Últimas posesiones del señorío de Layés y pardina de Sta. María del Solano

Algo se debía barruntar D. Pedro Francisco de Garasa, señor y habitador del Castillo o Palacio de Lerés de Guarga y de los lugares de Xabarrella, Layés y Grasa, cuando cinco años antes de que la terrible plaga de langosta asolara la montaña, decidiera vender parte de sus vastas posesiones, que desde tiempo inmemorial había pertenecido a su familia de Lerés de Guarga.

Así pues, el día 17 de enero de 1680, acompañado de su esposa D.ª Ana Gerónima Serra, y de su hijo D. Josef Bernardo de Garasa y Serra, venden a D. Martín Jacinto de Ena y Luna, infanzón, Señor del lugar de Paules y domiciliado en la villa de Ayerbe, el lugar de Layés y la pardina de Sta. María del Solano, "situado dentro del reino de Aragón, con sus términos, montes, yerbas, aguas, pescas, cazas, leñas (...) con los vasallos que en él y sus términos hubiere (...), con supremo y absoluto poder...". Todo ello fue vendido por la cantidad de 2430 libras jaquesas, reservándose el vendedor o sus sucesores, por medio de una Carta de Gracia, la facultad de poder recobrar el señorío previo pago de la 2430 libras en las que estaba tasado.

Veintisiete años más tarde: el 1 de julio de 1707, D. Martín Jacinto de Ena, y su hijo D. Joaquín de Ena y Urriés, venden el susodicho señorío a Thomas Beneche y Esporrín, infanzón, vecino de Huesca, el cual pasó a engrosar el Mayorazgo que había heredado de su fundador el Sr. Conde D. Orencio Beneche, gestor gestor del senado de la ciudad de Milán. El precio establecido fue de 1950 libras jaquesas, pero con el "pacto y reserva" de que silos descendientes de los primeros vendedores hiciesen uso de la Carta de Gracia por la cual volverían a ser dueños directos del señorío una vez abonadas las 2430 libras, Thomas Beneche o sus sucesores, pagarían a Martín Jacinto de Ena o sus sucesores las 480 libras jaquesas que es el exceso del precio.

Todo lo que restaba del S. XVIII, estuvo formando parte del Mayorazgo de los Beneche, hasta que el 15 de mayo de 1799, D. Joaquín de Garasa y Sarasa, haciendo uso de la citada Carta de Gracia que 119 años atrás se habían reservado sus ascendientes, compra de nuevo el señorío de Layés y pardina del Solano, en este caso a los sucesores del Mayorazgo D. Diego Santolaria "regidor perpetuo, jubilado", y su mujer D.ª Ysabel Ramírez, en el precio estipulado de 2430 libras jaquesas. Un personaje de lujo,D. Ramón Castillo: secretario de la Universidad Sertoriana de Huesca, fue el escribano encargado de hacer las correspondientes escrituras de retrovendición.

Once días después, el 26 de mayo de 1799, D. Joaquín Garasa, se presentó en Layés, acompañado de un escribano apellidado Oliván, y de dos testigos vasallos suyos; Joaquín Tricas, molinero del Castillo de Lerés, y Josef Aso, sirviente; pues "para la seguridad resguardo y conservación de sus derechos. necesitaba tomar posesión de dicho lugar".

Así pues, acompañado del alcalde Thomas Artero, hizo llamar a los dueños de las casas y las haciendas, que a la sazón eran; Jorge Lloro, Miguel Ciprés, Bernarda Paules (viuda de Josef Grasa); Felipe López y el propio alcalde Thomas Artero, con el propósito de que estuviesen todos presentes en la toma de posesión, que se realizaría en todas y cada una de las viviendas.

La primer casa a la que se dirigieron fue a la pardina del Solano, que en esta fecha aparece despoblada. Una vez llegados, el Sr. Alcalde tomó de la mano derecha a D. Joaquín y lo paseó por toda la pardina, "tiro piedras, arrancó yerbas, cortó ramas e hizo actos denotantes, la verdadera, real, actual, y corporal y más asegurada posesión de las mismas".

Acto seguido, volvieron a Layés, entró y se constituyó, siempre de la mano del alcalde, en la casa que como dueño poseía Jorge Lloro, la que "con sus heredades es tributaria en dos caices, tres fanegas y cuatro almudes de trigo".

La siguiente fue la de Bernarda Paules, "que con sus heredades es tributaria en dos caices, una fanega y cuatro almudes de la misma especie".

Después pasó a "la casa que como dueño útil posehe Miguel Ciprés, la cual con sus heredades es tributaria en un caiz y ocho almudes de trigo".

Continuando con el mismo ritual se constituyó en casa de Felipe López el cual era tributario en "dos caices, cinco fanegas y cuatro almudes de trigo".

Por último entró en casa del alcalde, como siempre de su mano, que con dos caices y tres fanegas, era el que menos tributaba. Acabada la "ronda", le pidió el Título de Nombramiento de Alcalde, "se lo quitó y rebocó, y acto contínuo lo nombró de nuevo". D. Joaquín Garasa "recibió juramento al mencionado Thomas Artero, que lo hizo por Dios Nuestro Señor y a una señal de la Cruz".

Finalizado el acto de nombramiento, después quizá de haber bailado la danza por la cual se aprobaba la labor del Bayle reelegido, todos los vecinos reconocieron a D. Joaquín Garasa y Sarasa como nuevo Señor, obligándose a pagar la tributación que a cada vecino le correspondía en relación con la extensión de tierra que sembraba y que debía satisfacerse en el mes de septiembre. Además el concejo del pueblo se comprometía a abonar el día de San Andrés 26 libras jaquesas, y "por cada un vecino y vasallo por la Pascua de Navidad, un pernil de tocino de cinco libras carniceras y dos gallinas".

De ésta manera quedaba pactada la relación vasallo-señor, muy deteriorada ya en relación con siglos anteriores, y que desaparecerá definitivamente con la ley del 6 de agosto de 1811, por la que se suprimen todos los señoríos jurisdiccionales.