¡Que bonita la fuente!
En su capillita de roca
esperaba siempre.
Lejana y encantada
parecía suspirar siempre.
¡Oh, las fuentes
que ríen y lloran a un mismo tiempo!
Abrazo y despedida
es el agua, que en manando ya es ausente.
Cada día, iba yo a ella,
con mi cántaro de barro,
y mis sueños en la frente.
Y mientras llenaba el cántaro,
soñaba mundos de fantasía...
Nunca vi las hadas,
pero alguna vez, creí adivinarías,
riendo y jugando como niñas,
entre los Árboles que guardaban la fuente.
Y por eso, alguna vez,
me alejaba deprisa, deprisa,
llena de temor,
mientras la fuente, seguía y seguía
con su poema de melancolía...