Lo primero me voy a presentar. Soy un zoque que vivo en la Tierra de Biescas como el resto de mis parientes. Estoy bajo la advocación de Santa Engracia y elegí este acogedor prado para fijar mi residencia. Vivo en una casa de dos plantas. yo ocupo la primera, y voy a dar a conocer a mis vecinos:
A mi izquierda está el dolmen, éste ya estaba cuando yo nací, y es el más viejo GARCÉS CONSTANTE, José Mª. Los Dólmenes de Biescas Serrablo 16 1975 Sabiñánigo p. 14 . En la planta de arriba vive la ermita de Santa Elena a la derecha y un fuerte militar, que llegó el último, a la izquierda.
Mi abuelo fue un pueblo y mi madre una iglesia y ambos ya llevaban el nombre de Santa Engracia, al menos eso dicen los libros. MARTÓN, León Benito Sumaria investigación de las plausibles antigüedades del célebre Santuario de Santa Elena Ateneo Zaragoza 1983 pp.32 y ss.
A mi me gusta el nombre de Santa Engracia pues fue una mártir de la antigüedad que tiene iglesia y cripta en la mismísima ciudad de Zaragoza y eso me hace sentir orgulloso. de Jesús, ManuelRamiro, Andrés Vidas de Santos ?? ?? ??
Yo nacía hace ya algo más de doscientos años y mi venida al mundo fue humilde Soy muy pequeño y nunca he podido acoger a mucha gente en mi interior. No obstante, como estaba al pie del camino muchas fueron las personas que por delante de mi pasaban y, aunque solo fuera brevemente, rezaban una oración que guardaba entre mis piedras lo mismo que las monedas que en mi hucha echaban para certificar sus plegarias.
Esos si que eran buenos tiempos. Gentes de los más diversos lugares, unas veces amigas y otras enemigas, desfilaban por delante de mi puerta hacia la vecina de arriba, Santa Elena, mujer importante en los asuntos espirituales o por el contrario se dirigían hacia el establecimiento militar, siempre ducho en aspectos más materiales.
Yo aquí, con mi vecino el dolmen, cuyas piedras profundamente bajo la maleza hasta no hace mucho, veíamos pasar la vida que en el piso de arriba se tornaba, a menudo, bulliciosa.
Pero con el tiempo las periódicas visitas se hicieron esporádicas al optar por otro camino. Como no pasaba casi gente no había negocio y no podía arreglar mi vivienda. Pobre. cada vez más, llegó mi mina.
Abandonado, las gentes que explotaban la cantera que tengo detrás me enterraron y con eso creyeron darme por desaparecido. Tan solo alguno sabía que por allí una vez estuve a la caza de la limosna y la oración del devoto. Pero se equivocaron, pues no hace mucho tiempo que un caminante de otra tierra me encontró. Como he dicho estaba enterrado pero a su paso pude sacar una mano pétrea para que la cogiera entre las suyas y estirando de la mía una y otra vez consiguió que me deshiciera de aquello que me oprimía.
En este caso yo pedí ayuda humana, al contrario de lo que hasta ahora hacia dando a los hombres el apoyo divino a sus plegarias. Y pagué con limosna como antes Otros por mis tareas me habían pagado con sus dineros. Esto fue lo que le di:
Ya no me queda ni un maravedí en mis entrañas pero veo la luz del sol todos los días y a la gente que curiosa acude a ver mi destartalada figura. Si alguien todavía se acuerda de este desgraciado zoque que me ponga unas flores y murmulle, aunque sea entre dientes, alguna oración.
¡Eh! ¡Tú! ¡El de enfrente! ¡Una limosnita, por favor! . El zoque de Santa Engracia está situado en el campo que lleva su nombre inmediatamente antes del congosto de Santa Elena. Fue desenterrado por el autor de este artículo en un mes de Julio de hace algunos años. En el limosnero del mencionado zoque aparecieron las monedas que aquí se exponen.