Un liestrero son las heridas producidas por la paja y las espigas al meterse entre los dientes y en el paladar de los animales al comer.
Para sanarlos de ésta afección, que debía ser muy dolorosa, se hacía cocer durante 30 minutos, salvia, un hueso de tocino rancio y vinagre. Con un palo, en el que previamente se le había atado unas vueltas de tela en un extremo, se mojaba en el ungüento, pasándolo por las muelas y dientes, consiguiendo primero sacar la suciedad y después curar las yagas.
También se utilizaba vinagre y sal, para curar esta afección y el mal de boca.
Más al norte, en Sobrepuerto, se servían de un cuerno de sarrio para pinchar las bolsas de pus que producían los liestreros.
Las tiñas (procesionaria), también eran causantes de abundantes males sobre todo entre el ganado ovino. Se crían en los pinares en años secos.
A cabras y ovejas, al comer ramas de pino infectadas por éstas, les afectaba directamente, sobre todo a los ojos, pues se quedaban casi ciegas.
Para curarlas, era preciso coger paja de escobas, que nace cerca de los regueros y no tiene ñudos. Se media la distancia existente entre el ojo y la boca, y se cortaba dos trozos de paja de esa medida. Se abría la boca del animal, y se colocaban una en cada uno de los orificios existentes en el paladar, dejándolas allí hasta que se pudrían. Según el informante, esto es debido a que se les ciega un depósito que se llama glarimal.
Esta misma paja de escoba, se introducía por el pezón de ovejas y cabras, para que supurase, y así curarlas de la mamitis.
Para curar picaduras de culebra, en la Guarguera, el remedio era fácil. Había que ir a casa Manuel de Ordovés, o a casa Estaún de Abenilla, a pedir la piedra contra el Solimán. Se hacía hervir agua en una cazuela, y se ponía la piedra dentro. Luego se daba un vaso al bicho infectado. Este agua, se podía guardar en un recipiente de cristal durante varios años, sin que perdiese sus propiedades.
Según el informante, esta piedra la trajo un hombre que pasaba cada un determinado tiempo; andaba por ahí como uno que va de mendigo, llevando tan sólo una manta y un saco, ¿a lo mejor es que vendía algo? Cuando pasaba por los pueblos. siempre se quedaba en la misma casa, siendo casa Manuel quién lo recibía cuando pasaba por Ordovés. Le daban de comer y s'en iba. A éstos les dijo en una ocasión, que les traería un regalo que se acordarían de él toda su vida. A la siguiente vez que pasó por ahí les trajo la piedra. En cierta ocasión les pidieron la piedra contra el Solimán los de casa Estaún de Abenilla, quienes la rompieron para quedarse un trozo. Fue la última vez que dejaron la piedra.
En otros lugares, se hacía una incisión en forma de cruz donde había picado la serpiente. La profundidad del corte tenía que ser hasta que salía sangre, que es donde empieza la carne infectada. Luego se echaba sal para amerar la herida.
La sarna es una enfermedad, que afecta a todo tipo de ganado. En cabras y ovejas consiste en la caída del pelo, piel,... se consumen. En las vacas, salen granos y pupas por todo el cuerpo. Se producía porque no comían nada en todo el invierno.
Para prevenir esta enfermedad, al llegar la primavera, era necesario coger una culebra. Se le cortaba la cabeza y se colgaba en la ventana hasta que moría; diz que no moría hasta que se pone el sol. Se hacía hervir en una cazuela con agua y sal.
El liquido resultante, que tiene mucha grasa, se les da al ganado, un vaso a cada una.
Si la enfermedad ya se había propagado, había que deshacer azufre en aceite, y untar al animal hasta que sanase.
Uno de los achaques que más temor causaba entre éstos montañeses de antaño, era la marina. La primer cura que se debía hacer ante ésta herida infectada, era lavarla con abundante agua fresca. Después, se amasaba buro, y se emburaba al redor de la herida que es la zona donde estaba la inflamación, teniendo cuidado de que no cayese en la llaga. Cuando se secaba, se volvía a echar otra capa, sin quitar la anterior, y así sucesivamente cuatro veces al día. A la mañana siguiente, se limpiaba y se repetía el proceso, rebajándose la inflamación, a los siete u ocho días.
Dependiendo de dónde se encontrase la herida, supuraba sola o bastaba con apretar alrededor de ella. Pero si estaba en mal sitio, en las patas, cuello, etc., el humor se concentraba debajo de la lesión, teniendo que sajar la zona para que segregase, salía un caldo de color de flor de allaga. Se hacía hervir salvia, sal y vinagre, el líquido resultante se ponía en una geringuilla de goma, pera, con el que se lavaba la herida para que no se infectase.
Por esnagulladura se entendía, la dislocadura de la cadera, o de la espalda, producida en muchos casos por caídas, torceduras, etc. Si se rompía el nervio que pasa por la articulación, nada tenía que hacer la veterinaria popular, pues ya no podría apoyar más la pata, con lo que tenían que sacrificar el animal.
Sin embargo, si después de colocarla en su sitio, el animal la apoyaba, aunque fuese muy poco, era buen señal, pues no se había roto el tendón, sólo se hayaba inflamado.
En algunos pueblos de éste área, para reponer a la bestia de dicha dolencia, hacían o compraban, 50 gramos de esencia de espliego, 100 gramos de esencia de trementina, y lo mezclaban todo en una botella de un litro de alcohol de 96º. Untaban un trapo en la mezcla resultante, haciendo esfriegas en la zona afectada, una vez al día y durante una novena, dejando al animal en cuestión que descansara en la cuadra.
Durante los nueve días siguientes no se le debía poner nada, sólamente, limpiarle la franja lesionada, para después seguir con otra novena de esfriegas, con lo que ya podía apoyar la pata.
En otros lugares los emburaban, utilizando una masa de pez y lana, cambiándola cuando se secaba, hasta que se curaba.
La rínchadura era la acumulación de gases en el estómago de los animales. Muchos y variados eran los remedios utilizados por la veterinaria popular para tratar este mal. Lo más generalizado era hacerlos correr hasta que soltaban aires.
También se solía pinchar con un punzón o media navaja a cuatro dedos de la hijada. En algunos lugares, se preparaba un brebaje compuesto por un litro de leche y la pólvora que cabe en un cartucho.
En el valle del Basa, mojaban a las ovejas rinchadas y les ponían una mordaza de mimbre que pasara por la boca y diera vuelta a la cabeza, con el fin de que tuviese siempre la boca abierta y pudiese expulsar mejor el aire. También les ponían una manguera por la boca que fuese a parar al estómago. Según el informante morían muchas ovejas que eran tratadas con este remedio, y no porque no pudieran soltar los aires, sino porque no podían respirar.
Un macho atorzanao, era un macho con mal de tripa. En éste caso, para curarlo, se recurría a un remedio mágico, que, como es de suponer. no siempre surtiría efecto; se le restregaba por la tripa una vara de cardonera.
El muerbo, se caracterizaba principalmente, por el abultamiento de las anginas. Varios eran los remedios para curarlos. En algunos pueblos, les ponían aguarrás en el cuello. Después cogían flor de sabuco seca y la echaban en un brasero con abundante brasa. Sale un humo como el incienso. Se coloca el trapo sobre el brasero, con el fin de que se caliente bien y coja la esencia del sabuco. Acto seguido, se ataba al cuello del animal.
También hacían uso del ramo de San Juan. Con todas las plantas medicinales recogidas aquella noche; espliego, ruda, malvavisco, menta, etc., y sobre todo sabuco hacían un pequeño ramo que echaban en un brasero. Preparaban un trapo que ponían a calentar en las brasas, colocandolo cuando se había calentado en la zona afectada. haciendo a la vez que el animal enfermo, inhalara el humo de las plantas quemadas.
Para concluir, veremos dos enfermedades que se propagaban exclusivamente entre las ovejas, y que causaban muchas bajas entre éste tipo de ganado. La primera era la modorrera. Esta enfermedad, se daba sólo en las ovejas, y se producía al comer hierba donde había orinado un perro, o por un golpe en la cabeza. Una parte de los sesos se les hacía agua, y se volvían majaretas. La tradición popular dice que daban vueltas hacia el lado que tenían el cerebro dañado. En el valle del Basa les ataban un trapo rojo, de forma redonda, untado con pez para que se pegase a la cabeza. hasta que se veía que se les iba la locura. En la mayoría de los casos las mataban, pues servían para comer.
La segunda era la basquilla, afectaba al bazo del ganado, y se originaba por comer ababoles mojados. Los síntomas que delataban la enfermedad eran, temblores, movimiento continuado de las orejas y sangre en la orina. Si la enfermedad se cogía a tiempo, bastaba con cambiar el tipo de hierba; si era basta, había que suministrarle hierba fina y vicebersa. También era aconsejable cambiar de aguas. Si la enfermedad se encontraba en un estado avanzado, lentamente, iban bajando la cabeza con la intención de comer tierra, cayendo posteriormente al suelo. En la mayoría de éstos casos, eran sacrificadas, pues aseguran que la carne era incluso mejor.
Para algunos informantes, ésta enfermedad, que se manifestaba normalmente en primavera, al comer mucha hierba, se producía porque les revenía la sangre, es decir, que producían mucha cantidad. También para sanarlas, las hacían sangrar por una oreja, o les cortaban una pequeña vena que pasa por debajo del ojo, o se les ponía un palo por la nariz hasta que sangraban.