Campaña de excavación arqueológica en el Monasterio de San Pelay de Gavín

Lo que seguidamente aparece escrito es una sucinta descripción de los resultados que se obtuvieron al realizar unos trabajos de investigación en un lugar que, en su primer momento, nadie hubiera podido predecir lo que la naturaleza, la acción del hombre y el paso del tiempo habían conseguido preservar. Y de qué manera.

El hallazgo tuvo en su momento una gran repercusión en los medios informativos y no hubo reparos en calificarlo como muy importante. Y era bien cierto.

Ahora, ya en frío, la relevancia de este descubrimiento trasciende en el tiempo, pues las visitas que recibe todavía son numerosas. No hablemos del momento de su publicación que convirtió el lugar en una verdadera marea de gentes que circulaban incesantes por los entresijos de la canónica, con un número récord de visitantes como jamás habrán conocido los tiempos.

Desde aquí invito a todos aquellos que no lo han visto a que realicen una excursión por el idílico paraje y recalen en estas ruinas, que no lo son tanto, y den rienda a la imaginación para que, al recorrer sus recoletas dependencias, se trasladen a los orígenes de nuestra tierra.

Ficha Técnica

Nombre del yacimiento: San Pelay
Adscripción cultural: Época medieval
Año de actuación y nº. de campaña: 1997, 1ª campaña
Director: Federico Díez Arranz

Introducción

Tras el perceptivo informe previo y solicitud de actuación arqueológica, el Servicio de Patrimonio del Departamento de Educación y Cultura remitió el correspondiente permiso de excavación arqueológica para el yacimiento que se conoce con el nombre de San Pelay, cerca de la villa de Gavín, para los últimos meses de 1997.

Para la valoración y datación de los resultados se contó con la colaboración espontánea de la doctora Enma Liaño, cuyas conclusiones fueron ratificadas por Domingo Buesa Conde durante la visita que efectuó al yacimiento.

Objetivos y metodología

A partir del estudio previo existente sobre documentación escrita y la transmisión oral, se planteó la actuación de la campaña buscando la confirmación de la hipótesis de Antonio Durán Gudiol sobre los monasterios del Serrablo durante los siglos X y XI, de su importancia arquitectónica y sus elementos constructivos. La excavación no tuvo planteamientos iniciales definidos ya que tan sólo se trataba de un montículo de pequeñas piedras y abundante maleza. No obstante, las fases de actuación que se programaron fueron:

  1. Descubrimiento de la iglesia baja desde el testero hasta los pies.
  2. Limpieza de los pasillos que unen las dependencias.
  3. Desescombro de la iglesia alta.
  4. Lo mismo con el atrio.

Resultados

La iglesia baja comenzó a aparecer a unos 50 cm. del suelo. A partir de allí siguieron las primeras hiladas de piedras que nos indicaban que estábamos al nivel de la bóveda. Sus medidas son:

    Diámetro del ábside: 1,90 m.
    Anchura de la nave:  2,35 m.
    Largo de la nave:       5 m.

Como refleja la fotografía número 1 presenta el ábside ventana abocinada. El resto de la nave posee un modillón corrido para separar el paramento del arranque de la bóveda, una ventana también abocinada hacia el sur y puerta de comunicación con las restantes dependencias del conjunto. Un gran arco fajón sustentado a cada lado en triple columna soportaba la bóveda decorada en tripartitas divisiones por elementos decorativos semicirculares que recorrían el medio cañón.

No se sacó ningún resto mueble ni aquí ni en todo el conjunto.

Entre el pasillo de unión y la iglesia baja apareció una puerta de arco de herradura, modillón en los arranques y triple columnata a cada lado, la misma disposición que los apoyos del gran fajón que sustentaba la bóveda de la iglesia baja.

El pasillo, en inmejorable estado de conservación, es un medio cañón corrido que tiene a su izquierda un brasero igualmente abovedado con la pared del fondo de piedra tosca. Este pasillo viene a medir cinco metros. Al final la bóveda se eleva dando paso a otra de similares características que la anterior 25 cm. más alta y unos 70 cm. de larga.

A partir de allí esta bóveda se divide en dos arcos de medio punto que introducen sendos medios cañones, uno en semicírculo ascendente y el otro en ángulo recto y también ascendente.

En el primero hay que destacar la interesante escalera de caracol y factura impecable. El cerramiento es de precisión al tener que hacerlo en ascensión y completa semicircunferencia. Estas escaleras nos llevan al atrio. Es una gran sala cuadrada sin elementos decorativos. En él se encuentra la entrada al conjunto desde el exterior.

La escalera ascendente en ángulo recto lleva a la iglesia alta. Era un edificio muy similar a la nave baja. Una desgraciada reforma en el XVII o principios del XVIII le ha quitado el encanto medieval que en su día llegó a tener.

Al exterior, una vez sacados los escombros, presenta el conjunto gran austeridad, asemejándose a una fortaleza más que a una iglesia, contrastando con la riqueza decorativa del interior. El ábside de la iglesia baja conserva la mitad de las arcuaciones lombardas, cuatro, en perfecto estado y un modillón superior. Del ábside de la iglesia superior quedan todavía los restos del mismo sin sacar a la luz completamente.

Conclusiones

En espera de nuevos hallazgos lo sacado hasta ahora, que ha sido datado en el siglo XI, ha contribuido a reforzar las teorías de Antonio Durán sobre los asentamientos monacales durante esta etapa medieval. Este cenobio al entrar en la órbita de San Juan de la Peña debió de sufrir una reforma a la totalidad y presentar el aspecto con el que ha llegado a la actualidad. Diremos que es un "monasterio reformado", quizás al convertirse en priorato.

Lo cierto es que no todos estos establecimientos, ni con mucho, tienen esta envergadura, siendo en este caso y tan solo las iglesias, 15 metros de longitud todo el conjunto.

Este hallazgo deberá ser refrendado o contradicho con otros trabajos que creo oportuno deberán realizarse en otros monasterios de la zona en otras actuaciones, siendo nota común el estar todos totalmente enterrados y formando redondeados montículos.

Aunque ha despejado alguna incógnita este edificio ha agrandado el camino para la especulación de aquellos centros quizás tuvieron trato de favor o cayeron en el definitivo olvido al entrar o no dentro de la órbita de San Juan de la Peña. Otros monasterios, al parecer, permanecieron independientes y de estos tan sólo se conoce su nombre.

Un nuevo campo de actuación se ha abierto en el Serrablo. Este viene dirigido por sus monasterios. Quizás éste haya sido el que mejor ha llegado hasta nosotros. Pero no lo sabremos hasta que comencemos la recuperación de los demás. Con estas actuaciones podremos agrandar nuestro patrimonio cultural y económico de los pueblos que tienen la suerte de poseer un centro monacal cercano. Es de esperar que a partir de ahora las dificultades que se presentan a la hora de afrontar un proyecto de este calibre se vayan suavizando y dejen que la herramienta abra paso a la ilusión y al progreso de nuestra asociación y de nuestra comarca.

Bibliografía

  • Durán Gudiol y Buesa Conde. "Guía monumental de Serrablo" Amigos de Serrablo Sabiñánigo 1981.
  • Durán Gudiol, Antonio. "El priorato serrablés del monasterio de San Juan de la Peña". Serrablo nº 40, 1981.
  • Martón, León Benito. "Sumaria investigación de las plausibles antigüedades del célebre santuario de Santa Elena". Ateneo 1983.
  • Satué Oliván, Enrique. "Religiosidad popular y romerías en el Pirineo". D.P.H., Instituto de Estudios Altoaragoneses

Mi más sincero agradecimiento a José Luis (Foto Lupo) de Lárrede por su interés y su magnífica labor fotográfica llevada a cabo en este monasterio.