Trashumancia de los Valles de Serrablo y Nocito a la Tierra Llana.

En el año 1730 se establece un pleito entre los ganaderos de los Valles del Serrablo, Nocito y el Concejo de Albaruela del Tubo, motivado por el paso de los ganados, en su camino a Tierra Llana por el paso de cabañera existente.

Los ganaderos de la montaña defienden que los pasos son francos y libres por la cabañera real, que salía de Linás en el Valle de Broto y pasaba por los siguientes pueblos: Linás, Otal, Cortillas, pardinas de Fenés y Petralba, Fablo, Villacampa, Aineto, pardina de Avellana, Aspes, monte del lugar de Avellana, Bentué de Nocito, Pillera de Nocito, San Juan de Fabana, lugar de Aguas, Ibieca, Liesa, Belillas, Torres de Montes, Blecua, Salillas, Villa de Sesa, Usson y Albaruela de Tubo basta salir al realengo en Sariñena.

Esto es lo que esgrimen los ganaderos de la montaña en su favor, que dicen ser los que transitan esa ruta desde tiempo inmemorial. Juan de Asso vecino de San Juste bajo cincuenta años continuamente recorriendo esa ruta y lo mismo hizo Francisco Escartín de Cortillas durante treinta y seis años.

El Concejo de Albaruela de Tubo y sus testigos argumentan a su favor que, la Cabañera Real no pasaba por sus términos y que los ganados del Valle de Bassa bajaban por Almuniente, Callen, Grañén, Gabarda, Pompien, Poliñillo, Lalueza y Lastanosa, sin pasar por Albaruela de Tubo.

También aducen a su favor, que sus campos estaban en esa época sembrados y que no hay huegas de esa cabañera, que eran del dominio del ducado de Villahermosa y que las Villas de Sariñena, Castejón de Monegros y la Casa de Ganaderos de Zaragoza tenían sus derechos en el realengo.

Parece ser que el conflicto tiene su origen en los años anteriores a este pleito, durante la Guerra de Sucesión. Los ganaderos de la montaña no acudieron a los tribunales a recoger la sobrecarta de firma y licencia que les autorizaba a pasar franca y libremente por toda la cabañera real, por la confusión existente y decidieron pagar a los Concejos por donde transitan como en la Edad Media derechos ancestrales de carnaraje y un real de bellón y seis sueldos por cada cien reses en este pueblo, pero sólo dado por la confusión reinante en unos sitios tomados por Felipe V y otros por el Archiduque Carlos, donde los Concejos ejercían su propia autoridad y se aprovecharon de las circunstancias para su beneficio en detrimento de los asociados pastores montañeses.