El castillo de los moros o el santuario de San Julián de Asprilla

El hallazgo y desenterramiento del monasterio de San Pelay de Gavín, lejos de aclarar las dudas que sobre los orígenes del arte serrablés vienen siendo comunes desde el comienzo de su estudio, ha contribuido a embrollar, si cabe todavía más, estas cuestiones, al menos momentáneamente.
El estudio de los monasterios en el Serrablo, y en toda la franja pirenaica, era un asunto primordial. Hasta ahora, tan solo unas líneas escritas completaban el estudio de los cenobios más favorecidos.
Es de esperar que el de Gavín sea el principio de una nueva etapa en el avance imparable de nuestra asociación.
Y digo esto, porque pienso que es un tema que puede darnos muy buenos resultados. Ahora bien, hay que empezar a pensar racionalmente y examinando la relación de bienes del monasterio de San Juan de la Peña 1 aparecen un total de 37 monasterios propiedad del pinatense. Si además añadimos los que pertenecieron a otras entidades eclesiásticas y alguno que va apareciendo sin ligazón momentánea alguna, la lista se alarga considerablemente teniendo en cuenta que la zona a estudiar no es excesivamente extensa. En resumidas cuentas, hay demasiados monasterios por kilómetro cuadrado.
San Julián de Asprilla era uno de ellos. Aparece en las relaciones de bienes de San Juan de la Peña como otro cualquiera. El lugar de Asprilla está en una corona al noroeste de Espuéndolas. No resta del antiguo poblamiento más que montones de piedras y la iglesia con interesantes elementos constructivos. Sobre este asentamiento planea como es habitual el mito de las abuelas que marcharon al pueblo vecino a pedir asilo dejándoles a estos en compensación las tierras. Es en Espuéndolas donde había que investigar sobre la localización del monasterio de San Julián. Fue José María Ubieto el encargado de llevar la pregunta y de traer la contestación que fue la siguiente:
No hay topónimo San Julián pero sí que hay restos de un castillo de los moros cerca del lugar de Asprilla.
La mencionada fortaleza se encuentra en un promontorio al norte del desaparecido pueblo aguas arriba del barranco llamado Revise en los mapas.
Restan unos muros que describen un cuadrado de cuatro metros veinte centímetros de lado situados en el lado septentrional del altozano teniendo un pequeño campo de expansión hacia el sur.
El acceso, a pie, es corto pero la pronunciada pendiente lo hace fatigoso. Desde arriba, se divisa Sabiñánigo a la izquierda y Jaca a la derecha con gran parte de sus respectivas comarcas. Es un lugar que tiene un gran dominio de terreno sin ascender demasiado.
Con las paredes que allí quedan es muy difícil asegurar que era el lugar donde se encontraba el buscado San Julián, pero hay alrededor de este castillo algunos datos curiosos.

  1. Cuentan que se comunicaba, que se hacían señales, con el castillo de Larrés. Este dato es falso si tenemos en cuenta que la actual fortaleza propiedad de nuestra asociación no se ve desde allí. Pero si sabemos que cerca de Larrés se encontraba el monasterio de San Cristóbal de Aurín que bien podría relacionarse con éste de Asprilla.
  2. Que el lugar es bien parecido a la pequeña corona donde se tiene por cierto que se encuentra el monasterio de San Salvador de Sorripas, sin duda otra fortaleza, con una extensión considerable y rica para dominar.
  3. Que al preguntar por el monasterio de Santa María de Arrasul, el informante, José Gil Ainsa me dijo que no sabía que hubiera allí asentamiento de monjes pero sí un castillo de los moros en el lugar que se tiene como monasterio.

Antonio Durán Gudiol aseguraba que por esta zona había fortalezas moras. Tal vez el sallentino Martón nos aclare este apartado con esta acertada frase:

Hubo en nuestros montes Pirineos, cuando a España dominaban los moros, muchos monasterios de monjes y monjas 2

Un castillo de los moros debe entenderse como un fortín del tiempo en que a España dominaba el Islam, no como una obra suya. Todos estos monasterios o fortalezas (el de Asprilla, Larrés, Arrasul y Sorripas) tienen el sur como punto de referencia, controlan las entradas meridionales. ¿Qué función tendrían si fueran obras musulmanas? ¿Acaso estarían pendientes de la entrada de sus propias tropas desguarneciendo y ocultando la cara norte que es de donde potencialmente vendría el enemigo cristiano?
Yo creo que no. Los monasterios, concebidos en un primer momento como guardianes de la fe, de la fe cristiana, estarían ocupados por monjes guerreros. Esta larga guerra religiosa elevó estos centros a atentos vigilantes y controladores de los valles. Cuando el peligro se alejó y la situación. en todos los órdenes, mejoró algunos de ellos tuvieron la ventaja de ser convertidos en prioratos y ser reformados como San Pelay. Los otros, cayeron en el olvido sus pobres construcciones y sus propiedades pasaron a engrosar la lista de bienes de San Juan de la Peña.
Esta teoría habrá que avalaría con posteriores investigaciones. Pero mientras esto ocurre pienso que habría que empezar a pensar sobre la gran cantidad de sorpresas que nuestro patrimonio oculto nos puede deparar.

  1. Ana Isabel Lapeña Paúl. "El monasterio de San Juan de la Peña en la Edad Media". CAl, Zaragoza, 1989, PP. 139 y SS.
  2. León Benito Martón. "Sumaria investigación...". Ateneo, 1983, pg. 59.