La aldea de Susín se levanta a 1.065 m. de altitud en un altiplano lleno de verdor, sito al comienzo del valle que conforma el barranco de Oliván, tributario del Gállego por la izquierda.
Se accede por la pista general del valle y el consiguiente desvío señalizado. Desde Oliván son 4 km., aptos para cualquier tipo de vehículos, si bien no conviene descuidar las precauciones a tener en cuenta en este tipo de vías. Si se va en automóvil habrá que tener en cuenta la existencia de una barrera al principio de la pista, en el puente del barranco. Las llaves pueden obtenerse en Oliván o en el Ayuntamiento de Biescas. Si se va andando, resulta mucho más corto subir por la antigua senda, señalizada con las marcas de pintura de la GR-16 (PR-3), pudiéndose realizar el trayecto Oliván-Susín en 30-40 minutos.
Su población siempre ha sido exigua. Todos los censos de que disponemos, desde finales del siglo XV hasta nuestros días, dan una demografía oscilante entre dos y tres casas. Quizás el más elocuente es Madoz que, para 1845, da una población de "3 casas, 5 vecinos y 31 almas". Los nombres de sus casas son Canales, Mallau y Ramón, siendo estas dos últimas las únicas que subsisten en pie y en régimen de habitación temporal por parte de sus propietarios.
En 1834 formó Ayuntamiento propio, para unirse en 1845 a Casbas de Jaca y posteriormente a Oliván. En la actualidad forma parte del Ayuntamiento de Biescas.
La iglesia parroquial de Santa Eulalia, a todas luces, es el edificio más emblemático de Susín. Sita en el extremo Norte del pueblo, cuando menos, es un edificio híbrido entre el primitivo templo medieval y las obras acometidas en el siglo XVIII.
Del edificio medieval (para unos mozárabe de la segunda mitad del siglo X y para otros románico-larredense levantado entre 1060 y 1070) quedan el ábside de baquetones y arcuaciones ciegas con lesenas y el presbiterio, amén de una preciosa ventanita ajimezada, orgullo del templo y emblema de un territorio. Poseyó pinturas murales, ejecutadas en torno a 1100 y que hoy se encuentran en el Museo Diocesano de Jaca.
Las obras del siglo XVIII, quizás llevadas a cabo por ruina de la anterior fábrica, invirtieron la orientación del templo. A los pies colocaron, a modo de capilla, el nuevo altar y en el viejo ábside (¡menos mal que fue respetado por la piqueta!), emplazaron la actual torre-campanario.
Al exterior del ábside es posible ver unos cuantos sillares labrados con trazas diversas. Hay quien opina que provienen de un anterior templo visigodo o, cuando menos, de tradición visigótica, otros entre los cuales se encuentra el que esto escribe, piensan que fueron ejecutados bien a la par, bien con posterioridad a la erección del templo.
Susín, aunque figura como despoblado, nunca ha estado abandonado. Sus propietarios siempre lo han atendido lo mejor que han sabido y podido. Además de la explotación ovina, que obliga a desplazarse todos los días, durante los fines dc semana y vacaciones siempre hay gente.
Desde hace algún tiempo y a iniciativa de Angelines Villacampa Villacampa -de casa Mallau- diversos campos de trabajo y grupos de voluntarios dedican parte de su tiempo de ocio a la rehabilitación del entorno (caminos, paredes, campos, huertos, limpieza de bosques...) y de algunos edificios del pueblo entre los que hay que destacar la ermita de Nuestra Señora de las Eras, objeto del presente trabajo.
La ermita de Nuestra Señora de las Eras se encuentra a unos 200 m del pueblo en dirección Norte. Su advocación le viene por la ubicación, junto a unos campos y eras donde antaño realizaban la trilla y el aventado de la mies.
En la diócesis de Jaca existen otras dos advocaciones marianas homónimas, una en el cercano Cortíllas y otra en Berdún, a más de 50 km. de distancia.
El templo es un edificio de dimensiones reducidas (9,50 x 4,70 m) y sin un estilo definido.
Orientado hacia Saliente, consta de nave y presbiterio, ambos perfectamente diferenciados al exterior por la techumbre. Se accede por Mediodía a través de una puerta adintelada de la que luego hablaremos. Por esta fachada, dos reducidos vanos iluminan tenuemente el interior. La nave cubre con estructura de madera, el presbiterio con bóveda de medio cañón. A los pies del edificio pueden verse los restos de un coro bajo.
El cabecero de la puerta, además del falso arco labrado en él, que le confiere un aspecto enormemente dinámico, muestra tres signos labrados a puntero dignos de tener en cuenta: una pata de oca en el medio, una cruz de doble travesaño a su derecha y otra de triple a su izquierda.
La pata de oca es un signo iniciático, hermético y de peregrinación. Medio crismón, la pata de oca, a la puerta de una iglesia está colocada para llamar la atención de lo que allí hay, sucede o comienza.
La cruz de doble travesañ o es la cruz patriarcal, la de triple corresponde sólo al Papa. Ambas cruces, lo mismo la simple de un travesaño, es fácil verlas en los báculos de peregrinos de diversas clases, entre los que destacaría por inmediatez geográfica, los Romeros de Santa Orosia.
A la luz de la simbología y viendo la ubicación de Nuestra Señora de las Eras, a la entrada del valle que conduce a Sobrepuerto, no me extrañaría que fuese tomada como Zoque, como inicio de una peregrinación o marcha interior, primero pagana (por lo de la pata de oca) hacia Oturia, la Montaña Sagrada del contorno, y luego cristiana (por lo de las cruces) hacia el santuario del Puerto de Santa Orosia, continuador de dicha tradicion.
Aunque carecemos de datos objetivos para aseverarlo, el edificio parece que sigue las directrices de las ermitas populares levantadas durante el siglo XVII. No hay restos anteriores a la actual fábrica ni en ésta se aprecian restos constructivos pretéritos. No obstante, en el ambiente flota impresión de un culto más antiguo que lo que la arquitectura desvela.
En fecha más o menos indeterminada, pues, fue levantado el actual edificio, cayendo poco después en ruina y desuso. Arruinado, que se sepa, desde varias generaciones, en 1887, la voluntad y el peculio de varios devotos, así como los fondos del culto de Susín, logró restaurar el edificio. Así, en palabras de Leante, "fueron levantados 1 m los muros, para facilitar la cubierta del cielo raso, de cuyo ornato carecía antes la obra; y a la vez se decoró el presbiterio y su único altar". Aún subsisten restos de las pinturas efectuadas durante estas obras.
Leante también nos refiere que hay un 'antiquísimo retablo pintado, conservándose en muy buen estado. La imagen de la virgen en talla en madera, se alza sobre un pedestal colocado en el centro del retablo y mide 46 cm. de altura".
Una vez acabadas las obras de restauración, se reconcilió la iglesia y fue de nuevo abierta al culto el 8 de septiembre del mismo 1887, "con gran solemnidad y extraordinario concurso de fieles procedentes de todos los pueblos limítrofes".
La fiesta fue grande, solemne y sentida. "La función dió principio con una procesión general, cantando el Ave Maris Stella y terminando con el Magnificat. Se celebró a continuación el Santo Sacrificio de la Misa, panegirizando en ella las grandezas de Virgen y aplaudiendo piedad de cuantos espontáneamente habían contribuido a la realización de las obras. Los fieles, allí presentes, derramaron abundantes lágrimas de ternura y satisfacción ...., Este templo fue enriquecido con un precioso Vía Crucis..... de bonitas láminas colocadas en cuadros... Erigió este Vía Crucis el actual cura párroco D. Joaquín Blanc...".
Nos dice Leante que este santuario carece de fecha concreta para celebrar la fiesta, pero que los devotos acudían a él el sábado y domingo de la última semana de mayo, donde escuchaban la Santísima Misa. También sabemos que acudían otras veces durante el año, especialmente en algunas fiestas marianas, como el 15 de agosto, la Asunción de la Virgen, fiesta también de Susín. No dejaban de acudir con motivo de calamidades públicas y grandes sequías.
Resulta simpático y entrañable que en aquel entonces (1889), el propio Leante aconseje, a los de Susín la implantación de la fiesta de Nuestra Señora de las Eras el 8 de septiembre, la Natividad de la Virgen y aniversario de su reapertura al culto, así como la erección de una cofradía para mantener la devoción y sostener los gastos del culto y de conservación del edificio.
Pero he aquí las cosas, pocas décadas más tarde, entre julio de 1936 y el mismo mes de l937, la Virgen de las Eras, como tantos otros templos del contorno, sufrió los consabidos efectos del fanatismo y la barbarie que asolaron España durante aquellos años. El edificio no fue destruido pues se utilizó como cuadra, pero sí que desaparecieron la imagen, el retablo, el Vía Crucis y los objetos del culto. No sabemos si fueron quemados, despedazados, despeñados o símplemente expoliados, pero desaparecieron para siempre. En la cabecera, desmontaron el altar y construyeron una pesebrera, la cual en julio de 1996 todavía podía verse.
Más de cincuenta años ha servido el secular edificio como establo para caballerías y corral de ovejas, sin otro recuerdo sacro que el saber que "allí estuvo la Virgen".
Ahora, por fin, parece que de manos e iniciativa de Angelines Villacampa llegó el momento de la segunda rehabilitación de la Virgen de las Eras. Hasta el presente se han realizado los siguientes trabajos:
En un futuro cercano se piensa:
Enseguida, pues, se podrá reinaugurar el templo. Me consta que en Oliván están dispuestos a subir de romería, o digamos ya los de Susín. Como en mayo hay muchas romerías, y para la Virgen de agosto muchas fiestas, acomodándonos a los nuevos tiempos, ¿por qué no fijar la fecha profetizada por Leante, el 8 de septiembre, para celebrar la Virgen de las Eras de Susín? Está claro que, tal como se funciona hoy en día, habría que trasladarla al sábado o al domingo más próximos a esta fecha.
Nota:
Las citas referidas de Leante pueden encontrarse en: LEANTE, Rafael: "Culto de María en la diócesis de Jaca", Lérida, 1889, pp. 405-408.