A través de la historia se ha podido comprobar como el museo ha sido el escenario natural del gran espectáculo del arte y la cultura, hasta que en pleno siglo XX muchos de éstos museos, que hasta los años 60 podían ser catalogados como viejos cementerios del arte, al ser denostados por las vanguardias, se han transformado hasta convertirse en bulliciosas galerías en las que, por ejemplo, Berlín, París o Barcelona, atraen más público que los estadios. Bien es verdad que en la actualidad la mayoría de los museos se debaten entre el dramatismo de la escenografía y la narración pautada.
Puede centrarse hoy el debate entre los que apuestan por el museo de corte tradicional en el que se exhiben, de una forma funcional, las obras agrupadas por autores, de forma cronológica, historiográfica, etc.. y aquellos que reclaman la contemplación del objeto en el contexto en que fueron creadas. En cualquier caso el museo como hecho cultural es, y creemos debe ser, un elemento vivo independiente de la fábrica que lo alberga, ya que su patrimonio responde a contenidos, aunque ahora, finales del siglo XX, parece que se camina a instituciones con más interés por la imagen externa, en el que prevalece la arquitectónica e incluso la urbanística, que por lo que se muestra, minimizando con ello su contenido expositivo.
De cualquier modo entendemos que el museo nunca debiera ser un mundo aparte y sí que cumpliese una función cultural vinculada totalmente a la sociedad.
Si a todo ello añadimos la innegable actualidad de éste tipo de instituciones podremos muy bien llegar a la conclusión de que las vivencias y actualizaciones requieren la constante puesta al día que la propia sociedad reclama. La cultura obliga a nuevas actuaciones en sectores más o menos amplios de la población, a estudiar aquellos fenómenos que sus motivaciones le son afines, de ahí la importancia que adquieren los museos de temas monográficos y por lo tanto su necesaria ampliación de ofertas de servicios. Cabría añadir, haciendo énfasis en todo cuanto antecede, que si al tema de monografía museistica como temario, se contempla la poca proliferación de algunos de los temas que en ellos se exponen, nos encontraremos con la total justificación de éste "paso adelante" que pretenden llevar a cabo los Amigos de Serrablo de su Museo de Dibujo de Larrés, encabezado y dirigido por Julio Gavín.
Es necesario, pero no suficiente, que un museo exponga obras para contemplación y disfrute e incluso como fuente de investigación, por lo que la creación de una biblioteca, tan monográfica como se quiera y pueda, y un amplio y cómodo archivo para la obra en reserva tanto originales como reproducciones, diapositivas, incluso medios informáticos que permitan acceder a los archivos del propio museo como de otros o colecciones particulares, es vital para esa puesta al día.
Y ésta es la obra que se verá definitivamente realizada con la adquisición del inmueble tantas veces soñado por Gavín y compartido por todos los Amigos que, aunque siempre dificultados por el aspecto económico, el día que ambos edificios, museo el uno (con salas de exposición fijas y temporales) y biblioteca y archivo el otro, debidamente restaurado, (que es de lo que ahora se trata) queden unidos, por una amplia galería de "pasos perdidos" la Institución Amigos de Serrablo en su deseo de servicio a la sociedad, habrá efectuado un gran paso adelante que hace años contemplaban como un sueño casi irrealizable. Ejemplos similares de éstas actuaciones las tenemos, por ejemplo, en el Museo Picasso de Barcelona, en la Fundación Tapies de ésta misma ciudad, debido a Domenech y Amador y más recientemente, en la Tate Gallery de Liverpool, de Stirling y Wilford.
Entendemos que ésta obra que Gavín y su equipo pretende llevar a cabo es un bello sueño romántico que se precipita hacia la praxis, tan necesaria en la programación evolutiva del museo, como en el servicio que a la cultura puede proporcionar. Se contempla todo ello en un ámbito deseado y necesitado hacia mucho tiempo.
Esto requerirá la ayuda y la colaboración de todos los que sentimos la cultura de nuestro pueblo como algo necesario y fundamental, y de los que, por su privilegiada situación ante la sociedad aragonesa, nunca debieran quedarse al margen de éste proyecto.
Candanchú, 1 de agosto de 1998
![]()