881 presenció a las endemoniadas que acudían a Santa Orosia REIG GASCO, J. Los endemoniados de Santa Orosia. La Derecha 77-82 1881 Zaragoza .

Literariamente el tema fue bastante tratado a finales del siglo XIX y primer tercio del XX, aunque en la ciudad de Jaca y ceñido lógicamente a Santa Orosia; en su mayoría se trataba de artículos periodísticos de carácter médico o viajero, salvo la obra de mayor interés: la novela corta Los endemoniados de Jaca, escrita en 1932 por Carmen de Burgos, profesora, escritora y periodista especializada en grupos marginales, que acertó de lleno en el análisis del fenómeno de los endemoniados, efectuando un fino estudio psicosocial de su génesis en las montañas del Viejo Aragón Carmen DE BURGOS, op. cit. .

Otro medio de aproximación al mundo de los endemoniados de la zona lo constituyen, al margen de la información oral, los romances descriptivos de romerías y los archivos fotográficos, especialmente el de comienzos de siglo de Francisco de las Heras, en Jaca.