Este apartado que ahora comienza, se hace indispensable si, como en este caso, dentro del conjunto en que se integra el objeto de estudio, pasa por encima de muchas rígidas pautas que no hacen sino arrebatar matices de personalidad y dinamismo a muchos de los elementos que integran la globalidad en que se inscribe.
No sólo por ser pionero en España dentro de la categoría de museos dedicados al dibujo, ni siquiera por estar totalmente alejado de cualquier centro de poder financiero, comercial, quizá también artístico... tampoco por no contar con la incondicionalidad institucional que ha dotado a los pocos, pero grandes titanes de la geografía museística española, de una disponibilidad económica efectiva y válida ara todos aquellos que relacionan calidad artística con leyes de mercado. Ni por prescindir de jerarquías impositivas totalmente ajenas a la sensibilidad artística.
Todo lo que el Museo de Dibujo "Castillo de Larrés" supone, y lo que de él emana es sinónimo de singularidad, de frescura, de acoger ideas y excavar en cuantos criterios y opiniones puedan contribuir a enriquecer cuantitativa y cualitativamente lo que tras sus puertas se ofrece.
Esa obsesión por evitar la degeneración de este palacio del dibujo del XX en fósil, y por impedir que se haga de él una realidad caduca y anquilosado, es lo que inyecta vitalidad a su principal promotor, Julio Gavín, a la hora de "moverse" para conseguir obras que exponer en el Museo, -lo cual es, en sorprendente mayoría, fruto de la comunicación y diálogo personal con todos aquellos que puedan aportarías (artistas, sus familias, galerías de arte...)-, para desplazarse a conocer más arte, artistas, o abrirse a nuevas ideas como formación de talleres de dibujo en locales adyacentes al museo (figura y paisaje. durante la temporada estival), o la unión de las artes en el seno del propio inmueble (música, escultura, fotografía. proyecciones audiovisuales...) como praxis de esa interdisciplinariedad tan anhelada.
En los catálogos y folletos del Museo de Larrés se da buena cuenta del carácter cambiante de su contenido; se trabaja para poder mostrar todo el material que se acoge, y más para conseguir articular muestras monotemáticas o regidas por otros criterios didácticos interesantes para todo aquel que se llegue hasta Larrés ya que, obviamente, las palabras quedan muy por debajo de la experiencia de la realidad vivida.
Tan sólo esto baste para justificarla originalidad que caracteriza desde su nacimiento a este Museo de Dibujo, lo que unido a otros muchos aspectos - que exceden a este trabajo de aproximación-, configura un elemento sin duda y sin falsa retórica modélico.
Incluyo aquí, al comienzo, un inciso para agradecer de forma manifiesta, a aquellos que han hecho confluir todos los condicionantes necesarios para que hoy me encuentre llevando a cabo gustosamente este trabajo sobre este museo. Desde el punto de partida a Jesús Pedro Lorente, profesor en la UZ, de quien, además de haber sido depositaria de su buena labor como docente a lo largo de tres asignaturas, he recibido la preparación, confianza y ánimos para acometer esta tarea, siendo él quien me dio a conocer la existencia del Museo. Como segundo paso, a Julio Gavín, y extensivo a "Amigos de Serrablo", por lograr levantar, en todos los sentidos, un Museo digno, que se extiende, en una dinámica casi diría artesanal, por minuciosa, más trabajo de personas que de máquinas o cheques, y por ello muy cercano.
Añado un recibimiento generoso hacia mi trabajo y una disponibilidad absoluta para conmigo, en particular de Julio Gavín, de quien admiro esa ilusión ilimitada al explicar, mostrar y relatar el origen y devenir del Museo... otra de tantas veces, siempre acompañado de la campechanía que lo define, y que tanto facilita las cosas al llegar a lugar ajeno.
Finalmente, me complace mencionar el incondicional apoyo de mi familia y de mi compañero Manuel Sánchez, que siendo licenciado en Historia del Arte por la U.Z., enriquece con sinceridad y conocimientos toda actividad por mí emprendida.
El Museo de Dibujo "Castillo de Larrés", en contra de lo habitual, comienza siendo una idea, y sólo eso, ya que, según palabras de su director Julio Gavín, no contaban con un solo dibujo que exponer y, en principio, tampoco con un continente que fuese óptimo para albergar la función museal. La ilusión puesta en el proyecto y las ganas de trabajar muy duro, en todo lo referente al edificio (y desde sus cimientos), con los trámites y el tiempo a invertir que ello conlleva, y la atención y empeño puestos a la hora de conseguir una serie de obras que permitiesen configurar materialmente el concepto de museo en toda norma, fueron la base que posibilitó aquel 14 de Septiembre de 1986, abrir sus puertas al público con un conjunto digno de 250 dibujos. Pero, a mi juicio, mucho más meritorio es que ese afán no se consumiera en la fecha inaugural, sino que avivó, más si cabe, las ganas de esforzarse y el afán por configurar, día a día, un espacio más rico en obra y en prestaciones.
Un montón de sillares alineados conformando una pequeña y desigual altura de los muros perimetrales e interiores de lo que hace muchos siglos fuera un castillo bajomedieval, los que no desparramados por los alrededores o bien desaparecidos por el aprovechamiento del edificio a modo de cantera por los vecinos del lugar, fue con lo que topó la Asociación "Amigos de Serrablo", -al frente de la cual se sitúa el mismo Julio Gavín-. Pese a no ser nada nuevo para la Asociación (que lleva a sus espaldas los trabajos de más de una veintena de iglesias, la mayoría serrablesas. en las que han desempeñado líneas de actuación diversas según las circunstancias y basándose en las posibles fuentes existentes de todo tipo, en los restos conservados v. como Gavín afirma "en el sentido común", producto de un inestimable saber, investigación, y en la libre defensa de las teorías del que fue canónigo archivero de la Catedral de Huesca, Antonio Durán Gudiol. en pro del origen mozárabe de las iglesias del Serrablo), toparon con una dura labor que les llevaría varios años.
Tras conseguir que los Castejón Royo, que eran propietarios del castillo (en ruinas desde mediados del siglo XIX). por herencia familiar, lo donasen a la Asociación, se acometió una ardua tarea cuyas pautas venían marcadas por la propia estructura mantenida de la forma de la planta del inmueble, por testimonios orales de los larresanos, la asesoría en técnicas de construcción ancestrales de uno de los pocos "piqueros" que, aún hoy, quedan en la zona, por el estudio minucioso del pasado histórico del castillo, pasando por el profundo y directo conocimiento de las iglesias de la comarca (todas recogidas en detalle por la diestra mano de Gavín y habiendo servido, tanto para ilustrar numerosos trabajos científicos, como para "mirar de otro modo", viendo el detalle a la par que está siendo reflejado en el papel, y mostrarlo así, permanente a la par que espontáneo), sin olvidar un valioso y curioso testimonio como es una vieja fotografía tomada por Santiago Ramón y Cajal, que documenta un estadio de la vida del castillo.
Algo así como medio año antes de verse culminada la tarea constructiva, y justo en la fase de, "no sólo puede ser, sino que está siendo" Gavín comienza a desplazarse, telefonear y escribir para conseguir el material artístico. El primer dibujo recibido fue de Alberto Duce; le seguirían muchos otros, hasta y tras la inauguración, constituyendo un conjunto que, hoy en día rozará los 2000 (el último que tuve ocasión de ver era de Laguardia).
Por lo demás, el castillo ha contado con reformas y mejoras desde que se le dio función de museo, tales como una cubierta vítrea para el patio central (evitando así la humedad, ganando luz, y unos grados de temperatura para invierno, y verano, ya que no se dispone todavía de los medios económicos necesarios como para el acondicionamiento térmico del edificio) y otras actuaciones estructurales encaminadas a mejorar las condiciones expositivas.
Actualmente se está trabajando en la creación de una biblioteca que, al igual que el castillo, ha requerido un trato del edificio desde sus mismos cimientos. Es cuestión de actitudes el hecho de que, para solventar necesidades espaciales, en vez de construir ex-novo, se recurra a inmuebles pre-existentes, los cuales son nuevamente levantados con ánimo de dotarlos de función, evitando así hacer de ellos meros trasuntos de deleite estético visual; es una forma de vivíficarles, y a la par de poder vivirlos.