Encuentros en Ainielle

Hace ya muchos años, allá por 1960, Ainielle fue deshabitado y vendido al Patrimonio Forestal del Estado. Unos marcharon antes, otros después, pero aún hubo uno, José de "o Rufo "ya mayor y viudo, que no quiso partir. Al fin, en 1971, sus familiares le convencieron para que dejase definitivamente la tierra que le vio nacer. Desde entonces Ainielle está vacío y en ruinas. Desde entonces Ainielle se ha ido desmoronando poco a poco, como tantos otros pueblos de estas montañas, has ta llegar a como lo vemos hoy.

En 1995, a iniciativas de Enrique Satué Oliván, comenzaron los encuentros anuales de los antiguos habitantes de Ainielle en que otrora fue su pueblo.

Los objetivos eran y siguen siendo:

  • el encuentro con las raíces
  • el encuentro entre las personas
  • el encuentro con los antepasados.

Ese mismo año se acordó la fecha del segundo sábado de septiembre como fija para el encuentro y se decidió qu e su periodicidad fuese anual.

Cada casa tiene un protagonismo especial en la fiesta. Así ha sido siempre en la vida de nuestros pueblos. Estas fueron y son las diez casas de Ainielle: O Rufo, Ambrosio, Usieto, Escartino, Juan, Botero, Franco, Pardo, Bergua y Juan Antonio.

A eso de las nueve de la mañana se abre la barrera de la pista de Oliván y la gente empieza a subir. Unos lo hacen andando, otros en todoterreno, los más dejan el coche a la altura del Km 7 y suben andando por el antiguo sendero, hoy día marcado con pintura y extraordinariamente limpio. Una vez arriba, ya se sabe, entre el almuerzo, tragos de vino y el gozo del reencuentro, las primeras horas de la mañana se pasan más que volando.

Alrededor de las doce celebramos la eucaristía. Como la iglesia está espaldada, se hace entre la pradera sita entre el templo y la escuela. Al final, se bendice torta y vino y tiene lugar el acto más entrañable de la jornada: el recuerdo y homenaje a los difuntos. Ca da casa toma una vela y, juntos, se dirigen al interior de la iglesia, se encienden y se dejan sobre el altar, a la vez que se reza un responso.

Y después de la misa, la mesa. Todos juntos, en una misma pradera, pero separados por familias o por casas (porque no hay un menú común) se come de alforja, pero en un ambiente de hermandad y fraternidad donde todos comparten lo que tienen y las botas corren de un grupo a otro sin parar. Después, si no hay baile, hay tertulia o sobremesa.

<
P>Como demostración de que Ainielle sigue vivo, o de que sus hijos son capaces de revitalizarlo, aunque sólo sea un día al año, se realiza una colecta para "Manos Unidas", la cual puede verse reflejada en la lista de parroquias y pueblos colaboradores con dicha entidad, publicada anualmente en "Iglesia de Jaca".

En 1995 acudió un centenar de personas, en 1996 hubo unos 120, en 1997, por diversas circunstancias, la mitad. La fiesta del "Encuentro Anual en Ainielle"es tá marcada, ha arraigado y tiene visos de continuar durante muchos años. No importa el número de personas que pueda acudir o no. Lo bonito y lo importante es el encuentro y mientras queden dos hijos o descendientes de Ainielle vivos y dispuestos a subir para juntarse y encontrarse en lo que otrora fue su pueblo, se subirá.

Estos encuentros nunca han estado cerrados. Pueden subir y, de hecho, sube gente que poco o nada tiene que ver con Ainielle. Simplemente son amantes de su tierra, de s us gentes y tradiciones, que no es poco.

Ya lo saben, si se animan, les esperamos en Ainielle el segundo sábado de septiembre.