Un día de boda en Casbas

El protagonista de esta historia es un hijo del lugar de Susín, un pueblo que en 1os finales del siglo XVIII, a tres años de que se iniciara la Revolución Francesa, estaba compuesto por tres casas que centraban la vida del lugar en torno a una iglesia dedicada a Santa Eulalia y en la que se conservaban vestigios de su pasado mozárabe inmersos en un templo edificado en el siglo XII dentro de las modas del estilo románico que impusieron las gentes que estaban construyendo el reino aragonés. Los pobladores estaban orgullosos de su templo y por ello construían en este siglo XVIII la nueva torre que levantaron sobre la ampliación que habían hecho no destruyendo nada de lo que quedaba del centenario templo.

En este Corregimiento de Jaca estaba también el lugar de Casbas, un enclave al que acabaría unido el de Susín en el año 1845. El actual Casbas de Jaca, que hasta 1834 era conocido solamente como Casbas, estaba en aquellos momentos centrado en el entorno poblacional de la iglesi a dedicada a Santiago apóstol y estaba ordenado así un conjunto de siete casas en las que habitaban el medio centenar de gentes que poblaban este lugar. En el campo de la gestión territorial Casbas acabaría englobando en 1845 a Satué y a Susín, como ya indicamos antes. Pero esta dependencia que llegó en lo administrativo años después, al acabar el siglo XVIII ya estaba planteada en lo que respecta a lo eclesiástico.

Casbas era un enclave que tenía una serie de iglesias anexas, en las que estaba la de Susín, y que eran atendidas por el propio clero que vivía en el lugar de Casbas. Por ello, en el año 1786 residía en Casbas de Jaca el clérigo don Jorge Orós, que era el presbítero encargado del culto en esta zona y que si residía en Casbas era nacido en el lugar de Susín, circunstancia que lo convertía en buen conocedor de lo que pasaba por esa zona pero que también lo involucraba excesivamente en todas las enemistades que existían entre las gentes y familias de la zona serrablesa que era escenario de su labor de cura de almas.

Pastoralmente atendía bien el citado clérigo las necesidades de los lugares de Susín y de Casbas, aunque era conocido por todos que el mosen tenía mal genio y que sus prontos eran famosos. Por ejemplo, nadie había olvidado cuando mosen Jorge Orós había acometido a bofetadas -pero a bofetada limpia en el sentido estricto del término- a la criada que le servía en su casa. Bofetadas que por cierto le ocasionaron recibir una buena reprimenda y amonestación del propio obispo de Jaca, puesto que el asunto llegó hasta la curia diocesana y fue objeto de proceso por el impacto negativo que provocó entre las gentes de esta redolada.

El año 1786 había sido buen año en las cosechas y al acabar julio el paisaje estaba encendido de espigas que los agricultores estaban ya terminando de recoger. Muchos de ellos ya las tenían a buen recaudo y los pueblos caminaban hacia los espacios festivos en los que -a través de las fiestas patronales- se celebraban los frutos del trabajo del año y se agradecía a Dios la seguridad del pan para los meses venideros. Era buen momento para celebrar bodas, sobre todo en el lugar de Casbas, que tenía la iglesia dedicada a Santiago.

El día 26 de julio de 1786, cuando el lugar festejaba al apóstol compostelano, el lugar de Casbas se apresuraba a celebrar bodas puesto que era una buena ocasión el entorno festivo que podía concentrar en el lugar a un buen número de amigos, parientes y conocidos . Y por supuesto estaba en aquel día y en aquel lugar el susodicho mosen Orós que iba a protagonizar la noticia del verano en estos parajes. Terminada la boda se vivía en las calles del lugar una cierta animación, animación que pervivía del día de antes en el que las gentes de Casbas habían llenado la iglesia para asistir a solemne celebración en honor de Santiago.

Y en las calles se detectó la presencia del clérigo provisto de una "escopeta montada que tenía en la mano". Con ella camina ba por el lugar pacíficamente hasta que se encontró con un vecino de Casbas llamado Pedro Escolano que comenzó hablando mal del matrimonio celebrado aquel día y con el que terminó enfrentado violentamente puesto que -como dice la denuncia del fiscal del tribunal eclesiástico- cogió la escopeta "y se la puso en acción de tirarle".

Terminado el incidente con Escolano, el cura siguió andando por las calles del pueblo y como dice el proceso "siguiendo con iguales expresiones y acciones por l as calles del mencionado lugar, ejecutando en igual forma malamente a muchas personas de él". Las cosas llegaban a mayores y ante esa situación la noticia provocó la intervención del alcalde regidor del lugar que sabemos "tuvo que salir al encuentro y quitarle la escopeta que llevaba". Y así lo hizo retirándole el arma, al parecer sin ningún impedimento por parte del clérigo "y la halló cargada y cebada", es decir, dispuesta para ser usada en cualquier momento.

La noticia congregó a todo s los que estaban en aquel enclave serrablés y en el lenguaje procesal se nos informa que "de todo lo cual y de otras circunstancias que ocurrieron agravantes quedaron pasmados y escandalizados los circunstantes que eran casi todos los habitadores del nominado Casbas". Todos ellos completaron el suceso recordando que "por estos u otros semejantes excesos ha sido amonestado y apercibido antecedentemente".

Atrás quedaba la ronda de bofetadas que le pegó a su criada y ahora todos rodeaban a l citado Pedro Escolano que contaba cómo le había amenazado, aunque seguro que no explicaba si había o no razones para ello. Mientras tanto el cura permanecía en custodia del alcalde que no sabía qué hacer con semejante acontecimiento. Eran las cargas del cargo.