La cultura nace con el utensilio. El hombre prehistórico lo obtiene seleccionando el elemento idóneo en el estado en que se lo ofrece la naturaleza. A medida que descubre y domina tecnologías primarias, como la percusión y la abrasión, trabaja el elemento natural para hacer utensilios más prácticos, más complejos y más bellos. Con ellos, el hombre se potencia sobre su entorno al disponer de más materias primas utilizables y más utensilios con los que transformarlas para adaptarse y dominar su hábitat.
Las tecnologías de transformación crean otro utensilio de carácter mágico. El hombre se apropia del mundo sensible mediante la plasmación de su imagen. Quien recrea y plasma la forma domina el objeto. La posesión de lo uno entraña la obtención de lo otro. Gracias al poder de fijación y duración de la imagen el hombre toma conciencia de su temporalidad y continuidad al tener un nexo tangible e interpretable con pasado y poder transmitir al futuro su paso sobre la tierra.
La imagen le permite representar lo no sensible y establecer comunicación con ello. Las fuerzas de la naturaleza, los dioses y los mitos se encarnan en símbolos e imágenes. El hombre está pertrechado para su contacto con el más allá, con lo superior, inexplicable e intangible. La imagen sirve de núcleo al rito con el que el hombre se comunica con lo que le transciende.
El descubrimiento de las artes del fuego marca un punto de inflexión que junto con la agricultura consolidará el sedentarismo. Estas necesitan de instalaciones inmuebles e implican una localización condicionada por la materia prima y el combustible. Su gran poder de transformación hace sus productos indispensables. La alfarería permite la acumulación y transporte de líquidos y granos. La metalurgia facilita la obtención de utillaje más duro y funcional.
La interacción hombre-utensilio crea una serie de tecnologías que conforman el poder de actuación del hombre en su entorno, su posibilidad de equipamiento y progreso y su capacidad de adaptación y transformación del medio. Mientras dichas tecnologías simples o complejas, son aplicadas directamente por el hombre, el producto constituye una seña de identidad del autor y un documento del grupo humano y del tiempo a que pertenece.
La complejidad de las artes del fuego y la perfección requerida para la obtención de productos válidos, abocan a la especialización y profesionalización. La figura del artesano cobra relieve en el seno del grupo humano, llegando en ocasiones a ser indispensable. Tal es el caso de los vikingos que divinizan al forjador como THOR, mientras que sus clanes quiebran la pierna de sus herreros para asegurarse contra una posible fuga que pondría en peligro la supervivencia del grupo. Otra característica de las artes del fuego es la obtención de productos en masa, lo que contribuye a la fijación de formas y estilos, su difusión y comercialización.
Al margen de los productos por las artes del fuego el individuo se autoabastece de los utensilios que necesita. Las herramientas de su trabajo, el ajuar de su casa y las prendas de su indumentaria salen de las manos del circulo familiar o comunal.
Ello hace del utensilio reflejo del entorno que proporcionó la materia prima, del modo de vida de la gente que lo usaba y de la persona que lo hizo. Un determinado grupo humano cubre sus necesidades mediante una panoplia de utensilios, producto de su tradición, inventiva, modo de vida y recursos naturales de su asentamiento. El utensilio en su forma, concepción, materia y tecnología es la resultante del momento cultural del grupo humano.
La ornamentación se convierte en elemento diferenciador del utensilio entre sus semejantes. Cada hombre escoge e interpreta el tema ornamental de manera irrepetible hasta el punto de constituir una seña de propiedad. A su vez, el repertorio de motivos, estilos y técnicas ornamentales diferencia los grupos humanos entre sí e ilustra su evolución, contactos e influencias.
Con el maquinismo, el sistema de producción, comercialización y distribución desbarata la anterior relación hombre-utensilio. La evolución de los materiales sintéticos y las concentraciones urbanas alejan al hombre de la naturaleza. Las nuevas formas de energía posibilitan la relación del hombre con otro nivel de la naturaleza - el cosmos.
![]()