Pieza de tamaño y forma variable, generalmente medio acampanada, de ahí su nombre. Agujereada en su parte superior, por donde pasan unas lizas que lo atan a un listón que se apoya en los travesaños superiores laterales de la estructura del telar.
Por su interior son huecos y es donde se introducen las carruchas o poleas que se sujetaban o bien mediante un simple palito de madera o, más antiguamente usaban unas varillas de vidrio que no se desgastaban, y uno de cuyos extremos terminaba en una pequeña bola redondeada, por donde era atado con una liza al campanal, para impedir así que cayese al suelo y se rompiese.
Los campanales podían ser de dos a cuatro carruchas, según las necesidades.
Eran unas poleas simples realizadas generalmente en madera de boj. La ranura de la polea debía ser lo suficientemente amplia como para que pasara una liza gruesa holgada. Se colocaban en el interior de los campanales, y de ellas pendían los lizos.
Son dos elementos diferentes, pero que uno, la púa, va inserto en el otro, la caja.
La caja va colgada de los travesaños laterales superiores de la estructura del telar. Está formada por dos listones verticales en sus extremos y dos listones horizontales en su extremo inferior que forman un rectángulo alargado de una altura aproximada de 15 cm., siendo el listón superior móvil, ya que en éste espacio rectangular es donde se introduce la púa.
La púa debe de quedar siempre un poco floja dentro de la caja, ya que al tejer se romperían los hilos de la urdimbre. La púa se realiza con pequeñas cañas cortadas al mismo tamaño y colocadas a una distancia variable una de otra. A esta distancia se le denomina "cuento". Las cañas se sujetaban entre dos listones, superior e inferior, rematados ambos en toda su longitud por una liza. La púa estaba dividida en partes iguales denominadas "media vía" y limitadas estas por una caña más oscura. Así se sabía a simple vista cuantas vías tenía cada púa. La vía es la medida básica del tejedor. Corresponde a veinticuatro hilos.
Si bien eran los propios tejedores los que realizaban las púas, con el auge de los telares aparecieron fábricas mas o menos artesanales, que suministraban púas de diversos cuentos y tamaños. Tenemos constancia de la existencia de una fábrica en Valls (Lérida), que llevaba material al pirineo oscense; pero no sabemos nada de si en el propio pirineo existía alguna.
En el listón superior del rectángulo suele ir un pequeño tirador o mango para mover la caja después de cada pasada de la trama y así pretar el tejido.
Estos tres elementos están muy relacionados y por eso reciben un nombre que los engloba: peine. La púa ya hemos visto lo que es y cómo y dónde estaba colocada. Los perchaos son unos simples listones de madera (dos por cada lizo), uno superior y otro inferior, a los cuales van sujetos los lizos. Los lizos, son unas mallas de liza o cáñamo que sujetándose por uno y otro extremo a los perchaos, dejan un ojal o bucle en su parte media, para que pasen los hilos de la urdimbre. Los realizaban los propios tejedores, y para hacerlo disponían de un banco y una aguja especial, ya que el proceso era un poco complicado, máxime teniendo en cuenta que las piezas grandes requerían gran número de mallas y que estas a su vez se tenían que hacer por duplicado o cuadriplicado, según se utilizaran telares con dos o cuatro pedales.
Al acabar una pieza ésta se cortaba dejando hilo suficiente como para anudarlo por delante de la púa, después se soltaba la parte final de la preparación del husillo anterior, quedando unidos la púa y los lizos. Este conjunto, el peine, se guardaba hasta que fuera necesario utilizarlo de nuevo.
Ya hemos dicho que podían oscilar en número, pero siempre eran unas tablas estrechas sujetas en su extremo posterior al listón horizontal posterior de la parte trasera del telar; y cuyo extremo anterior iba ligeramente en disminución. Debían estar a cierta altura del suelo de tal forma que al presionarlos no tocaran con éste.
A cierta distancia de la punta delantera se marcaban unas ranuras donde se colocaban las lizas que las ataban a las espaetas. En su colocación, tenían que quedar todos a la misma altura, y la distancia de las lizas también debía ser la misma.
Las espaetas eran unos listones que estaban fijos en el lateral derecho del telar, situados más o menos encima del extremo terminal de los pedales, y por delante del husillo de la urdimbre. Su misión es transmitir el impulso dado al pedal hacia el lizo, sin que este se descentre. Se apoyan por medio de un eje redondo de metal, en una pieza de madera sujeta al lateral derecho del telar.
Elemento importante ya que en él se distribuyen los hilos que van a entrar en la urdimbre. Todo él estaba realizado en madera, generalmente haya o pino. Consta de un eje central de cuyos extremos salen unas tablas en forma de cruz. Iba fijado al suelo por unos pies de madera, o a veces por una piedra para que hiciera de tope. La altura oscilaba entre 1,30 y los 2 m. En los extremos se disponían cuatro listones que enlazaban las tablas en cruz superiores e inferiores.
La distancia entre cada listón vertical era aproximadamente de 95 cm. Los listones verticales iban agujereados, cada 15 cm. aproximadamente, para introducir un pequeño palo que limitaba la longitud de la pieza. En el lugar donde se comenzaba a realizar la preparación había un palo que lo señalaba, seguido de un listón horizontal que tenía en su parte media dos palos de unos 15 cm. de longitud y unos 10-15 cm. de separación. Esto es muy importante ya que aquí se realiza la llamada CRUZ o CRUCERA, es decir, que los hilos pasaran formando en su ida y en su vuelta (una subida y una bajada en el urdidor) un cruce en orden alternante. A la altura que querían terminar una pieza, ponían dos palos seguidos, pasando los hilos por detrás del primer palo y por delante del segundo, quedando así formado también la cruz de los hilos. Así quedaban distribuidos los hilos, siendo muy importante no deshacer las cruces ya que si no la urdimbre no serviría para trabajarla.
Elemento muy usado antiguamente para devanar las madejas en ovillos. La preparación en el urdidor no se podía hacer madejas, de ahí su necesidad. Es un pequeño aparato de madera, con un eje vertical y cuatro listones en su parte superior e inferior, que se unían verticalmente por unos finos palos.
La parte superior era desmontable del eje y encajaba en éste por una pequeña muesca. Sobre estos cuatro listones verticales se colocaba la madeja y se comenzaba a hacer el ovillo, poniéndose a una ligera distancia de la devanadera (un metro más o menos).
La devanadera giraba constantemente. Tenía que estar muy bien ajustada para que girase rápido y sin contratiempos, ya que si no la labor de devanar se vería dificultada. El ovillo se sostenía con la mano izquierda, y con la derecha se enrollaba el hilo. Cada cierto tiempo se cambiaba la colocación del pulgar y se le daba forma redondeada.
Se utilizaba para la realización de las bobinas que posteriormente se introducían en las lanzaderas y formaban la trama. Consta de un cuerpo horizontal de madera con cuatro patas y en su extremo posterior tenía una rueda bastante grande, que mediante un cordel se unía a otra ruedecilla más pequeña; girando ambas a la vez al mover la manivela. Al lado de la rueda pequeña se disponía un husillo de hierro en el que se introducen las canillas (caña hueca de 10-12 cm.), sobre las cuales se enrollaba la lana. Se colocaba el ovillo en un pequeño cesto en la parte delantera del tomo. El tejedor o aprendiz debía de colocarse lateralmente al lado de la manivela. Con la mano izquierda se mantiene tensa la lana del ovillo, y con la derecha se da vueltas a la manivela. Se introduce la canilla en el hierro y se realiza la bobina que debe de hacerse "ataluzando" es decir, rebajada en sus extremos y dejando así la parte central más gruesa. Se depositan las bobinas en un cesto y se llevan al telar.
Para la realización de los lizos, mallas de liza por donde pasan los hilos de la urdimbre, se utilizaba antiguamente un banco especial del que por ahora no hemos podido encontrar ningún documento o dibujo que atestigüe como era. Solamente el testimonio oral del tejedor Rufino Planas que se acuerda ligeramente de cómo era.
Creemos que la descripción exhaustiva del intento realizado por nuestra parte de reconstruir dicho banco, se sale de los pequeños márgenes de este dosier, por lo que lo dejamos para otro trabajo posterior más amplio.
Se consideran accesorios del telar, aunque evidentemente, sin ellos no se podría tejer. La forma del lizo es la de una malla con un ojal en su parte media. Las púas son pequeñas y finas cañas que con el uso adquieren una suavidad y brillo característicos. Como hemos dicho por los lizos pasan los hilos de la urdimbre según un determinado orden -repás-, que nos dará un determinado tejido. Luego esos mismos hilos pasan por el peine, que tendrá un cuento diferente (espacio entre dos cañas), para que pase un hilo grueso, uno fino, dos hilos juntos, etc.
Ambos elementos están distribuidos en vías (una vía son 24 hilos) y con ellos conseguimos la anchura de la urdimbre y la separación deseada entre los hilos.
Como ya hemos dicho, tenemos referencias de que existían fábricas de púas en la zona de Lérida, en cambio no tenemos ninguna referencia de que existieran fábricas que suministrasen lizos a los tejedores. Su elaboración era totalmente artesanal y según las necesidades que de ellos tuvieran.
Como su nombre indica era un cajón dividido en doce cuadrados en los que se depositaban los doce ovillos necesarios para realizar la preparación. En su parte superior tiene un listón horizontal que se asienta en listones pequeños verticales. En dicho listón horizontal se disponen doce orificios en hilera, por los que se introducen las doce hebras de los ovillos. En algunos casos, puede tener simples arandelas que realizan la misma función.
Sirve para la separación de los hilos por vías cuando se está colocando la urdimbre en el telar.
Es un listón de madera con palos o simples clavos sin cabeza colocados verticalmente, y a una determinada separación uno de otro, y con unas arandelas de liza situadas en los extremos y en el centro, por donde pasarán las parejas. La separación entre los clavos varía desde 1 cm. en las pequeñas, a 2-4 cm. en las grandes. A esta operación se le denomina empuar la pieza.
Simple palo, generalmente cogido de cualquier arbusto, que se usaba para sostener la caja hacia atrás en el momento de la colocación de la pieza en el telar.
Se denomina así a dos cañas o palos atados en uno de sus extremos y con el otro libre. Se utilizaban para que en el momento de colocar la pieza en el telar no se perdiese la cruz de los hilos. Se introduce cada caña de la pareja antes y después de la cruz, y se ata su extremo libre. Si en alguna ocasión se desataban las parejas, se perdía el control de los hilos y el trabajo estaba perdido.
Consta de un palo con tres lizas atadas una a cada extremo y otra en el medio, y otro palo aparte que no tiene cuerdas.
Se utilizaban cuando una vez tejida la pieza, la rueda que gira el rodillo inferior no puede dar más vueltas, y hay que soltar la pieza del rodillo, y colocándole las acabadoras, rematar la labor. Así pues, como en otras ocasiones, nos encontramos con que su misión nos la dice su propio nombre.
Estaba formada por un palo a uno de cuyos extremos iba atada una liza y en el otro extremo tiene una pequeña ranura para atar después la liza. Se usaba para meter los hilos una vez que se sacaba la preparación del urdidor y se llevaba al telar. Así no se perdía la cruz del final de la preparación.
El palo se introducía por uno de los huecos de la cruz y la liza por el otro, atándose ambos.
O templares, ya que en realidad son dos. Son dos palos que se unen entre sí por medio de un engarce, y que tienen los extremos acabados en un remate de hierro dentado. Se usaban para evitar que al tejer la pieza, ésta encogiese.
Instrumentos que servían para introducir la trama en el orificio -abierta- que forman los lizos al presionar los pedales. Como hemos dicho, anteriormente, la trama se disponía en bobinas que se metían en el hueco de la lanzadera sujeta con un palito. Normalmente se la construía el propio tejedor, y las más apreciadas eran las de madera de boj, por su buen deslizamiento y duración. Su forma es totalmente aerodinámica, ideal para introducirse por la abierta.
El hilo de la trama debe de estar en bobinas para poder pasarlo con la lanzadera. La bobina se realiza en el tomo, poniendo una canilla en el husillo de hierro, y mientras que con una mano se gira de la manivela, con la otra se va tensando el hilo para que se forme la bobina. También se realiza con una determinada forma: ataluzando los extremos.
Con este nombre se designaban varias cuerdas, hilos o lizas con los que se ataban los accesorios. Así por ejemplo, la cuerda con que se ata la pezolera al husillo, las cuerdas con que se atan los cruces en el urdidor, etc.