LOCALIZACIÓN
El despoblado medieval de Medianeta se halla a mitad de camino entre Javierrelatre y la antigua carretera Jaca-Zaragoza. A orillas del río Moro, junto a la carretera, al Norte, enseguida divisaremos los clásicos "espedregales" y las ruinas de lo que fue su iglesia. Estamos a 717 m. de altitud y en término de Javierrelatre.
DESPOBLADOS MEDIEVALES
Soduruel es pródigo en despoblados medievales. Esta subcomarca, aunque siempre pobre y de escasos recursos, durante los siglos XI al XIV, ambos inclusive, soportó un alto índice de población, materializándose ésta en numerosas aldeas de escasa entidad, cuyo recuerdo aún subsiste en pueblos, pardinas y topónimos.
Si trazamos una circunferencia con un radio de 4 km., con centro en Medianeta, encontraremos los siguientes despoblados medievales:
No olvidemos los actuales Sieso, Artaso, Javierrelatre y Bernués, si no dentro de la circunferencia, junto a ella.
EL PUEBLO
Tenemos muy pocos datos sobre Medianeta. El topónimo, latino cien por cien, puede venir de dos fuentes:
Existen más pueblos con idéntica filiación:
Mediano (Huesca), Mediana (Zaragoza), Mediana (Huesca), Mediavilla (Burgos)...
La primera cita documental data de los años 1020-1035 1. Luego lo vemos en la lista de los 238 pueblos que en 1187 hicieron solemne voto a San Indalecio, aunque ésta sea muy posterior 2. Durán nos dice que en el siglo XIV su iglesia tenía el título de rectoria 3.
Por deducción arqueológica, Medianeta no tuvo más de cuatro casas, incluida la abadía, junto a la iglesia. Los "espedregales" así lo confirman. Los despoblados medievales que le rodeaban tampoco tendrían mayor entidad. El pueblo desapareció, como tantos otros, a consecuencia de las pestes del siglo XIV. En el siglo XV ya no tenemos constancia documental de su existencia como tal.
LA IGLESIA
Las ruinas mejor conservadas, o más llamativas de Medianeta, sin duda alguna son las de su iglesia. Encima del pueblo se distingue aún sin apenas esfuerzo el semicírculo absidial y el montón informe de escombros y vegetación que conforman la nave del templo.
Para llevar a cabo una mínima investigación sobre el mismo habría que desbrozar la vegetación y desalojar los escombros. Sin esta labor resulta imposible trazar la planta del edificio, ni siquiera plantear un esbozo. No obstante, creemos estar en condiciones de afirmar lo siguiente sobre la iglesia románica de Medianeta:
Del tambor absidial queda casi todo el muro, exceptuando los extremos, conservado hasta una altura que oscila entre los 2'20 y los 2'75 m. Da la impresión de haber tenido banco sobre su cimentación. Hay dos mechinales a 1 '40 m. de altura del suelo. No se ven huellas de ningún vano absidial. Los sillares están unidos con argamasa, trabajados a maza y a puntero y dispuestos a soga y a tizón. Como ya hemos apuntado, la cantería es excelente. De ella, no sólo hay restos en el paño absidial conservado, sino en los muros N y W y alrededor del templo. Junto a él yacen sillares magníficos, dovelas de pretéritos vanos, basas de columnas, jambas y cabeceras, etc. No obstante, como no podía ser otra cosa, el expolio ha sido notable.
EL EXPOLIO
Aun a pesar de lo llamativo de sus ruinas, la iglesia de Medianeta ha sido víctima de varios expolios. La culpa de la depredación humana la tiene, sin duda, la excelente cantería.
No sabemos cuándo se hundió. Sólo sabemos que la iglesia desaparece de la documentación en el siglo XV y que en los pueblos vecinos nadie la ha conocido en pie ni ha oído hablar de ello.
Un vistazo rápido al templo nos muestra que le faltan muchas piedras. Los escombros no corresponden, ni con mucho, al volumen de la: edificación. El muro meridional, prácticamente ha desaparecido. De los otros, apenas subsisten restos.
Para ver dónde estaban las piedras que faltan en Medianeta, recorrí los corrales y parideras cercanas, en busca de restos. Sólo encontré algunos sillares medievales en el muro de la era de un corral próximo, fechado el 1937, con vistas a la pardina de Vizcarra. Así que concluí que el expolio viene de muy atrás. Primero se llevarían la portalada y las columnas, que sabemos existían. Luego, poco a poco, según las necesidades, se irían llevando los sillares.
Cuando visité despoblado por primera vez, allá por 1991, dibujé las ruinas y tome algunas notas, de campo y, en mis cuadernos, tengo la referencia de unas ruinas mejor conservadas y con mas empaque que las actuales. De lo que se deduce que durante esta década alguien se ha llevado bastantes sillares, varias decenas, todos ellos del ábside y del muro Sur.
Ese alguien dirá que mejor están las piedras en su actual emplazamiento que no allí, calcinándose bajo el sol. Pero ese alguien ignora que esas piedras tienen encima un sentido, una vida, una historia, que han sido talladas por una mano primorosa y han formado parte de un lugar sagrado. Y ese alguien ignora que, según las leyes de la naturaleza, no es conveniente emplear las cosas para otro fin del que fueron creadas. Dicho con otras palabras, desviar la intencionalidad de las cosas para intereses particulares.
Si tenemos el coraje de dejarnos hundir nuestros mejores edificios, si tenemos el valor de no restaurar ni mejorar nuestro patrimonio, al menos dejemos a las ruinas que descansen en paz. Dejémoslas tranquilas, que duerman el sueño de los justos. Exactamente como de hacemos con nuestros antepasados, como hacemos con nuestros seres queridos que reposan bajo tierra. Aunque a ellos, al menos, de vez en cuando les ponemos flores, les limpiamos la tumba y les ofrecemos sufragios y oraciones.