Cuando uno se adentra en el tema del Aurín sabe que se refiere a un pueblo, a un diminuto pero querido pueblecito que pasó a formar parte de esos recuerdos de juventud que dan dimensiones eternas a los recuerdos. Las fiestas del lugar con la orquesta sobre el remolque a cuyos repetitivos sones aprendimos a bailar, las caminatas de los de Sabiñánigo hacia el río Aurín en busca del baño estival, la figura legendaria del Royo de Aurin y de sus hijos, la cercana presencia de viejos y queridos amigos (Teodoro o Jesús Buesa, Araguás, Corral, Esmiol, Antoni...), la entrañable memoria de algunos -que como Nogueras o Tomás- ya se han ido para siempre dejándonos el buen sabor de su bondad, los recuerdos de las carreras de bicicletas por el camino de Aurín, las risas incontenibles cuando a mi tía se le sentó una vaca en el capó de su utilitario..., Aurín es algo así como una referencia recurrente para todos los que vivimos el Sabiñánigo de los años cincuenta y sesenta, en esa España que comenzaba a saber del consumismo y que nos envidiaba la cercanía de la frontera liberadora de muchas apetencias prohibidas.
Pero Aurín, aparte de un nuevo motivo de afecto al pasado de muchos sabiñaniguenses, también es un río que hunde sus raíces en la historia y que ha tenido sus cronistas en todos los tiempos.
Si el jacetano José Ramón Marcuello ha hablado de él tangencialmente en su interesante obra "Los ríos de Aragón" (Zaragoza, 1993) el Ministro Pascual Madoz le dedicó una amplia referencia en su famoso "Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico" que publicó en Madrid y en cuyo tomo III, correspondiente al año 1847, se refiere a este lugar altoaragonés. Es muy interesante acercarnos también al río que dio nombre al lugar, al río que baja al encuentro del Gállego desde los altos paisajes del Pirineo, al río que abre uno de los grandes valles norteños y que discurre bajo la vigilante mirada del medieval castillo de Larrés, hoy convertido felizmente en Museo de Arte.
Como decimos, el que fuera Ministro Pascual Madoz escribe en su citada obra (tomo III, Madrid, 1847) sobre este río Aurín, un río de la provincia de Huesca que "tiene su origen al sur del lugar de Acumuer en una laguna o estanque de agua llamado Ibón en el país, que se halla a 2 leguas de distancia" y en una partida llamada Bucuesa. Los topónimos que enmarcan su nacimiento, los mismos que nos van salpicando el viejo Cartulario de Cercito, nos permiten ir entrando en contacto con uno de los ríos que jugaron un papel clave en la formación de la unidad territorial aragonesa, un papel de frontera con los dominios musulmanes y un papel de encuentro para una comunidad monástica que de este paraje puso en funcionamiento la explotación de los recursos del territorio.
Este río, continúa describiendo Madoz, tiene un curso breve "con pequeñas sinuosidades" y baja buscando las aguas del río Gállego, en el que desemboca cerca del lugar de Aurín. Isín, Larrés, Cartirana, Acumuer, Asún, Larrés, Senegúé y Aurín forman el mapa de los términos bañados por estas aguas de curso perenne "aunque por lo común no pasa de 2 a 3 muelas de agua, escaseando aún más en el estío" y son las que fertilizan pequeños pedazos de huertas en algunos de los pueblos por donde se ha dicho pasa, pero con sus avenidas siempre violentas, destruye a las veces en un momento, por efecto de las roturaciones que se han hecho en los montes, el beneficio que con aquel recurso ha estado prestando a los campos". Y concluye el geógrafo diciendo que "no tiene puentes y sólo en Acumuer y Larrés facilitan su tránsito por medio de unas vigas que con facilidad son arrastradas por la corriente, causando a sus vecinos grandes dispendios. En Acumuer y en la partida del Bolar, se indica que en esos años mediales del siglo XIX "da impulso a una sierra para tablas y guairones, y a un molino harinero que hay inmediato al pueblo, y a otros dos molinos y 2 batanes que se encuentran en el término de Larrés". Este río Aurín en el que se criaban excelentes truchas, anguilas, barbos y madrillas, continúa descendiendo por el valle de su nombre como lo viene haciendo desde el principio de los siglos. A sus orillas la vida sigue igual y los viejos paisajes también continúan poniendo escenario para los viejos recuerdos de aquellos siglos en los que el valle fue señorío feudal, sus gentes supieron de guerras y de hambres, sus monjes soñaron con un mundo creciente y en desarrollo, y -como cuentan las antiguas leyendas del valle- a las orillas del río un hombre pasaba las horas buscando el oro que el propio nombre del río quería asegurarle como existente. El río Aurín, el río del Oro, el aurífero sueño de gentes buscadoras de mejores mañanas, forma parte de una parcela importante del relato legendario de los valles pirenaicos.
Y al final del río, justo cuando ya se intuye el murmullo de las aguas antaño cristalinas del río Gállego, está el pueblo, está Aurín "en un llano en la confluencia de los ríos Gállego y Aurín, con libre ventilación y clima saludable...", con sus siete casas "que forman una calle cómoda y empedrada, en cuyo centro está la iglesia parroquial bajo la advocación de San Esteban", tal y como lo vio Madoz en 1847, tal y como lo vimos nosotros en 1967, tal y como lo intuyen ahora los viajeros que lo rodean atravesando los nuevos caminos...
Aurín aparece mencionado por primera vez en la historia aragonesa en el siglo XI, es decir: es el año 1083 el año en el que tenemos el documento más antiguo de los conservados que se refieran al lugar. Está en el Cartulario de San Juan de la Peña, publicado por Antonio Ubieto Arteta, tomo II (Valencia, 1969) puesto que esta zona prepirenaica está profundamente vinculada a la historia pinatense desde el siglo XI, cuando los viejos monasterios que fueron fundados en el siglo X por la comarca acabaron incorporados al monasterio real de San Juan de la Peña, al cual convenía potenciar económicamente como el gran centro de control de los recursos monásticos del territorio aragonés. De esta manera se pasaban a controlar también unas tierras llanas que, a orillas de los dos ríos, podían ser objeto de rentables cosechas.
La vinculación se hará firme y manifiesta en la primera mitad del siglo XII, en el año 1131, cuando el Rey Alfonso I el Batallador haga expresa donación de la villa de Aurín al monasterio pinatense. El documento de donación lo tienen en el citado libro de Ubieto sobre el Cartulario de San Juan de la Peña. Esta vinculación al monasterio benedictino cluniacense permanecerá muchos siglos y en el año 1566 todavía se hallaba adscrito al cenobio sanjuanista según consta en Un Informe del siglo XVI sobre el Obispado de Huesca que publicó el maestro Durán Gudiol en la revista "Argensola", número 8 (Huesca, 1957).
Esos años finales del siglo XVI serán los años finales del control del monasterio de San Juan de la Peña sobre el lugar de Aurín, lugar que pertenece a Pedro de Urriés en el año 1610, cuando el geógrafo portugués Juan Bautista Labana venga a estas tierras dispuesto a realizar el mapa Itinerario del reino de Aragón, levantando en el año 1610 e impreso en Zaragoza en el año 1895. Señorio secular será ya desde entonces, en el año 1785 por ejemplo y del que nos queda relación de ello, y además será catalogado administrativamente como lugar.
Hasta este momento el enclave de Aurín ha formado parte de la Sobrecullida de Jaca a fines del medievo, de la Vereda de Jaca en el siglo XVII, del Corregimiento de Jaca en el reinado de los Borbones (1711-1833) y hasta que la reforma administrativa provincial acabe incorporando al lugar de Aurín al listado de los lugares con Ayuntamiento propio. Pero poco duraría esta independencia municipal, puesto que en 1845 se le unirá a Cartirana formando parte ya de ese municipio en lo que queda de historia. De estas cosas nos hace una buena referencia el libro de Antonio Ubieto Arteta sobre Los pueblos y los despoblados, tomo I (Zaragoza, 1984) en cuyas páginas también se hace una regesta de las cantidades de poblaciones que tenemos documentadas para el lugar, desde los tres fuegos de 1488 -unos quince habitantes- hasta los sesenta y cinco habitantes que nos aparecen relacionados en el Nomenclator de 1970 basado en el censo realizado por aquel entonces.
Podríamos seguir hablando de Aurín, traer aquí las referencias que hacemos al lugar don Antonio Durán Gudiol y yo en las páginas de la Guía monumental de Serrablo (Madrid, 1978), de lo que señalan Castán, Calvera o Iglesias, en su "Huesca. De la A a la Z" (Huesca, 1992)..., de muchas referencias a este enclave cargado de Historia por cuyas tierras ya pasó una calzada romana, la vía que subía desde el valle del Ebro hasta las fuentes termales del Balneario de Panticosa, en uso por los utilitarios poseedores de la cultura romana. Aurín, a orillas del río del oro, es todo un reto para los pintores y los viajeros que quieran disfrutar y soñar el limpio atardecer de estas tierras dominadas por los Gurrea, pobladas por agricultores y gobernadas por monjes pinatenses.
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