Un día de sanmigalada de 1841

El siguiente caso, aconteció en Barbenuta, a la hora de misa de la lluviosa mañana del 18 de noviembre de 1.841, y como consecuencia, vino alterar la cotidiana vida de este pequeño enclave montañés. Su protagonista, Antonio Franco, de casa Atanasio, (actualmente conocida como casa Pedro), de 20 años de edad, casado y habitante "...en la misma casa de sus padres..." se quedó en ella, "...por no ser día aparente para trabajar, en el campo, a causa de estar lloviendo". Bajó al patio, con la intención de hacer unas estillas para el fuego, pues estaban de masada. Empezó por "...hacer una falca de madera de pino, para abrir mejor un tizón o tronco de igual leña". Cogió la estral con la mano izquierda, "...porque lo mismo la govierna con esta que con la drecha..." y con ésta, sujetaba "...el palo o carniza de pino. Como el mango de la estral estaba entre sus piernas, le tropezó el estremo opuesto de este en los calzones de entrepiernas, e imboluntariamente se dirigió dicha estral al dedo primero de dicha mano drecha sin contar el pulgar". Tal fue la herida que le causó, "...que faltó muy poco para concluirlo de cortar, pues no quedó sino la piel, lo que le asustó demasiado en términos que casi le da una desgana...". Subió a la cocina, en la que se encontraba su madre, María Escartín y sus hermanos Saturnino y Librada. Viendo el estado en el que se encontraba su hijo y hermano respectivamente, comenzaron "...a gritar y a llorar..." lo que alertó a los vecinos, "...los dos jóvenes y la vieja de casa Navarro..." que raudos acudieron a prestar ayuda. También llegó a poco rato su mujer, Antonia Allué, que regresaba de la fuente. Viendo la gravedad de la herida, "...resolvieron marcharse a la villa de Biescas a visitarse con el cirujano...", el cual, le cosió el dedo, subiendo de nuevo a Barbenuta esa misma tarde.

CardasNada más hubiese sucedido, si el cirujano D. Pedro García, de 25 años de edad no hubiese denunciado el caso ante la autoridad competente por considerar que había sido "...intento para eximirse del servicio de las armas...". El día 19 de noviembre, mandó un comunicado al Sr. alcalde de Barbenuta, poniendo el caso en conocimiento de su merced. Al día siguiente, éste, bajó a Biescas a conocer de boca del cirujano lo que allí había sucedido. Acto seguido, y con la ayuda de Francisco Pardo, vecino del mismo lugar de Barbenuta, dió parte al juez de primera instancia de Jaca D.Manuel Asensi, "...para que sirviese disponer lo que fuera de su agrado...". El día 29 del mismo mes se dió parte a la Excelentísima Diputación de Huesca, y se ofició al escribano D. Miguel Casas, residente en Panticosa, el cual no pudo llegar a Barbenuta hasta el día 3 de diciembre "...por motivo de venir muy alto el río Sía...".

El día 7 de diciembre, el alcalde D. Pablo Puértolas, natural de Espierre, hizo comparecer ante sí, por orden del juez, al acusado y a todas las personas que estuvieron con él en la mañana del 18 de noviembre, preguntándoles el lugar donde se encontraban en el momento del incidente, y la relación que mantuvieron con el acusado hasta el momento que tomaron el camino de Biescas.

Comparecieron: su madre, María Escartín, de 52 años, sus hermanos Satunino y Librada, de 13 y 8 años respectivamente, a quienes el Sr. Alcalde "...hizo algunas preguntas de doctrina cristiana, y explicó la religión del juramento...", Antonia Allué, de 26 años, esposa del acusado, Manuela Ferrer, tía del inculpado, de 70 años de edad, Antonio Franco Mayor, de 51 años, el cual estaba en el huerto, muy cerca del pueblo, y aunque le dieron aviso, no se acercó hasta el anochecer, y Ramón Franco, Joaquina Puértolas y María Allué, de 37, 36, y 64 años de edad, respectivamente, vecinos todos del acusado. De todos estos declarantes, ninguno de ellos supo aproximarse a la hora en que sucedió el hecho "...porque no hay reloj de común y estaba nublado y lloviendo algo...", tan sólo Antonio Franco Mayor, que dijo haber salido de su casa "...a lo que habían tocado las dos campanadas para ir a misa, que sería luego después de punta de sol...". La mitad no supo decir el día de mes en que ocurrió y ninguno de ellos el día de la semana. De los diez testigos, tan sólo dos, las de mayor edad, acudieron al sermón de Mosén Lucas Viscasillas aquella mañana de domingo.

El grado de analfabetización queda patente; el 100% de los testificantes no sabían leer ni escribir, incluido el alcalde que ejerció la función de juez.

Como manifestación extraña y contradictoria, cabe destacar la de la tía del acusado, Manuela Ferrer, que dijo, que cuando volvió de misa "...y observó la desgracia, se fue a la era a tomar el sol...".

El último en declarar, fue el cirujano D. Pedro García quien en esta fecha "...a encontrado que se han juntado dichas partes del citado dedo, en términos que casi está del todo cicatrizada la herida... y que muy en breve estará el tal dedo en un estado natural para poder ejercer las funciones que le pertenecen...".

No encontrando mala intención el señor alcalde, mandó notificación al Sr. juez de primera instancia D. Manuel Asensi, y éste a la Excelentísima Diputación de Huesca. Todo quedó aclarado, el escribano cobró lo correspondiente a "...mi viaje, permanencia y regreso y las horas correspondientes a tres dietas, cuyos drechos son sesenta y dos reales de vellón...".

Desconozco si fue obligado a hacer el servicio de las armas, aunque todo apunta a que tendría que sumarse al resto de quintos, en una época de gran conflictividad social; no hay que olvidar que en los 41 años que se llevaba de siglo, se habían producido dos grandes guerras en España, la guerra de la Independencia y la guerra Carlista, ésta última había concluido hacía dos años.

Aunque no es de extrañar que lo hiciese para librarse del servicio militar, lo cierto es, que en aquella ocasión el acusado, resto de familiares y gente del país llamados a testificar, seguro que hicieron lo posible para intentar librar a un vecino de una obligación con el estado, del cual, en estas montañas, no recibían nada a cambio.