Hace poco, con las obras de ensanchamiento de la carretera en la entrada norte de Biescas, ha resurgido, aprovechando el desmonte de la maquinaria, la ermita de Nuestra Señora de la Collada de Biescas, quedando casi al pie de la calzada y aumentando su valor estratégico como todas las cosas que tienen el privilegio de mantenerse o ser creadas próximas a las vías de comunicación.
Este edificio se presenta airoso a pesar de su ruina y abandono aun encontrándose muy cerca de la villa. Además, aunque no pasa de ser una ermita más, su antigúedad se remonta con casi plena seguridad a la Edad Media.
Si atendemos a las actas de la visita pastoral de 1499 Biescas tendría ocho ermitas1 y aunque no se citan sus nombres tendríamos como más relevantes a Santa Elena para la parroquia de San Salvador y ésta de la Collada para la de San Pedro.
Por los restos de obra que perduran en parte de la base se puede adelantar que sería de traza románica y que más bien llegaría hasta el siglo XVIII no sufriendo demasiados percances.
A mediados de este siglo XVIII el padre Martón hacía una descripción pormenorizada del edificio y del de Santa Elena pero de ninguno más de la villa de Biescas, salvo las parroquiales, por lo que las otras ermitas o ya no estaban en pie o carecían de importancia. De esta en concreto:
"... como a cincuenta pasos de la misma iglesia parroquial de San Pedro, fuera de la villa, hay una ermita de Nuestra Señora de la Collada.(...) se ignora la causa de apellidarse así y que la devoción se contenta con creer es antiquísima. A mí me escriben se apareció, aunque se ignoran las circunstancias, y el modo, y cuanto al nombre se reconoce haberlo tomado de su situación, o Sitio, estando sobre un cerro, o collado muy suave. La Santa Imagen, siendo de madera, está en pie y tiene Santísimo Niño Jesús en su brazo izquierdo, frecuentándola mucho aquellos vecinos, con tener fundada una ilustre cofradía, y grande número de congregantes. Celebran su fiesta principal a 8 de septiembre, a más de decir dos misas fundadas cada semana, los miércoles y sábados. En las festividades precipuas de Nuestra Señora se concurre a la misma ermita a cantar las misas conventuales de la parroquia con numeroso concurso y ser muy frecuentada de los fieles".2
A pesar de todo el concurso de gentes que acudían al culto en la mencionada ermita según el ilustre sallentino Martón, lo cierto es que a los pocos años el edificio presentaba un penoso aspecto.
Concretamente era en octubre de 1768 cuando en la visita efectuada por D. Pascual López y Estaún y de la S.S. Apca. Obispo de Jaca dejaron escrito:
"...la ermita de Nuestra Señora de la Collada está indecente para celebrar en ella el Stmo. Sacrificio de la misa por falta de bóvedas. Mandamos que los bienes de la cofradía bajo la invocación de la yá otra Nuestra Señora se tome (sin perjuicio de los ejercicios espirituales y obras pías que sean de regla) para hacer un cielo raso de tablas para dicha ermita."3
Evidentemente una solución momentanea para frenar un deterioro que afectaba por estos tiempos a toda edificación religiosa seguramente debido al abandono producido por la escasez de recursos de la centuria pasada. Incluso la misma parroquial de San Pedro tuvo que hacer frente a unas obras restauradoras de importancia debido a una amenazante ruina y para ello tuvo que desprenderse de parte de su patrimonio, en este caso tierras. Corría el año de 1734.
En el siglo pasado esta ermita continuó teniendo importancia. Por lo menos Madoz la nombra a la hora de tratar la voz Biescas. No dice nada sobre ella por lo que no sabemos nada de su estado de conservación aunque no debía ser muy bueno.4
Finalmente, y como rezan las dovelas de su puerta de entrada, se reedificó en 1875, a la derecha de la puerta de entrada hay un limosnero, cosa común en Tierra de Biescas para todas las ermitas. No tiene nada de particular su estructura siendo un edificio rectangular de considerable altura y lleno de maleza por todas partes.
Me comentaba el párroco de la villa, D. Antonio Auría, que la imagen se perdió antes de la guerra en extrañas circunstancias. Este hombre pretende restaurar el edificio. Seguro que lo consigue.
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