Un fragmento del Museo de Dibujo "Castillo de Larrés".

La colección

Aun habiendo visitado en varias ocasiones el Museo de Dibujo, todavía me cuesta concebir la enorme diversidad que encierra, evitar la asociación de ideas que, automáticamente, liga la palabra "dibujo" con "lápiz", "carboncillo" y "papel". Me he permitido introducir al comienzo de este apartado esta reflexión, que nace de lo subjetivo, porque creo que es un fenómeno bastante generalizado, y aunque no entro en 105 factores que a ello conducen, la sorpresa al topar con cl abanico de técnicas, aspectos y posibilidades que se pueden ver y conocer en Larrés, -y sin salir de la categoría del "dibujo"-, es tan admirable como enriquecedora, sin duda se aprende. Que los conceptos empobrecen, sobre todo, a las artes plásticas, es algo obvio por no tener límites codificables de modo estricto; nunca una sucesión de palabras puede llegar a aprehender una obra de arte como realidad material, así como las pautas genéricas que ]es sean atribuidas no las pueden atrapar del todo. Y es que el concepto actúa en contra nuestra en este sentido, como fabricante de prejuicios.

Así es más fácil de entender que no sea fácilmente deducible que en este Museo, vayamos a encontrar desde bocetos preparatorios a ilustraciones, cómic, dibujos de arquitectura y grabados, ex-libris y diseños publicitarios, técnicas mixtas junto a las más convencionales, y una enormidad de obras, a las que atribuirles alguna técnica dibujistica, convencionalmente considerada, corno su generadora, resulta para los que adolecemos de conocimiento profesional en esta disciplina, casi un acto de fe.

La totalidad de obras que acoge el Museo responden a un criterio específico: dibujos, en cualquiera de las técnicas alusivas, de artistas que, sin importar su fecha de nacimiento, hayan muerto en o después del año 1900; artistas nacidos en España o bien vinculados a ella. Aunque, en principio, no se pretendía exponer grabado, algunos a los que Julio Gavín solicitó obra respondieron a su petición con grabados, a lo que, en una ]loable y abierta actitud, no se opuso problema alguno, todo lo contrario, fueron dispuestos en una vitrina habilitada al respecto, y corno actividad relacionada.

El dibujo más antiguo, hasta la fecha, dentro de la colección, corresponde a Francisco Pradilla (1874), siendo la artista más representada cuantitativamente, la religiosa Pilar de la Fuente, que hizo depositario al Museo de Dibujo, de una donación de más de setecientas obras. En líneas generales, se puede decir que Larrés ofrece una buena representación del siglo XX en lo que a arte, y más concretamente a dibujo, se atiene. Si bien, se aprecian grandes ausencias de algunas figuras internacionales que marcan un hito en la historia del arte contemporáneo del país: Solana, Picasso, María Blanchard, Juan Gris, Miró... no responde a otra razón que la falta de adecuación del precio de mercado de cualquier elemento que estuviese en las áreas de irradiación de estos artistas (algunos de ellos, afirma Gavín, excelentes dibujantes), con el presupuesto anual asignado al Museo. No necesitó el promotor del Museo, darme muchas explicaciones de porqué hubo de rechazar un dibujo de Ramón Casas, teniéndolo en sus manos...Otros, con mejor suerte, han llegado allí por diversos medios: Zuloaga, Gárate, Vázquez Díaz, Saura, Ramón Acín, Nicanor Piñolé, Celso Lagar, Grupo Pórtico, Benlliure, Cristino Mallo, Dalí, por citar algunos.

Acerca del sector de artistas y obras del que ahora me ocupo, y que sigue un criterio de ordenación alfabética de Autores, con obras en Larrés comprendidas en el intervalo de años 1900 a 1936, ambos inclusive, pongo de relieve la dificultad que conlleva el conseguirlas: además de la revalorización que sufren las obras cuando mueren los artistas (ya que se pone un firme y jugoso coto a su producción) en algunos casos la reticencia de los familiares a donarías (por diversas causas), o el hecho de que el propio Museo del Dibujo sea muy joven aun en el panorama nacional (lo que casi hace extraño que queden obras de determinados autores sin colgar en paredes de otros muscos, o sin meter a subasta, o sin cerrarse entre cuatro paredes como decoración ostentosa) y, valga reiterarlo, su pequeño presupuesto, convergen en una representación dibujística para este período de tiempo, algo escasa en número (sin contar con las muchas obras, de las que se desconoce la data, y de las cuales habrá bastante más de una que haya de ser incluida aquí por cifrarse entre 1900-36), pero con buenas representaciones del artista y lo movimiento en que se inscriben, las que no, valoradas por muchos de los aspectos que encierran. Y, cómo no, por el preciso, o expresivo, o pictórico, funcional, preciosista... dibujo.