El Justicia de las montañas

Si hay algún elemento demostrativo de la inestabilidad social que padeció el Aragón del siglo XVI, ése es sin duda el fenómeno del bandolerismo. Desde que en los años treinta de dicho siglo la figura del bandolero pasó a ser un problema reconocido por las autoridades del reino, su presencia se fue multiplicando por buena parte de las vías de comunicación del territorio. Trajineros, mercaderes, buhoneros, y en general todo aquél que debía transitarlas se convirtieron en objetivo apetecible de bandas de malhechores que habían convertido el robo en su medio de subsistencia.

La zona del reino aragonés que resultó más afectada por estas "alteraciones" fue con diferencia la pirenaica y prepirenaica. Los coetáneos lo justificaban por las ventajas fisicas que ofrecía la montaña en la cual, "por su aspereza..., siempre se hacen insultos"1, y por el propio carácter de los montañeses, los cuales "de su natural inclinación son inquietos y aparejados a semejantes desasosiegos de que agora se suceden"2. Los estudios realizados hasta el momento asocian, sin embargo, el fenómeno del bandolerismo al crecimiento demográfico que estaba experimentando por aquellas fechas el reino aragonés, el cual estaba empezando a poner en evidencia las limitadas posibilidades que ofrecía la montaña para mantener abastecida a una población en auge y para hacer frente a periodos de malas cosechas. Otro aspecto a considerar es el sistema de herencia predominante en la zona pirenaica, basado en el heredero único, y que llevaba a la pobreza a muchas personas. Todo ello, en un reino en el que sus instituciones gobernantes tenían crecientes dificultades para imponer su autoridad, determinó que el bandolerismo se convirtiera en el modo de subsistencia de un número importante de personas.

Entre las zonas más afectadas destacó el camino real que unía Zaragoza con Canfranc, pasando por Ayerbe y Jaca; Ribagorza; la zona de Barbastro y La Litera; y la zona comprendida entre Nueno y la val de Tena3. La primera de ellas era una vía fundamental por cuanto canalizaba buena parte del intercambio comercial realizado con el sur de Francia, y por ello mismo resultaba atrayente para las cuadrillas de ladrones y delincuentes. Ribagorza, y la zona de Barbastro y La Litera, por su parte, se vio perjudicada por la influencia del bandolerismo catalán debido a la permeabilidad de la frontera.

Por lo que se refiere a la zona central del Pirineo aragonés, el camino que pasaba por la val de Tena y el Serrablo era también muy transitado por los que comerciaban con el Bearne francés y por aquellos montañeses que bajaban a vender o intercambiar sus productos a las ferias de Huesca, Sariñena y Zaragoza. Pero para ello debían sortear las crecientes bandas de salteadores que fueron concentrándose en torno a dicha ruta. Así, el primer Justicia de las Montañas, cargo al que aludiré más adelante, destacaba entre sus méritos en 1586 el que "en Serrablo (sic) y valles de Tena y Ansó prendió y hizo justicia de seis vandoleros facinerosos y últimamente a Marco de Allué" 4.

Tablón de ganchosUna de las zonas más peligrosas de este camino era la del puerto de Monrepós. Fue allí donde en 1560 Giraldo de Subirón, guantero de Zaragoza, sufrió un asalto5 "Viniendo de Francia para la ciudad de Huesca con un ferrero de Olorón, un día que era víspera de San Martín..." al ser ya tarde se alojaron en la venta llamada "Pasaguat", cerca de Arguís. Allí coincidieron con Juan de Aragüés, hidalgo de Acumuer, que iba acompañado de tres o cuatro lacayos. Hasta entonces todo parecía ir tranquilo. Al día siguiente Aragüés salió temprano con sus lacayos, mientras Giraldo y su compañero de Olorón decidían retrasar su salida para después de la comida. Por la tarde, poco después de abandonar estos la venta, se vieron sorprendidos por Aragüés y sus hombres, que estaban esperándolos en "una grande subida de un pinatal muy espeso". Armados con ballestas, les asaltaron gritando "¡mueran, mueran!, ¡teneos (deteneos), teneos!". Momentáneamente se salvaron gracias a la repentina aparición de gente de la montaña que se dirigía también a Huesca a la feria de San Martin. Continuaron el camino todos juntos pero, tras recorrer una legua, Aragüés y sus hombres se fueron rezagando junto con el ferrero de Olorón, hasta conseguir sacar a éste del camino sin ser vistos. Le quitaron todo el dinero que llevaba, que resultó no ser mucho ya que el ferrero, temiendo lo que le iba a pasar, le había dado su "talego" con monedas a Giraldo ya que, al ir en caballo, podría defenderse mejor. El ferrero pudo zafarse de Aragüés y se fue corriendo para avisar a Giraldo y los montañeses. Los asaltantes comenzaron a perseguirlos a todos y a dispararles con las ballestas durante tres leguas. Pero como estaba anocheciendo, al final les perdieron de vista. Además, "como pasadas aquellas subidas y malos caminos de montaña salieron a lo llano y los dichos Aragüés y sus lacayos yban a pie y los (otros) a caballo les ganaron tierra y se libraron de ellos".

Situaciones como la descrita debieron hacerse cada vez más frecuentes a medida que avanzó el siglo XVI, llegando, en la década de los ochenta, a unos niveles de delincuencia bastante elevados. No en vano, este periodo ha sido considerado como "La etapa más violenta de las vividas por Aragón a lo largo de la centuria" 6. Es en estas circunstancias en las que se entiende las medidas tomadas en las Cortes de 1585, en las cuales se decidió aumentar las penas para delincuentes y crear una figura que se dedicaría en exclusiva a hacer frente al bandolerismo en las montañas: el Justicia de las Montañas.

Teniendo jurisdicción sobre todas las tierras de realengo situadas en el Pirineo, Prepirineo y Somontano oscenses, su labor consistiría en "exercitar jurisdicción criminal en los crímenes y delictos infrascriptos. A saber es contra los vandoleros de seguida y en los crímenes de Hurtos, Assassinamientos, Homicidios, raptos, y de saltear caminos"7. El primero en ocupar el cargo fue Jerónimo de Heredia, el cual tuvo que hacer frente a la poca simpatía que parece que despertó este nuevo cargo entre la gente de la montaña. El propio Heredia alude a las "dificultades que se offrescie ron en poner en plática y execución su officio... por haberse recibido en el Reyno con dificultad". Estos impedimentos debieron venir por parte de los concejos y la pequeña nobleza de la montaña, por cuanto suponía un recorte en sus jurisdicciones, y también, para la pequeña nobleza, porque estaba muchas veces involucrada en esos mismos actos de bandidaje. Los Abarca, Latrás, Bardají, Mur, Aragúés, no dudaban en recurrir al bandolerismo y al contrabando para poder mejorar las rentas de sus propiedades, que en ocasiones resultaban exiguas. El contar con una red parentelar y de vasallaje bastante amplia les permitía disfrutar de unos recursos y un amparo del que no disponía un montanes corriente.

Parece ser, sin embargo, que pese las reticencias iniciales el cargo fue consolidándose, posiblemente porque los frutos no eran del todo malos. La labor realizada por el primer Justicia, Jerónimo de Heredia, no es desde luego desdeñable. En los primeros nueve años como Justicia (1585-1594) detuvo a Miguel de Latrás, señor de San Vicente; Barbalisa; Felipe de Bardají, señor de Villanova y a Bernard de Lana, lacayo del famoso Lupercio Latrás, con el cual se enfrentó en Benabarre matando cinco lacayos de su cuadrilla; en el Serrablo, valles de Tena y Ansó detuvo a seis bandoleros, y hacía poco había detenido a Marco de Allué, el cual había ayudado al Justicia de Aragón, Martín de Lanuza, en las alteraciones de Zaragoza. Además, Heredia había participado en el enfrentamiento contra una invasión realizada por los bearneses en 1592, y, encargado de la custodia de los puertos de Gascuña y Bearne, había confiscado 300 arrobas de salitre que iban dirigidas a Francia.

La obtención de buenos resultados por parte del Justicia de las Montañas y su consecuente consolidación llevó a la pequeña nobleza montañesa a variar su posición respecto a esta institución. De esforzarse por conseguir su desaparición, pasaron a intentar hacerse con ella. No en vano era un cargo que, en primer lugar, se había demostrado peligroso contra sus intereses, ya que había logrado apresar, como ya hemos visto, a varios hidalgos de la zona; y en segundo lugar, disponía de mucho poder, pudiendo, en nombre del rey, imponer desaforamientos8, ordenar ahorcamientos y condenar a galeras9 o simplemente enviar a los delincuentes a ser juzgados a Zaragoza o Huesca. Además, estaba en estrecho contacto con el Gobernador General de Aragón, con lo que sus esferas de influencia se ampliaban fuertemente.

Disponer de todo este poder al servicio de sus intereses permitiría a la pequena nobleza montañesa consolidarse como auténticos señores de la zona. De su parte tenían el hecho de que para ocupar el cargo de Justicia se requería a alguien con cierta disponibilidad económica ya que el sueldo, 6.000 reales, no llegaba para cubrir todos los gastos10, y con capacidad de recabar ayudas con las que poder detener a cuadrillas de bandoleros e imponer justicia. En este sentido, la pequeña nobleza disponía de unas rentas que si bien no eran suficientes para llevar un ritmo de vida realmente "nobiliario", si que les daban más margen de maniobra que a cualquier otro habitante del Pirineo. Por lo que se refiere a las ayudas, que duda cabe que estos nobles tenían gracias a las redes de parentesco, vasallaje y amistades, una gran capacidad de convocatoria.

Es por esto que cuando en 1608 hay que nombrar un nuevo Justicia de las Montañas se presentan como candidatos Francisco Abarca, señor de Gavín, su hijo Francisco, y Juan de Latrás. Así defendía el primero sus derechos para ocupar el cargo de Justicia:

"Que ha servido de treinta y seis años a esta parte en diversas jornadas y ocasiones, y particularmente en la guerra de Portugal... y en Flandes de capitán de arcabuceros, y en los trabajos de Aragón subió de los primeros con sus vasallos al paso de Santa Elena a defender la entrada a los franceses los quales le prendieron y llevaron a Francia, y le saquearon su casa y lugares. Han muerto dos hijos suyos sirviendo en Flandes y otro está sirviendo aora. Y haziéndole Vuestra Merced deste officio dexará 30 ducados de entretenimiento al mes que tiene por merced de Vuestra Merced en Pamplona, y se terná por recompensado de todos sus servicios y de los daños que ha recibido por ellos su casa, que Importan más de 12.000 ducados".11

No sabemos quien resultaría finalmente elegido. Pero lo que sí está claro es que en dicha elección se estaba decidiendo que familia noble montañesa iba a hacerse con el poder en el territorio pirenaico, y más teniendo en cuenta que los dos aspirantes pertenecían a dos familias, Los Abarca y Los Latrás, en continuo enfrentamiento12 . Un cargo público como era el de Justicia de las Montañas pasaba a convertirse así en instrumento al servicio de intereses particulares.

  1. COLAS, Gregorio; SALAS, José Antonio: Aragón en el siglo XVI. Alteraciones sociales y conflictos políticos, Zaragoza, 1982, p. 200.
  2. Ibidem, p. 201.
  3. Otras zonas afectadas fueron la del camino real que unía Zaragoza con Barcelona, la sierra de Alcubierre, el Bajo Aragón, y los Monegros.
  4. Archivo de la Corona de Aragón (ACA), Consejo de Aragón, Secretaría de Aragón, legajo 36, doc. 319.
  5. Archivo Histórico de Protocolos notariales de Zaragoza, Mateo Solorzano, 8.07.1560.
  6. COLAS, G.; SALAS, J.A.: Aragón en el siglo XVI, p. 170.
  7. Ibidem, p. 287.
  8. Suspensión temporal de los privilegios forales de una zona para poder actuar expeditivamente contra los delincuentes.
  9. El primer Justicia de las Montañas Jerónimo de Heredia, había hecho ahorcar ocho bandoleros "muy facinerosos" y condenar a galeras a otros dos en las villas de Urse y San Esteban de Litera. Hay que tener en cuenta que ser enviado a galeras como remero suponía en ocasiones la muerte, debido al trabajo tan fuerte que tenían que realizar.
  10. Jerónimo de Heredia alude a cómo, para cumplir eficazmente con su cargo, "ha vendido mucha parte de su hazienda", por lo que solicitaba al rey que le entregara a perpetuidad los alcaidados de Ruesta y Candaljub (Candanchú), que valían 1.250 reales, a los que habría que sumar otros 400 derivados de arrendamiento de los derechos del castillo de Candaljub. En este sentido el propio Consejo de Aragón reconocia "ser el salario muy poco, y las occasiones de gastar muy grandes, porque continuamente ha de caminar de unas partes a otras sin poderse estar en un lugar muchos días".
  11. ACA, Consejo de Aragón, Secretaria de Aragón, legajo 36, documento 344.
  12. Vid. GÓMEZ DE VALENZUELA, Manuel: "Los Abarca: señores de Gavín y de Serué". "Una familia de señores feudales en el Alto Gállego", en Serrablo, nº.103 y 104, 1996-97.