Nuestra señora de Pallariecho

Refugiado en Francia Antonio López, célebre Ministro del Rey D. Felipe II, después de los acontecimientos de Zaragoza, tan funestos para los aragoneses que vieron desaparecer la gran institución de su Justicia o, á la que se trata de erigir en nuestros días un monumento en la capital del Reino: aquel astuto y vengativo Ministro, hizo que los hugonotes del Principado de Bearne, invadieran la España, donde en número de unos seiscientos penetraron por el puerto de Sallent, en 9 de Febrero de 1592. Solo pudieron llegar aquellas hordas luteranas hasta la villa de Biescas, porque unidos a los cristianos del valle de Tena algunos valientes de la ciudad de Jaca, y sobre trescientos de la capital de Huesca, fueron derrotados los atrevidos invasores, e ignominiosamente arrojados de nuestra patria. La fe de los montañeses, entre los que se contaban los cristianos de Barbenuta y Espierre, que habían pedido antes la protección del cielo en su Santuario de la Virgen de Pallariecho, hizo que uniéndose a las tropas de Felipe II, que mandaba Alfonso de Vargas, fueran acuchillados los rebeldes, junto a la antiquísima villa, situada en las primeras estribaciones de la cordillera Pirenaica.
Hemos citado a los pueblos de Barbenuta y Espierre, que están fundados al oriente de la villa de Biescas, y ahora vamos a ocuparnos de la ermita que, enclavada en los términos de aquellos pueblos, fue dedicada a la Virgen, bajo la denominación y título de Nuestra Señora de Pallariecho.
En una suave ladera, que se extiende de Poniente a Oriente, están situados los pueblos de Barbenuta y su anejo Espierre; y un poco más adelante, se descubre la morada santa de su querida Virgen. Veinte minutos dista el Santuario de la iglesia matriz, y ocho de su anejo. Colocada la Santísima Virgen al Oriente de aquellos pueblos, es, en su acepción mística, la grata alborada, que tras la oscura noche del pecado, les anuncia la aparición del Redentor, que es para los mortales el divino Sol de la alegría y de la paz.
Al indagar la etimología de este raro nombre de Pallariecho, y su aplicación al Santuario, la interpretación que hallamos más natural y adecuada es, que estando el Santuario cerca de los pajares del pueblo de Espierre, y pudiendo suponerse que al fundar allí el altar de la Reina de los Angeles, seria tal vez uno y no muy grande el sitio destinado para recoger 1a paja del pequeño vecindario, pudo muy bien tomarse de allí el título de pallariecho, o pequeño pajar, según el dialecto particular del país.
También pensamos si el verdadero nombre de la ermita será Payariecha, en cuyo caso significando paya, pastora, puede querer expresar payariecha, el diminutivo pastorcilla. Esta segunda explicación, de ser fundada, nos autorizaría para considerar como aparecida aquella venerable imagen a alguna pastorcita, que con su ganado recorría la montaña. Semejante fue la aparición de la Virgen de Lourdes a la pastora Bernardeta; pero mientras este caso se sujetó a las pruebas rigurosas que la lglesia, exige para conceder a los hechos el honor y distinción de milagrosos, la aparición que suponemos ocurrida en la parroquia de Barbenuta, no tiene en su confirmación ni siquiera la tradición, ni la historia, legándonos algunos datos.
También payo y paya es un adjetivo que significa agreste, sinónimo de campesino, y por el sitio donde radica el Santuario, pudiera aplicársele el dictado de Nuestra Señora de Payariecho, o del Campito.
No hay datos para fijar la antigüedad de la ermita, si bien la obra material revela varias reparaciones realizadas en distintas épocas, y que demuestran tener muchos siglos de existencia. Como documento autentico que ha llegado hasta nuestros días podemos citar, una escritura de treudo, que en el ano 1655 fundó en el Santuario D. Sebastián de Lacasa, Rector que era de aquella parroquia de Barbenuta. Este dato, que pertenece a mitad del siglo XVII, prueba, que en aquella fecha existía ya la Virgen de Pallariecho, mas no le niega la antigüedad mayor que están marcando sus muros y su estructura interior.
El edificio mide 42 metros de largo, por cinco y medio de ancho, y en su origen estaba cubierto por sólida bóveda, de la que solo resta hoy el arco del Presbiterio. Como la piedad de aquellos devotos es superior a sus fuerzas, no habiendo podido reparar antes a cubierta, están recogiendo materiales para hacer de nuevo el cielo raso de la parte central de la iglesia. Por el interior estaban pintados los muros al fresco, de cuyo trabajo solo quedan algunos restos, y tendrá que ser renovada la pintura, o blanqueada toda la iglesia, al verificar la mencionada reparación de la cubierta.
Un solo altar forma la ornamentación del templo, que naturalmente ocupa el ábside, y esta dedicado a la Soberana del lugar, y patrona de toda la comarca. El precioso retablo tallado en madera y todo dorado, que pertenece al género barroco, está dividido en cuatro compartimientos, que marcan dobles columnas en los lados del camarin de la Virgen y sencillas en los costados, formando los nichos de San Joaquin y Santa Ana. El segundo cuerpo esta delineado por pilastras que recortan el retablo del Santo Cristo, e escultura en madera, que se alza sobre la cornisa dorada del primer cuerpo. Las imágenes de San Joaquin y Santa Ana son de escultura en madera, y de las mismas dimensiones que la de la Virgen.
Es común creencia que la estatua de Nuestra Señora de Pallariecho es de piedra, por su gran peso y da lugar a la duda sobre la verdadera materia de que fue fabricada, el hallarse toda ella perfectamente orada. Es una preciosa imagen de 87 cm. de altura, que está derecha y tiene al Niño Jesús en su mano izquierda. Aquella Virgen es la brillante aurora para los habitantes de los dos lugares de que se compone la parroquia, y de todos los pueblos limítrofes. Es el Sol, cuyos ardientes rayos encienden en los corazones de sus devotos el fuego del amor de Dios, y de la caridad con el prójimo. Es el lucero de la noche, a donde dirigen su mirada antes de entregarse al reposo; y el iris de paz y de esperanza, adónde acuden en las tribulaciones de la vida y en las amarguras de la muerte.
Aunque siempre y en todo tiempo visitan aquellos cristianos el Santuario de su querida Madre, la fiesta principal se celebra desde tiempo inmemorial el día de la Asunción de la Santísima Virgen a los cielos, o sea el 15 de Agosto, diciendo segunda misa en su altar sagrado, por haberse celebrado la primera en la iglesia parroquial. La fiesta comienza reuniéndose a la hora convenida los vecinos de ambos pueblos y algunos otros de las localidades inmediatas, y organizándose en devota procesión, suben desde el pueblo de Espierre, cantando la Letanía de los Santos. Llegados al Santuario, celébrase la santa misa, a la que asisten con verdadero recogimiento todos aquellos hijos amantes y tan amados por la Santísima Virgen, y al regresar al punto de partida, entonan el Ave Maris Stela, y a continuación el Magnificat. Por la tarde se cantan vísperas en la iglesia de dicho anejo Espierre, y se da por terminada la fiesta.
Mientras aquellos cristianos continúen dirigiendo la vista al Santuario de la Virgen y fijando en su altar sagrado los puros afectos del corazón, aquella Señora agradecida derramará el bálsamo del consuelo sobre sus heridas, como la otra María lo vertía sobre los pies del Salvador; más, si por desgracia, se dejan aprisionar en, las redes de la malicia y del pecado, o encerrar en el circulo de la incredulidad é indiferencia, la vida presente les será penosa y desgraciada, y cuando aspiren al reposo eterno en la verdadera patria del alma, no sentirán sobre su frente la mano cariñosa de la Virgen, llamándolos a su perpetuo descanso, ni su cadáver será cubierto por el dorado manto de aquella Reina de Pallariecho ,que en vano los esperó en su soledad y aislamiento, porque ni fueron a postrarse ante su altar, ni la rezaron la Salve desde sus hogares.