Gillué es una localidad de la Guarguera, totalmente deshabitada, que ha pasado a ser de propiedad particular. El que esté deshabitada desde hace varias décadas es el factor que. ha conservado el aspecto que le caracterizó, y que mantenga todavía el atractivo de un conjunto homogéneo en formas, volúmenes equilibrados; y texturas, que tienen la nobleza del paso del tiempo. [Únicamente desentona en la atractiva panorámica del conjunto una nave dispuesta en primer término, y para la cual hay voluntad de demolerla por parte de los actuales propietarios]. Como tantos pueblos de las montañas no necesariamente tiene que ser antiguo pudiendo ser la mayor parte de su aspecto del pasado siglo. La torre de la iglesia es de 1880.
De las pocas cosas que componen el conjunto, al menos dos están relacionadas con los Villacampa. De nuestro especial interés es una de las casas por ser torreada. Esta torre está intacta desde el momento en que dejó de ser habitada, lo cual fue hace varios siglos, constatación que la constituye en un documento de excepcional interés para estudiar estas construcciones. La torre forma parte de la gran casa, o más exactamente, lo que queda de lo que fue una gran casa. Situada en uno de los extremos. Es la parte más antigua. Junto a ella fue construida la ampliación que la incorporó.
Esta torre es una simplificación de las torres medievales, y tal como ha llegado a nosotros permite entender el papel que este tipo de construcciones desempeñó en la época en que fue construida. La distribución interna, la conexión entre los diferentes espacios, y la relación con el exterior mediante los diferentes vanos, es la misma que las torres medievales. La que fue su puerta de acceso, responde a la misma concepción que en las similares construcciones medievales. Este acceso mediante puerta, estrecha y baja, que sólo permitía el paso de una persona fue abierto a la altura de la primera planta, quedando totalmente colgada, a semejanza de las torres defensivas medievales, por lo que a esta puerta y torre se accedía, exactamente igual que en aquéllas, mediante escalera de mano, que era retirada por razones de seguridad. Actualmente esta puerta queda al interior de una de las estancias de la casa construida junto a ella, y desde ella se sigue accediendo mediante escalera de madera que todavía tiene que salvar el desnivel con respecto a la planta primera de esta casa. La puerta de la torre se cerraba desde el interior mediante tranca todavía incrustada en el grueso del muro.
Como en los castillos, desde la planta de entrada de la torre se desciende mediante escalera de fábrica a la bodega, abovedada, donde se guardaban los avituallamientos, y que sirvió de despensa hasta ser abandonada la casa. La planta de entrada a la torre sirvió de cocina, aunque no hay indicios de hogar. Esta estancia está separada de la caja de escalera mediante mamparas soportadas por colondas, pies derechos, o, simplemente, postes.
La primera planta es la estancia más cuidada por el tratamiento de los materiales, dentro de una enorme austeridad. Los paneles que encajan la escalera quieren distinguir la cámara con un terminado más fino. El forjado de maderos está ornamentado con una fina moldura o bocel. Sus paredes fueron revestidas simulando sobre el enlucido un despiece de sillería, de alguna manera intencionadamente cuidado, al estar reforzado por una segunda línea de sombreado. El suelo, sin embargo, es tosco, de tablas, que ni siquiera están ensambladas. Mantiene de esta forma la solución generalizada en todas las torres donde eran separados los diferentes pisos mediante entramados de madera. Las ventanas tienen los clásicos bancos acomodados en el grueso del muro.
La tercera planta está menos cuidada, pues las paredes no fueron enlucidas. El suelo también es de madera, pero el techo es el del forjado de cubierta, a dos aguas, con maderos sin ningún tratamiento. La ventana también tiene sus asientos, y, en medio, debajo del alféizar, un agujero desempeñaría en caso de necesidad la función de aspillera. Las aspilleras de la parte de levante eran tapadas con madera.
Esta torre, consecuentemente, es una simplificación de las torres medievales, más reducida en dimensiones y con una voluntad manifiesta de ser un poco más lujosa.
La cámara principal es un documento de gran interés por otras informaciones que conserva. Toda ella está muy ahumada sobre todo en el entorno de la ventana, lo que es indicio evidente de que aquí se hizo fuego lo cual sería en braseros portátiles. Curiosamente, después de esto, se hicieron incisos unos grafitti que, al no haber vuelto a tildarse de hollín, es indicio de que después no volvió a hacerse fuego en este lugar. En estos grafitti hay toscos muñecos que, aunque simplificados en su representación, nos informan de vestidos de la época, y numerosos peines de contabilidad, simple recurso muy generalizado, pero que constituye un dato verdaderamente interesante. Puede ser indicio de que en algún momento se usó como granero, lo cual es muy probable, dada la garantía de protección que ofrecía la construcción y el aislamiento de la humedad que proporcionaba la madera del suelo. De las dos fechas inscritas, 1621 y 1716, la primera es evidencia de que la torre ya existía en aquel momento y que, con posterioridad a esta fecha no se hizo fuego en ella, lo que equivale a decir que nunca fue necesario recluirse en ella por razones de protección.
La torre, a pesar del anacronismo de las soluciones constructivas y de su concepción defensiva al estilo de la Edad Media, no debió de construirse con anterioridad a la segunda mitad del siglo XVI. Como queda dicho, con posterioridad a la primera de las fechas había sido construida la ampliación de la casa que, aunque abandonada y en ruina, todavía se conserva.
La torre quedó incorporada a la nueva construcción quizá como recurso último en caso de eventualidad. Que el temor era constante lo pone de manifiesto la protección que se dio a la puerta principal de la nueva casa. Sobre esta puerta, tal como se hacía en los castillos medievales, se colocó un matacán, una especie de balconcillo de piedra, sin suelo, porque su finalidad era poder arrojar desde él lo que estuviera al alcance en caso de que alguien, sin estar autorizado, pretendiera acceder a la casa por la puerta.
La nueva casa fue construcción cuidada de acuerdo con los austeros gustos de la época y los recursos entonces disponibles.
Los entramados de maderos que soportan las plantas superiores se ornamentaban con boceles muy trabajados, es decir, se sustituyeron las aristas por molduras. Particularmente cuidados son los maderos del techo de la primera planta, los correspondientes a la sala principal, la de fachada.
En la última ampliación se añadió el pozo junto a la entrada. O quizá, simplemente, se cubrió el ya existente. En la ventana hay una inscripción: VILLACAMPA COMISario 91.
Esta construcción, aunque parece una más, y una más de las irremediablemente condenadas a la ruina, ofrece mucho interés para estudiar las casas torreadas, y consecuentemente, bien se puede pedir también para ella como para tantas construcciones del Patrimonio Arquitectónico, un mantenimiento adecuado no alterando las numerosas huellas. Hablar de huellas supone, en este caso, respetar los grafitti.
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